En el calendario de 1980, noviembre marca dos hitos fundamentales. Primero, se realizó, dentro del marco de la OEA, el análisis del informe que la CIDH preparó sobre la base de la visita realizada el año anterior a la Argentina. Previamente, en la Cancillería argentina se había librado un fuerte debate: si el informe era condenatorio al gobierno militar, la Argentina retiraría su apoyo a la OEA. Esta tesis la encabezaban el embajador Ros y el experto en los organismos internacionales en Ginebra, Gabriel Martínez. El embajadorargentino en la OEA, Raúl Quijano, en esos meses viajó a Buenos Aires con un proyecto de respuesta a lo que iba a ser el informe de la Comisión, pero fue descartado por "moderado" y reemplazado por otro más duro que preparó el jurista Julio Oyhanarte con oficiales de las tres armas.
El presidente Roberto Eduardo Viola en momentos de entrar en la Casa Rosada. Cuando llegó Oscar Camilión a la Cancillería, Juan Pablo II ya había dado las conclusiones de su Mediación. Las mismas no fueron aceptadas por la Argentina hasta que gobernó Raúl Alfonsín. Reagan: el presidente norteamericano permaneció 8 años en el poder. Martínez de Hoz: el ex ministro de Economía no pudo dejar un sucesor.
CUANDO QUIJANO LE GANO A ROS
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La tarea de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, finalmente, fue resumida en 15 recomendaciones. Ellas sostienen que con respecto a las muertes imputadas al gobierno se deben abrir las investigaciones correspondientes". Se recomienda, asimismo, " considerar la posibilidad de derogar el estado de sitio", "otorgar el derecho de opción para salir del país a los detenidos a disposición del Poder Ejecutivo", "investigar a fondo las denuncias" sobre tortura, y "asegurar a las personas sometidas a juicio ante los tribunales militares las garantías del debido proceso". El punto 13 recomendaba, "en lo que respecta a los derechos políticos, dar los pasos necesarios orientados al restablecimiento de la actividad y participación de los partidos políticos en la vida pública de la nación, así como garantizar los derechos políticos de los ciudadanos". En la página 148 del documento original de la CIDH, ésta sostiene que "no está en condiciones de dar una cifra exacta del número de desaparecidos en la Argentina". Sin embargo, da el número de 5.818 (durante el período comprendido entre el 7 de enero de 1975 y el 30 de mayo de 1979), después de haber consultado a las más importantes organizaciones de promoción de los derechos humanos (por ejemplo: Asamblea Permanente de los DD.HH., Liga Argentina por los Derechos del Hombre, Comisión de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, Movimiento Ecuménico, etc.).
En el frente interno del Palacio San Martín, el largo proceso de negociaciones, observaciones y críticas al informe entre el gobierno argentino y la comisión de la OEA fue calificado como un gran éxito del embajador Raúl Quijano y una gran derrota para Enrique Ros:
"La 'victoria' en la OEA ha dado pie a distintas negociaciones y resoluciones. Dos son para mí muy significativas. Con México se habría acordado otorgar el salvoconducto para salir del país en los próximos meses al hijo de Cámpora. Juan Manuel Abal Medina deberá esperar tiempos mejores para salir. En dicha negociación participó, entre otros, su ex colaborador Fernando Petrella, quien viajó en 'secreto' (no hay secretos en Washington) para entrevistarse con el canciller Castañeda, del que es amigo desde los tiempos en las Naciones Unidas. Con Barbados, se resolvió dejar sin efecto la apertura de la embajada por orden expresa del canciller Pastor, debido a la pertinaz oposición a la postura de la Argentina en la OEA."
"Con la delegación de los EE.UU., las negociaciones fueron duras y arduas (se llegó a las amenazas, cuando el miércoles 26 de noviembre a la noche, Ros aconsejó al canciller Pastor retirarse de la OEA, actitud que hubieran seguido otros países del Cono Sur). A tanto llegó la presiónque el propio canciller argentino lo amenazóa Alejandro Orfila con quitarle 'la confianza' (no sabía que Orfila no dependía de él). En materia de derechos humanos, ambos pretendían salvar algo. Unos las banderas (los americanos), los otros la ropa (el gobierno argentino). Los diarios argentinos vieron la negociación como si fuera un partido de fútbol; Pastor también. En la madrugada del 27, una vez que Pastor alcanzó la resolución que pretendía, con lágrimas en los ojos felicitó a la delegación y luego le pidió disculpas y abrazó a Quijano en público."
"Ahora que se habla del futuro gabinete de Viola, para el caso de que sea designado un diplomático, el cargo es disputado por dos embajadores: Raúl Quijano y Enrique Ros. Raúl tiene la contra de haber sido el último canciller de 'Isabel'Perón y Enrique es poco conocido en el exterior. Según mis informaciones, Carlos Ortiz de Rozas no aspira a la conducción del Palacio San Martín. Sobre la situación económica mejor ni hablar. Massera sostiene que la situación será explosiva en noviembre de 1981, y que Viola se verá en la obligación de convocar a elecciones. No creo que todo sea de esta manera, pero pienso que puede hacer tambalear todo el Proceso. Juan José Taccone estuvo comiendo en mi casa días pasados. Analizaba el momento de la siguiente manera: 'Ningún gobierno desde 1955 hasta la fecha tuvo el coraje de revertir a la Argentina hasta 1942; por lo tanto, ahora deberemos pasar nuevamente por un 1943. Usted, mejor que yo, sabe que los procesos históricos no son lineales, pero también sospecha que el Ejército siempre busca el «coronel» que lo salve. Más ahora que hay muchas cosas que olvidar." 79
La respuesta del gobierno militar al informe de la CIDH fue presentada a la OEA el 28 de abril de 1980. Es un trabajo de 170 páginas con un anexo, en el que se detallaban 1.025 casos de civiles y militares muertos y heridos por el terrorismo de izquierda. Desde Augusto Timoteo Vandor (junio de 1969) hasta Francisco Soldati ( asesinado por Montoneros en 1979).
