27 de marzo 2007 - 00:00

Manifiesta desidia oficial en manejo de seguridad aérea

Casi quince aviones comerciales debieron sobrevolar ayer la Capital Federal sin tener siquiera comunicación de radio con las torres de control de Ezeiza o Aeroparque. El episodio duró más de 20 minutos, sin que recibieran instrucciones de aterrizaje. Esa falla en las comunicaciones significó un riesgo aún mayor que el daño producido por un rayo caído en el radar del principal aeropuerto internacional. Es otra muestra de la desidia del gobierno en la guarda de la seguridad aérea, siete meses después de haber anunciado el pase de esos controles a manos civiles y a días de haber efectivizado esa decisión por un decreto de necesidad y urgencia. Nada ha cambiado desde entonces, al punto de que recién ayer Nilda Garré inició una investigación que confirma que el radar primario de Ezeiza continúa sin funcionar.

Ricardo Jaime
Ricardo Jaime
Todo está dispuesto para que la ministra de Defensa, Nilda Garré, y el secretario de Transportes de la Nación, Ricardo Jaime, sean blanco de otra crisis por seguridad y demoras en los vuelos en el feriado largo de Semana Santa. Comenzó ayer con el anticipo de una falla en el sistema de comunicaciones que enlaza la torre de control de Ezeiza y los aviones en vuelo. Los funcionarios se enteraron además que el radar alquilado a la empresa española Indra Sistemas destinado a paliar la crisis tras la caída del rayo que inutilizó el radar primario de Ezeiza, estará operativo recién en dos meses.

El virtual apagón de las conversaciones radiales entre pilotos y controladores se extendió ayer por media hora, entre las 11.50 y las 12.10. Demasiada fatalidad para ser tenida en cuenta sólo como avería del equipo electrónico de transmisión.

El artefacto dañado está en un cobertizo de una de las cabeceras de las pistas del aeropuerto Ministro Pistarini, lejos de los controles de seguridad. La falla se produjo en el mismo día de entrada en servicio del radar secundario que estaba en mantenimiento por duplicación de ecos en la pantalla. Hasta ayer las aeronaves se controlaban «en manual» es decir por contactos radiales, pero el fallo inesperado de los equipos de radio volvió a ensombrecer las condiciones de vuelo seguro, aunque se cuente con la señal del radar secundario. Todo hace suponer que se seguirá con el procedimiento manual (6 aterrizajes por hora) que hace menos fluido el tráfico aéreo e impacta en las crecientesdemoras operativas que registran las empresas, especialmente Aerolíneas Argentinas y Austral por la escasez de aparatos y la sobreventa de pasajes.

  • Alquiler

  • El flamante comité lanzado en el seno de los ministerios de Planificación Federal y de Defensa para tomar el control del negocio aerocomercial, en reemplazo de la Fuerza Aérea, sesionó por primera vez el 22 de marzo pasado con la presencia del titular de Transportes, Jaime. Los funcionarios Roberto Baratta y Alba Thomas-Ilatti, de la Secretaría de Transportes, y Germán Montenegro y Hugo Cormick, del Ministerio de Defensa, forman parte de la Unidad Ejecutora. En la reunión se trató el arriendo de un radar a la empresa tecnológica española Indra Sistemas. Es un equipo monopulso de tipo cooperativo, es decir, recibe señales electrónicas de los aviones, los identifica y provee la altitud. El costo del alquiler por un año ronda los 900 mil dólares, pero los españoles comunicaron que en el cálculo más optimista el equipo podría estar operativo recién en dos meses. Dos meses en el tiempo electoral que transita Néstor Kirchner es una peligrosa eternidad. La embestida de tres actores bien definidos: APLA, el gremio de los pilotos de Aerolíneas Argentinas, lideradopor Jorge Pérez Tamayo, ACTA, una asociación profesional de controladores aéreos dirigida por César Salas y el ex piloto y cineasta Enrique Piñeyro, acorraló al Presidente que respondió con el decreto de transferencia de las funciones de control aerocomercial a la órbita civil y el anuncio del alquiler de radares. El trío supo manejar un activo: el malhumor de la gente (los electores, según la lente política) y armó un bolsón de protesta social donde no la había, que treparía al infinito -negando votos- si la fatalidad se presentase con un accidente aéreo o una nueva avería del sistema de control de Ezeiza y Aeroparque. Esos tres actores parecen decididos a ocupar el rol de Blumberg en la seguridad aérea. Uno de ellos, Salas, cacique de la Asociación de Controladores de Tránsito Aéreo, no descarta aspiraciones a ocupar una diputación. El modelo a seguir no es otro que el de Alicia Castro, quien creció del gremio de las azafatas hasta llegar al Congreso y a un puesto diplomático, empujando controversias del sector aeronáutico. Hay razones estructurales históricas que facilitan la maniobra cuando colapsa un sistema como el del control aéreo: equipamiento vetusto y presupuesto escaso, aunque los gremios aeronáuticos insistan en que se trata de mala gestión de la Fuerza Aérea. ¿O no fue desde el gobierno de Carlos Menem que los aviadores reclaman -sin éxito- la modernización de la cobertura radar? La empresa Indra Sistemas, salvavidas del momento, no es desconocida para Garré. Se estableció en el país en 1994 y se expandió en todo el Cono Sur, tiene filiales en Chile y Brasil. Es un corporación española dedicada a desarrollos de alta tecnología en el sector de la defensa y la seguridad con una ramificación dedicada a recuentos electrónicos de votos. Entró al circuito político en 2001, contratada por el entonces ministro de Interior de la Alianza, Ramón Mestre. Brindó soporte informático para el recuento de votos en la elección legislativa de octubre de aquel año. Repitió la tarea en el escrutinio de las legislativas de 2005, ya en plena gestión kirchnerista. También lo hizo en proceso electoral de Venezuela.

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