EL TRIUNFO DE RONALD REAGAN
El segundo hecho importante se produjo el 4 de noviembre: fue la victoria del candidato republicano Ronald Reagan en las elecciones presidenciales de EE.UU. Hubo júbilo en muchas capitales del continente latinoamericano. Por ejemplo, en Buenos Aires, Montevideo, Santiago de Chile, Asunción, La Paz y El Salvador. También en varias capitales europeas.
"En estos momentos todo un andamiaje falso, ese famoso de los 'derechos humanos', de los premios Nobel digitados para inmiscuirse en casa ajena, de la hipócrita invocación a la paz, cae estrepitosamente", declaró al borde de la euforia un tal "Cecilio Jack Viera", un analista de la agencia oficial "Télam". "En lo que cuenta para el gobierno militar argentino -editorializó 'La Nación'-, el hecho de que los republicanos vayan a tomar las riendas de Washington en enero parece traer la promesa de una mayor comprensión de los norteamericanos con referencia al fenómeno subversivo, a su represión y a las huellas que esto ha dejado en la Argentina." Para "Clarín", "el nuevo presidente (Reagan), nada dispuesto a cometer gazapos, como fueron la prédica de los derechos humanos o las actitudes hamletianas en la relación bipolar con Moscú, o la confusión entre los intereses del pueblo norteamericano en su conjunto y las ideologías de las transnacionales, tendrá ante sí, a partir del 20 de enero, un amplio campo de negociación". 80 El mismo 4 de noviembre presentó sus cartas credenciales al presidente Videla el nuevo embajador americano, Harry Schlaudeman, un diplomático de carrera, del que se esperaba se moviera con profesionalismo.
La última presencia argentina importante en Washington fue la del jefe de la Armada, Armando Lambruschini. Entre sus actividades más importantes, inauguró la nueva sede de la Armada en la capital norteamericana y asistió a una recepción para 350 personas que le ofreció el empresario nicaragüense Francisco "Pancho" Aguirre en el Congressional Club. También le ofreció una cena el embajador Jorge Aja Espil. En los cuatro días que duró su visita mantuvo innumerables reuniones con jefes navales de los EE.UU., todas relatadas con prolijidad por el periodista de United Press International Ary Moleon, en un largo cable del 2 de diciembre de 1980. Lo que no contó Moleon fue que en esos días "mantuvo una larga conversación con un miembro del equipo económico de Martínez de Hoz, quien le aseguró que si persistía este clima de indefinición en cuanto a la línea económica que adoptaría el gobierno de Viola, la Argentina debía estar dispuesta a perder alrededor de 1.000 millones de dólares de sus reservas que se están marchando, a razón de 30 a 40 millones diarios".
Después de su gira en Washington, el almirante-Lambruschini partió para Alemania Occidental con el fin de presenciar la botadura del primero de dos submarinos construidos para la Armada argentina en los astilleros Thyessen. Durante los cuatro días en suelo alemán, Lambruschini se entrevistó con el canciller de Alemania. Al final del encuentro, el gobierno alemán emitió un comunicado oficial donde se relata que se le plantearon temas relacionados con los derechos humanos y en el que no existieron coincidencias. El trato no fue cordial y la cuestión asumió su gravedad porque el alto jefe naval tiene rango de jefe de Estado. Este hecho debe haber caído en Buenos Aires como balde de agua helada, luego de las declaraciones del canciller Pastor al llegar de la reunión de la OEA: "Para la Argentina esto (los derechos humanos) está terminado, lacrado, sellado y archivado". Los acontecimientos demuestran que no es así. El tema se agrava aun más si se tiene en cuenta que nuestro país le está comprando a Alemania armamentos por varios millones de dólares (submarinos y fragatas). Pensar que los ingleses perdieron de vender, además de sus calidades técnicas, porque el gobierno laborista de entonces presionaba por los derechos humanos". El 8 de diciembre, cerca de las 23, el mundo por unos instantes dejó de latir: cuando estaba entrando a su departamento, en el Edificio Dakota, fue asesinado John Lennon, el alma de los "Fab Four".
El año 1980 se fue con otra cuestión externa sin resolver. El 12 de diciembre, en el Vaticano, Juan Pablo II entregó a los cancilleres de la Argentina y Chile sus propuestas de mediación. Sentado en su trono, Su Santidad leyó un mensaje a los ministros Carlos Washington Pastor y René Rojas Galdames: "Me gustaría que durante esta fiesta de Navidad, Año Nuevo y Epifanía del Señor, que los cristianos estamos invadidos por el gozo de la celebración litúrgica del Misterio de 'Dios con nosotros', pudiera madurar el fruto de vuestras respuestas". La respuesta definitiva de la Argentina sólo llegó cuatro años más tarde con Raúl Ricardo Alfonsín.
EL PLAN DE NICHOLAS RIDLEY. MARTINEZ DE HOZ EN LONDRES
Los 1.813 habitantes de las islas Malvinas, durante 1980, se agitaron por un plan que nació en el mismo Londres y que pretendía poner fin al diferendo de soberanía en las Malvinas. El Foreign Office lo llevó adelante a través de su subsecretario de Asuntos Latinoamericanos, Nicholas Ridley. Para eso hizo dos visitas a las islas y después mantuvo conversaciones con funcionarios argentinos. Se lo llamó la solución del "lease back": Inglaterra aceptaba la soberanía de la Argentina y en un tiempo determinado transferiría la administración y la explotación de los recursos. La transferencia sólo se haría en un plazo no menor de 50 años. Un mecanismo similar al que Gran Bretaña había establecido para Honk Kong y que fue firmado por 99 años. Las otras dos propuestas eran negociar con el gobierno argentino el condominio o administración conjunta de las islas o, de lo contrario, congelar las negociaciones por un tiempo, no definido. El consejo de las islas en abril rechazó la idea del "lease back" e intentó suspender los encuentros para tratar la soberanía. Pero Ridley volvió a insistir y viajó a Puerto Stanley nuevamente.
Entre el 22 y el 29 de noviembre, ante unas trescientas personas reunidas en el Town Hall, el subsecretario de Asuntos Latinoamericanos habló de cuatro alternativas: 1) La fórmula de arrendamiento; 2) aceptar todas las demandas argentinas y transferir la soberanía; 3) congelar por 25 años la cuestión de la soberanía, y 4) rechazar de plano cualquier cuestión de soberanía. 81 Nicholas Ridley admitió que la primera opción era la preferida de la primera ministra. En su áspero diálogo con los isleños, el funcionario deslizó una advertencia: que no se podía descartar que "la Argentina, cansada, pudiera intentar una solución militar". Les dice, además, que Gran Bretaña no podrá asumir la defensa de las islas. Los kelpers al escuchar hablar de "leasing" reaccionaronviolentamente y Ridley fue despedido con carteles insultantes en Puerto Stanley. A su vez, los isleños y los sectores más conservadores hicieron oír sus opiniones de rechazo en la prensa y en el Parlamento. En ese clima, el 2 de diciembre Ridley se presentó a informar ante los Comunes. Sufrió agresiones similares a las que ya había recibido en Puerto Stanley. El vizconde Cranborne llegó a decir que induciría a los isleños a pensar que "no contaban con el apoyo que se merecían de la madre patria". Los observadores no dejaron de tener en cuenta que el gobierno británico tenía una fisura, ya que había importantes sectores que consideraban que la cuestión de la soberanía, al fin de cuentas, debía tratarse. Ante la presión del lobby de las islas, el gobierno británico, dos semanas más tarde, intentó iniciar un proceso licitatorio para explorar petróleo offshore en el Atlántico Sur, lo que generó un nuevo intercambio de protestas diplomáticas.
En junio, José Alfredo Martínez de Hoz dijo en Londres que sería conveniente para ambos países la elaboración de planes conjuntos en explotación petrolera y pesca, en el área de Malvinas, al mismo tiempo que se va conversando de soberanía. El ministro de Economía entendía su proyecto como un ensayo de aproximación, pero los mandos de las FF.AA. insistían con la soberanía, antes de cualquier proyecto común. En sus comentarios íntimos, Martínez de Hoz solía decir que una forma de solucionar el largo diferendo era realizar tareas mancomunadas con los británicos. Nicholas Ridley entendió que "no es posible explorar las fuentes de pesca o petróleo a raíz de la fuerte disputa con la Argentina"82. La ecuación en esa época era muy simple: "
Entre el 50% de algo o nada, prefiero el 50%. Pero los militares, cuando se sentaban a negociar, antes que nada, preguntaban por la soberanía y ahí los ingleses se iban"83. Esa visita a la capital del Reino Unido fue casi presidencial. Estuvo con los más importantes funcionarios del gobierno. Margaret Thatcher, Lord Carrington, el presidentedel Banco de Inglaterra y el secretario de Agricultura. Con Margaret Thatcher no habló de Malvinas para no despertar los celos del canciller Carlos Washington Pastor. La primera ministra hacía semanas que estaba en el gobierno y quería conocer la experiencia argentina. Lo dejó explicar y al finalizar le preguntó: "Si usted tuviera que darme un consejo, cuál sería?"
Martínez de Hoz pensó un segundo y le dijo que "mientras mantenga su mentalidad abierta, escuche y escuche. Luego, cuando esté segura, 'stick your guns' (no vaya a aflojar)". Margaret Thatcher se incorporó de pronto llevándose la mesa ratona que los separaba y afirmó: "¡You bet i will! (¡por supuesto!)".
También estuvo con el secretario del Foreign Office y el subsecretario Nicholas Ridley. Hubo una suerte de ping pong entre los dos sobre diferentes alternativas. El "lease back" fue la más analizada. Durante la conversación, uno de los funcionarios presentes dijo que la Argentina y el Reino Unido sólo estaban separados por el "3 F": "Falklands, Football and Foot and mouth". Es decir, las Malvinas, el fútbol y la aftosa.
El 1 de enero de 1981, la gestión de Jorge Rafael Videla entraba en sus últimos tres meses. Lo importante para los observadores de aquellos tiempos era saber quiénes eran los hombres de consulta del próximo presidente de la Nación, teniente general Roberto Eduardo Viola, y cómo habían quedado conformadas las cúpulas de las Fuerzas Armadas. A diferencia de estos años, la designación de tal o cual general al frente de un cuerpo de Ejército o una brigada, era tan importante porque manifestaba la dirección del gobierno y porque, además, las cúpulas conformaban con su participación en las reuniones de mandos verdaderos cuerpos colegiados. Hablaban y decidían sobre todo. Asimismo, la conformación de esos mandos pasaba a convertirse en un termómetro del apoyo al mandatario de turno. Esa fue la enseñanza que dejó el período de Jorge Rafael Videla. ¿Por qué no habría de repetirse ahora lo mismo?
El Ejército, desde meses antes estaba comandado por Leopoldo Fortunato Galtieri, un general tropero, en cuyo trato personal escaseaban las sutilezas y amante del contacto directo con sus subordinados. A diferencia de sus antecesores, no era considerado un general de escritorio. El proceso que lo condujo al tope de su fuerza no fue corto ni fácil. Viola tuvo que desarrollar toda su astucia para dejar fuera del camino a otros candidatos, como Suárez Mason o Menéndez. Eligió a Galtieri porque era el que menos sombra le podía hacer. Y también metió el bisturí para dejar conformado un tejido de mandos que le permitiera comenzar su gestión presidencial sin sobresaltos.
Los cuerpos del Ejército quedaron comandados por los generales José Antonio Vaquero ( Estado Mayor General), Antonio Domingo Bussi (Cuerpo I), Juan Antonio Trimarco (Cuerpo II), Cristino Nicolaides (Cuerpo III) y José Rogelio Villarreal (Cuerpo V). Otros cargos, no menos importantes: Llamil Reston (de ministro de Trabajo pasa al Estado Mayor Conjunto), Luis Martella (del Colegio Militar, a la Secretaría General de la Presidencia), Reynaldo Bignone ( Institutos Militares) y Horacio Tomás Liendo (del Estado Mayor Conjunto pasaría a conducir la cartera de Interior). La famosa promoción 76 llegaba a la primera línea de la conducción, especialmente aquellos más afines a la "línea Videla-Viola". Un dato no menor para los tiempos que vendrán fue la designación del agregado militar en Washington. Esta cayó en el general Miguel Mallea Gil, uno de los oficiales más preparados y con mejores contactos en la capital de los Estados Unidos, por la simple razón de haber cursado en la academia militar de West Point. En su agenda estaba el general Edgard Meyer, jefe del estado mayor del ejército norteamericano. "Lo mandé a Estados Unidos aprovechando sus buenos contactos y antecedentes en ese país", dijo años más tarde el general Galtieri85. Por su residencia "W Street" desfilaría gran parte de los funcionarios de la administración Reagan.
Entre los que conformaban el círculo más próximo del futuro presidente estaban los generales retirados Urricarriet, Goyret, Pomar y Juan Pita. También los coroneles Lagomarsino, Peña, Lizarazu y Víctor Pino. Y entre los civiles se destacaban Lorenzo Sigaut, José Dagnino Pastore, Gerardo Schamis, Amadeo Frúgoli, Rafael Martínez Raymonda, Rosendo Fraga, Jorge Berardi, Hugo Lacónica, Enrique Olivera y Avelino Porto, en cuya universidad se reunía una suerte de "gabinete en las sombras". Nombres que, salvo excepciones muy puntuales, hoy dicen poco, pero en esa época, entre murmullos, manifestaban una alternativa totalmente distinta de la del equipo económico de José Alfredo Martínez de Hoz. Precisamente por eso, la pelea de fondo en esos tiempos previos a la asunción de Viola se dio sobre quién sería el ministro de Economía.
LA PELEA DE FONDO. LA ECONOMIA
Para Martínez de Hoz, el candidato debería ser Guillermo Walter Klein, y por esa razón, como "presentación en sociedad", Klein viajó a Washington en el agosto anterior, donde fue recibido por altos funcionarios del gobierno, organismos internacionales, la banca y parlamentarios. Fue una visita más para consumo argentino y a destiempo: Estados Unidos estaba en plena batalla electoral y los funcionarios de la administración Carter, al año siguiente, ya no estarían más. Con el transcurso de las semanas surgieron otros nombres. El de Luis García Martínez fue uno de ellos. Sin embargo, Lorenzo Sigaut seguía en la cercanía de Viola, a veces como simple candidato a dirigir una oficina de asesoramiento económico en la propia Casa Rosada. Salvando las grandes distancias de todo tipo, una suerte de Rogelio Frigerio de Arturo Frondizi.
Después de agosto siempre viene setiembre. Precisamente, el 18 de setiembre de 1980, en ocasión de una recepción que dio la Embajada de Chile para festejar su fecha patria, en el salón principal del edificio de la OEA, uno de los invitados, Samuel Eaton, el subsecretario de Asuntos Latinoamericanos del Departamento de Estado, comentó delante de algunos asistentes que "para ver los resultados positivos del plan de Martínez de Hoz deberían transcurrir entre 8 y 9 años". También observó que "no hay tiempo" para esa espera. El sábado 27 de setiembre llegó a Washington la delegación argentina, presidida por Martínez de Hoz, para participar en las reuniones anuales del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. En horas de ese mediodía se realizó un almuerzo en la residencia del embajador Jorge Aja Espil, en el 1815 de la calle Q, a escasos metros del Dupont Circle. Del almuerzo participaron los agregados militares Martínez Quiroga (Ejército), Bonino (Armada) y Barbuy (Fuerza Aérea). También Adolfo Diz, Alberto Solá y Christian Zimmerman. Durante todo el encuentro, Martínez de Hoz insistió en la continuidad de la estrategia económica, fijada el 2 de abril de 1976. En un momento llegó a sostener que "la suspensión del plan económico tan sólo un mes haría perder todos los resultados obtenidos a través de cinco años de sacrificios". "Mire ministro, a mí no me tiene que convencer porque yo, entre otros, lo designé -dijo el brigadier Barbuy-. Al que tiene que convencer es al resto del país." Luego le preguntó qué tipo de respuestas tenía en el plano político y no respondió. Cuando volvió a insistir, Martínez de Hoz le dijo: "No me apure; no se olvide que soy un ministro de largo plazo".
Otro de los asistentes le preguntó por qué no se había avanzado más rápido en el proceso de privatizaciones. El ministro respondió que "mi poder de convencimiento tiene un límite que es el que imponen las Fuerzas Armadas. A veces logro convencer, a veces no. Y en este caso no lo he logrado. Yo soy de la opinión de que teléfonos del Estado esté en manos privadas, lo mismo que otros servicios, pero yo tengo un límite". 86 El jueves 2 de octubre, Martínez de Hoz viajó a Nueva York y, entre otras actividades, asistió a un almuerzo que le ofreció el poderoso presidente del Chasse Manhattan Bank, David Rockefeller, al que asistieron 22 titulares de las empresas multinacionales más importantes. El viernes 3 llegó a Washington la postergada noticia de la designación de Viola para presidente de la Nación. Ese mediodía, en el restorán Tiberio, Christian Zimmerman, representante argentino en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), almorzó con el economista radical Bernardo Grinspun. El diálogo fue cordial y se llegó a la conclusión de que debían adoptarse "nuevas medidas para corregir gruesos errores". Lo que no sabía Zimmerman es que días antes Viola había comido con tres economistas del radicalismo. Según Grinspun, el presidente electo fue receptivo a las críticas que realizaron a la gestión de Martínez de Hoz y su diagnóstico no difería, en el fondo, del de los radicales.
Martínez de Hoz no pudo imponer su sucesor en el Ministerio de Economía, pero él y su equipo habrán de repetir hasta el cansancio que nunca como en esos años existió tanta inversión directa y nueva en la Argentina. Lo que no es poco en un país que en sus últimos diez años había tenido ocho presidentes. Es decir, la inestabilidad era la regla. El y su equipo, también, expondrán los descensos de los niveles de la desocupación-(2,2% en el período 1979-1980) y subocupación. Explicarán la caída abrupta del nivel de inflación en su último cuatrimestre. Dirán, asimismo, que faltó el tiempo del que habló Samuel Eaton, en Washington, o su amigo el pensador Jacques Perriaux (mencionaba "una generación"). A diferencia de otros gobiernos de facto de esos años, aquí no hubo una voz con mando. Existió un coro desafinado con intereses diferentes. Además, una vez que un interventor militar se aposentaba en la gerencia general de la empresa estatal, no quería abandonarla. El Estado se llenó de alcázares: el general Pomar en YCF, Suárez Mason en YPF, Urricarriet en Fabricaciones Militares, militares por todos lados, hasta en el directorio del Banco Central y los canales de televisión. Los proyectos demoraban meses, años. Aprobar la reforma al Código de Minería fue una batalla porque se oponía Fabricaciones Militares (que no contaba con capitales y mucho menos con maquinarias para producir y explotar). Se llegó a situaciones ridículas cuando se discutió la ley de Parques Nacionales. La rechazaba el Ejército (que en esa época comandaba la Gendarmería), porque no se podían dejar en manos de civiles zonas limítrofes. No hubo, ni había, ambiente interno para aceptar un proceso de modernización de la economía. Para las Fuerzas Armadas y los principales partidos políticos había zonas intocables porque hacían a "la seguridad nacional". Y tampoco hubo ambiente en el exterior. Una vez, un fuerte empresario extranjero pensó en voz alta ante un embajador que ofrecía negocios en la Argentina: "Yo le creo a usted, pero es parte de un gobierno provisional. ¿Pero qué va a pasar después, cuando el gobierno se vaya?". Era un diálogo de sordos. No hubo urgencia en la dirigencia ni en el equipo económico, y el gobierno al que pertenecían no sabía o no quiso hacerse entender. Hizo falta el colapso de fines de los años 80 para provocar una reacción. El gobierno militar ya estaba en descomposición.
LA ASUNCION DE RONALD REAGAN
El 12 de enero de 1981, en la residencia de Alejandro Orfila, en 2329 California Street, se realizó una comida donde el invitado especial era Guillermo Francisco Manrique. Entre otros, asistieron Albino Gómez, Enrique Durand, Francisco "Pancho" Aguirre, Alberto Salem, Guillermo Mc Gough, Raúl Quijano y Marcelo Huergo. Entre otras cuestiones, "Paco" Manrique dijo, con la locuacidad que lo distinguía, que iba a Roma a hablar con su "amigo" Cavalli, uno de los asesores del cardenal Samoré. El papa ya había entregado las conclusiones de la mediación en diciembre, pero los argentinos sostenían que era desfavorable para la Argentina. Se resistían a rechazarla, teniendo en cuenta que la había dado el máximo referente del "Occidente cristiano". Tampoco daban ninguna respuesta. Manrique dijo que la junta militar iba "a tener que aceptar la propuesta". Sostuvo que su gestión era "personal" y que "nuestros negociadores en Roma no tienen poder de decisión". En Washington quería conversar con Alexander Haig, pero el encuentro no se realizó (Haig recién asumió como secretario de Estado, junto con el presidente Ronald Reagan, el 20 de enero). Luego relató que el tema del Beagle y la lista de los desaparecidos eran cuestiones que tenían apesadumbrado al teniente general Viola. La junta militar se negaba a publicar la lista.
El martes 20, la ciudad de Washington estuvo de fiesta. A pesar del frío, mucha gente asistió al discurso inaugural del presidente Ronald Reagan y a la parada militar. Para que no quedara ninguna duda de la dirección que habría de tomar su administración, a su lado, en el palco de honor, sentó al general Omar Bradley, el último héroe viviente de la Segunda Guerra Mundial. En los días previos, todos los árboles tenían una cinta amarilla en homenaje a los rehenes de Teherán y la canción más pasada por las radios era "Ata una cinta amarilla alrededor de tu viejo roble", un tema de Tony Orlando que invitaba a no olvidar. Y los Estados Unidos no olvidaban a su gente presa en Irán. Eran los días finales de un proceso decadente, encabezado por James Carter, y el inicio de uno de los períodos más recordados de la historia americana.
El martes 3 de febrero de 1981, alterando las pautas cambiarias, se produjo una devaluación de 10% del peso por pedido de las autoridades que iban a asumir en marzo. En vez de lograr el sosiego que se buscaba, sacaron a la luz del día la fragilidad de la situación económica. El país perdía aproximadamente 300 millones de dólares por día y aunque el precio de la moneda norteamericana tocaba los 2.400 pesos, no se encontraba en las casas de cambio. Llegaban a Washington todo tipo de rumores. Parecía existir un clima de pregolpe contra Viola, lo que le impediría asumir el 29 de marzo. Era parte del enorme desgaste que soportaba Viola tras seis meses en el llano preparando su asunción. La responsabilidad de la erosión era primordialmente de las Fuerzas Armadas y también de un final poco feliz del equipo económico de Martínez de Hoz. Al respecto, un embajador de carrera, desde Europa, observaba que el esfuerzo principal de la futura gestión de Viola debía realizarse en la economía. "Los otros problemas -decía- son casi de tipo geológico. Los cambios se operarán solamente por el transcurso del tiempo, y habrá que observarlos con la sorpresa íntima que tenemos cuando, frente a un desierto, nos dicen: 'Aquí había mar'. Pensá nada más en la Educación, con las universidades postradas, sin medios, con los pocos técnicos que tiene el país, hoy instalados en el extranjero por razones políticas o económicas. Luego seguí con el asunto del sector público, en un país en donde quiebran las empresas y sus propietarios siguen millonarios, donde se nacionalizan fábricas que producen artículos que está probado que el público no quiere. Una administración pública que parece escapada de un cuento de Chéjov; pensá en la Cancillería, donde una secretaria de 30 años te cuenta -no miente-cómo invariablemente le hace los discursos a su jefe, que preside delegaciones internacionales sin tener idea del tema a tratar." Ahora, agregó el diplomático, "se han añadido problemas que son de difícil solución. Te cito únicamente dos: cómo convencer a los millares de oficiales retirados que deben dejar sus cargos públicos, y cómo convencer a los familiares de los 'desaparecidos' de que sus parientes eran tan criminales como sus ejecutores. Y que sus hijos, chicos de clase media, luchaban por una revolución que nadie les había exigido". 87
En medio de las corridas cambiarias en el microcentro y las especulaciones en torno al futuro gabinete, el domingo 22 de febrero de 1981 debutó en la cancha de Boca uno de los jugadores más grandes que dio el fútbol argentino: Diego Armando Maradona. El pase de Argentinos Juniors a Boca era un récord.
Cuatro millones de pesos por el préstamo y cuatro millones por el pase definitivo. Tenía 21 años y estaría acompañado por otras estrellas, como ser Miguel Ángel Brindisi, Marcelo Trobbiani, Hugo Gatti, Oscar Ruggeri, "el Chino" Benítez, "Tano" Pernía y Roberto Mouzo. El director técnico estaba al nivel de las constelaciones en la cancha; era el legendario Silvio Marzolini.
El 29 de marzo de 1981 asumió Roberto Eduardo Viola la presidencia de la Nación. Días antes, el teniente general Galtieri realizó una exposición ante los generales en actividad en la que calificó de "floreciente" la situación económica. Ya la tempestad financiera se había llevado a Sasetru, una de las empresas más sólidas de la Argentina.
La conducción del Palacio San Martín descansaba ya en las manos de Oscar Camilión, que aún merecía la desconfianza del establishment por su pensamiento desarrollista. En la capital de los Estados Unidos, los grupos más conservadores no olvidaban el papel que el nuevo canciller había tenido en el gobierno de Arturo Frondizi, cuando la Argentina no se plegó, en la conferencia de la OEA realizada en Punta del Este, al bloqueo contra Cuba. Para que no lo olvidaran, algunos deslizaron a las agencias internacionales en Washington la fotocopia de un capítulo de un libro donde se lo criticaba por su notable participación en esa conferencia. El distribuidor era un corresponsal de una agencia italiana que mantenía excelentes relaciones con el embajador Jorge Aja Espil. 88
De todos modos, para aventar fantasmas, antes de asumir la presidencia, el 15 de marzo Viola hizo una visita de cinco días a Washington. Llegó con tres asesores: el general Luis Martella (futuro secretario general de la Presidencia, señalado como el hombre clave que ayudó a desmontar la asonada del general Menéndez (en setiembre de 1979), Rosendo Fraga (que habría de ocupar la jefatura de Gabinete del ministro Horacio Liendo) y Alfredo Olivera (vocero de prensa). Lo realmente sorprendente para el mundillo de Washington fue que no viajó para asesorarlo Oscar Camilión, que ya se sabía que iba a ser su canciller. Su ausencia causó sorpresa: con él iban a tener que tratar diariamente; conocía la capital norteamericana como pocos, tenía muchos años de oficio diplomático y académico y, lo que no era un detalle menor, conocía el idioma, por lo tanto, le brindaba naturalidad a los diálogos. Durante su estadía, Viola recorrió todo el andarivel de la política norteamericana: el presidente Ronald Reagan; el secretario de Estado, Alexander Haig; parlamentarios, y académicos. Para los observadores, el presidente electo llegó a Washington muy condicionado por la situación interna argentina. No trajo de Buenos Aires nada especial: aceptó todos los consejos de la embajada, leyó los discursos que le escribieron sus funcionarios y repitió hasta el cansancio lo que sostenía, entre cigarrillo y cigarrillo89: que se proponía una vuelta a la democracia "seria y estable" y la continuidad "con ajustes" del plan económico. En Washington, casi siempre con la presencia silenciosa de Francisco "Pancho" Aguirre, las autoridades norteamericanas lo trataron con especial atención. Una suerte de mensaje implícito de "barajar y dar de nuevo".
Como suele suceder cuando las altas autoridades argentinas salen al exterior, seguidas de una corte de periodistas, al hablar miran más al "frente interno" que a los extranjeros que tienen enfrente. Al representante demócrata Claiborne Pell le dijo que iba a dar una lista de desaparecidos y se desdijo en Buenos Aires escasos días más tarde.
Los informes que llegaban a Washington de la situación financiera eran preocupantes: "Hoy el precio del 'call money' estuvo entre 450 y 500% anual y las empresas debían tomar dinero a 300% anual. La semana pasada se fueron (de la Argentina) entre 1.000 y 1.100 millones de dólares. Esto motivó, el viernes 20, el cierre de las casas de cambio con la Policía y que se estableciera el control de cambio (la compra de dólares es con pasaporte, boleto de viaje en la mano y no más de 20 mil dólares después de llenar una planilla para la DGI)".
El observador, además, señalaba que "la gente que está por asumir parece que ya lleva tres años en el gobierno, ha sufrido un gran desgaste. No sé si no se debe pensar en que algo tendrá que precipitarse. Hay dos alternativas: 1) El golpe dentro del golpe del propio Viola; 2) un golpe de Galtieri o del mismo Bussi (antes de que los liquiden, pasándolos a retiro cerca de fin de año). Mientras esto sucede, allí en Buenos Aires todo es una negociación permanente. Según Carlos, la designación de Oscar Camilión le costó a Viola el tener que nombrar 4 embajadores por arma. La Fuerza Aérea (hay que pensar que a propósito) antes de que el nuevo presidente asuma el mando y de que el nuevo canciller se siente a estudiar los temas, hizo públicos sus 4 nombramientos, sin ni siquiera anticipar el placet. Uno de ellos fue el de Orlando Capellini a Australia, como si ese país fuera un destino militar, una suerte de base de El Plumerillo". 90
EL GABINETE DE VIOLA
¿"Hasta cuándo todo esto"?, se pregun tó el observador. Y siguió: "Tres días antes de que viajara a Washington detuvieron a 68 Madres de la Plaza de Mayo. Mientras Viola estaba aquí en Washington, haciendo ' pininos' con el tema de El Salvador, el secretario general del Comando en Jefe del Ejército, general Alfredo Saint Jean, declaraba muy suelto de cuerpo que si se lo pedían, la Argentina 'intervendría militarmente'. Viola, al llegar a Ezeiza, tuvo que desechar la afirmación. ¿Hasta cuándo"?
El domingo 29 de marzo no fue un día cualquiera. Para el gran público, Carlos Alberto Reuteman ocupó el podio más alto al ganar de punta a punta el Gran Premio de Brasil de Fórmula 1. También, en un marco de acentuado ascetismo, asumió Roberto Eduardo Viola, como trigésimo noveno presidente de la Nación. El juramento de estilo se lo tomó el teniente general Galtieri, en nombre de la junta militar. A diferencia del de Videla, su gabinete tenía varias figuras civiles donde el que más se destacaba era el canciller Oscar Camilión, no solamente por su envergadura intelectual, sino por provenir de las filas de un partido de alcance nacional como el desarrollismo.
También juraron por la tarde, entre otros, Amadeo Frúgoli (Justicia), Lorenzo Sigaut (Economía, Hacienda y Finanzas), Carlos Burundarena (Educación), Carlos García Martínez ( Comercio) y Jorge Aguado (Agricultura). Entre los militares, el que más relevancia tenía era el general Horacio Tomás Liendo en el Ministerio del Interior.
"Es posible que pocas veces en la historia argentina un presidente de la República haya llegado al gobierno en circunstancias tan difíciles. Corresponde al general Roberto Viola iniciar una nueva etapa, dentro del proceso en curso, en medio de tremendas dificultades que abarcan todas las áreas del quehacer nacional", publicó "El Economista" el 27 de marzo de 1981. Alvaro Alsogaray, desde "La Prensa", habló de "el fracaso experimentado y la oportunidad perdida", por el gobierno de Videla y la gestión de Martínez de Hoz.
Criticó la "inflación reprimida", al desarrollismo (la mentalidad faraónica) y al "pragmatismo y el gradualismo". El radicalismo tampoco fue ajeno. Dio a publicidad, en un documento de 8 carillas, una severa crítica e hizo propuestas, con las firmas de Ricardo Balbín (presidente) y Francisco Rabanal (secretario). El 30 de marzo, mientras en Buenos Aires todo era motivo de debates y polémicas, en Washington, el presidente Ronald Reagan sufrió un atentado que lo hirió de bala; también un asesor inmediato.
La llegada de Camilión al Palacio San Martín representó una brisa de aire fresco después de cinco años de intervención militar. Nombró a profesionales en los cargos más importantes e, inmediatamente, intentó realizar una renovación en el plantel de embajadores destinados en el extranjero. No le fue fácil porque todo, absolutamente todo, debía ser discutido en los comandos, primero, y en la junta militar después.
PELEAS POR LAS ENSANJADAS
Viola contaba con un espacio de maniobra muy reducido. En la Cancillería, las designaciones tardaron varios meses en ser aprobadas por la junta militar. Ante la Casa Blanca, por ejemplo, desde la partida de Videla, la Argentina no tuvo embajador durante seis meses porque los candidatos eran bochados sucesivamente: Raúl Quijano y Gerardo Jorge Schamis. Finalmente, fue el empresario Esteban Takacs (bochado para ir a Brasilia, terminó en Washington). Los nombres de los embajadores iban y venían: Nicanor Costa Méndez a las Naciones Unidas; al final fue Juan Carlos Beltramino. Schamis finalmente fue a París y no a Roma, luego de vaticinar que en las elecciones francesas iba a ganar el socialista Mitterrand; y a Roma terminó yendo un almirante93.
El domingo 5 de abril de 1981 viajó a Buenos Aires Edgard Meyer, jefe del Estado Mayor del Ejército de los Estados Unidos. En conversaciones con Galtieri establecieron, como comentaría "La Prensa", la "primera etapa de la integración estratégica y militar, en el contexto de lo que pretende ser una vasta acción hemisférica, concebida en Washington para contener la penetración soviética en la región". Luego, los dos comandantes avanzaron públicamente un paso más: consideraron la posibilidad de establecer un sistema periódico de consultas a raíz de la "ofensiva marxista" en el continente y se analizó la cuestión "en el marco de la nueva realidad política internacional". La visita de Meyer instaló, el miércoles 8, la foto de Galtieri en la tapa de "The New York Times", con una crónica de su corresponsal en Buenos Aires, Edgard Schumacher, en la que se afirmaba sobre "un cambio de política" de parte de los Estados Unidos y de otros viajes de militares americanos a la Argentina. Por caso, el almirante Meter K. Cullins, comandante de los Estados Unidos para el Atlántico Sur; el almirante Harry Train, comandante en jefe de la flota atlántica y comandante supremo aliado en el Atlántico, y unos días más tarde, el brigadier Richard Ingram, comandante de la Fuerza Aérea. Los militares argentinos comenzaban a sospechar que dejaban de ser "parias" en el mundo. 94
El sábado 25 de abril, en un episodio confuso, dos oficiales del Ejército con sus esposas fueron detenidos dentro del territorio chileno, cerca de Portillo, por comandos vestidosde civil que los encapucharon y los llevaron a Santiago de Chile, acusándolos de " espionaje". En la madrugada del miércoles 25, el Ejército argentino respondió movilizando tropas y cerrando las fronteras (el paso de Las Cuevas) con carácter meramente " precautorio"96. "Me calenté", dijo Galtieri en la intimidad97. Lo cierto es que el incidente que tardó varias semanas en resolverse puso en la superficie el debate sobre el "esquema de poder": la facultad de movilizar tropas por cuestiones bélicas, la Constitución la reserva al presidente, pero fue expresamente reservada por la Junta Militar, mientras el presidente tenía la conducción de las relaciones internacionales. Habían pasado solamente 30 días desde que juró Viola y se estaba transitando una "semana complicada", como dijo un reconocido periodista ante un llamado internacional: Además de lo que afirmó Galtieri y "enseñó" Nicolaides, Lorenzo Sigaut había centrado sus críticas en Martínez de Hoz, haciéndolo responsable de la crisis económica; el ministro de Bienestar Social (Argüelles) exponía públicamente el estado de las villas de emergencia (es decir, la miseria) y el ministro de Trabajo (brigadier Porcile) dijo que "el peronismo tiene la misma bandera que yo". Demasiadas palabras después de mucho tiempo de silencio. Rumores de todo tipo corrían por las calles de Buenos Aires y rebotaban en el exterior. En aquellos días, "sotto voce", un embajador relataba lo que le confiaron tres amigos telefónicamente: "Uno me habló desde Washington, un abogado importante me llamó de Londres y el tercero, industrial, de París. Los tres coinciden en que la situación económica es gravísima y la estabilidad del flamante gobierno, muy dudosa. Lo notable es que el panorama que me pintaron era idéntico, a pesar de que no se conocen entre ellos. Los puntos principales son: 1) Viola está jaqueado por la junta, que reclama el poder; 2) lo anterior produce una parálisis, el gobierno no se ha movido; 3) Viola carece del mínimo margen para cualquier intento de maniobra política; 4) Sigaut carece de relevancia. Tampoco tiene poder; 5) el gobierno no tiene defensores. 'La Razón' y 'La Prensa' lo atacan impunemente. El adocenado Escribano resta en lugar de sumar, y 6) el tema de la conjura está en la calle, y es algo más que un rumor. Uno de mis informantes (abogado de la banca inglesa) es muy amigo de Camilión, y me dijo que lo encontró muy preocupado". El diplomático analizó tres variantes: "1) La táctica de Viola (no conoce otra) es esperar que sus enemigos se desgasten en amenazas y luego liquidarlos reglamentariamente; 2) No hay nadie que pueda ir a otra cosa más potable que la que propone el gobierno. El fracaso rotundo de Martínez de Hoz lo descarta totalmente a él y a su equipo. Diferente sería si hubiese hecho una gestión apenas discreta; 3) Un golpe se agota el mismo día en que se da. Vendría después una estúpida represión. El país está deshecho económicamente y nadie puede creer que los golpistas tienen una fórmula salvadora. El golpe dejará como herencia una fórmula ganadora tan siniestra como la de Cámpora-Lima". 98
Como si hiciera falta alguna aclaración, una alta fuente militar de la Casa de Gobierno dejó trascender que "la junta militar respalda en absoluto al gobierno: los rumores nacen siempre los mismos días, los viernes. Y ustedes saben de dónde provienen". Aunque se negó a identificar a los autores, dijo que son "los que pretenden volver al poder". 99 El vocero los ubicó: se podían "identificar perfectamente en Florida o Esmeralda, en plena zona financiera de la Capital Federal, en el microcentro", etc. En pocas palabras, hablaba de los sectores financieros, es decir de los seguidores de Martínez de Hoz.
Juan Bautista Yofre
79 Carta de un observador al embajador Enrique Lúpiz, en ese momento destinado en Rabat, Marruecos.
80 Cable de AP del 6 de noviembre de 1980, en el archivo del autor.
81 Ibíd. Cisneros, Escudé.
82 Cable de "Latin-Reuter", 2 de diciembre de 1980. Archivo del autor.
83 Diálogo del autor con Martínez de Hoz.
84 Eugenio L. Bezzola advierte que los cuatro oficiales en diferentes momentos y distintas tareas pasaron por el Reino Unido. El contraalmirante Bezzola, durante la comandancia del almirante Jorge Anaya, fue el sexto oficial en el escalafón de mandos. Era director de Electrónica Naval.
85 Declaraciones de Galtieri al autor en 1982, publicadas en "Clarín" el 2 de abril de 1983.
86 Estos detalles y los siguientes fueron volcados en un informe que recibieron varios embajadores argentinos con fecha 8 de octubre de 1980. Copia en el archivo del autor.
87 Enero 15 de 1981.
88 Pasajes del libro aparecieron en la columna que mantenía Jesús Iglesias Rouco en "La Prensa". Fue en agosto de 1981, en el preciso momento en que Camilión iniciaba su visita a Washington.
89 Los diplomáticos que convivieron con Viola en Washington, cuando éste estaba destinado en la agregaduría militar, lo llamaban "faso Viola".
90 Un observador a un embajador, el 23 de marzo de 1981. Archivo del autor.
91 "Clarín", domingo 26 de abril de 1981.
92 "Clarín", domingo 26 de abril, páginas 2 y 3.
93 "La Nación", en su comentario político del 21 de junio de 1981, trató extensamente el tratamiento y la designación de embajadores.
94 En el invierno 81-82, "Foreign Policy" publicó-un largo trabajo con el título "La Argentina pariah". Ejemplar en el archivo del autor.
95 Notas de una conversación con el embajador Leopoldo Tettamanti, del 8 de abril de 1981. Se refería a la intervención argentina en América Central.
96 En Roma, el cardenal Samoré presionó a los negociadores para que liberaran a los presos y se abriera la frontera.
97 Palabra recogida por el autor en aquella época, en el Palacio San Martín.
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