24 de julio 2008 - 00:00

Más de 40 bajas kirchneristas por el conflicto con el campo

Martín Lousteau
Martín Lousteau
La pelea con el campo dejó como saldo una silenciosa estampida en el gobierno de Cristina de Kirchner. Desde que estalló el conflicto el 11 de marzo pasado, con la Resolución 125 sobre retenciones móviles, el oficialismo sufrió el éxodo de más de 40 funcionarios entre ministros, secretarios de Estado, subsecretarios, diputados, senadores y sindicalistas.
Pero la sangría kirchnerista, lejos de detenerse, podría potenciarse con la renuncia del ahora ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández. Todos los secretarios del área también pusieron a disposición de la Presidente su renuncia: Enrique Albistur (Medios), Romina Picolotti (Medio Ambiente) y José Manuel Abal Medina (Gestión Pública) también están dispuestos a dejar el gobierno, aunque la Presidente los retendría.

La corrida de funcionarios kirchneristas por la crisis del campo comenzó el 4 de abril, cuando el gobierno cortó la primera cabeza y desplazó a José Portillo, titular de la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (ONCCA) y encargado de pagarles las compensaciones y subsidios a los productores agropecuarios y a la industria alimentaria. La presidente Kirchner dispuso en ese momento un enroque y nombró en su reemplazo al ex director de la Aduana Ricardo Echegaray. Portillo había tenido fuertes roces con el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, por la forma en que se estaban otorgando las compensaciones a las aceiteras.

Desde aquel retoque de gabinete, la estabilidad del staff kirchnerista duró menos de tres semanas. El jueves 24 de abril, cuando la protesta agropecuaria llegaba a su paroxismo, Cristina de Kirchner apeló a la renuncia del entonces ministro de Economía, Martín Lousteau, quien había aterrizado en el gabinete de la mano de Fernández.

El economista fue estigmatizado en los círculos pingüinos por haber emitido la Resolución 125 sobre retenciones móviles y alegó «cuestiones personales» al presentar su dimisión. Pero fue el mismo ex jefe de Gabinete el que tradujo el pensamiento presidencial y habló de un «ciclo agotado» en medio de la huelga, cacerolazos, piquetes y marchas del sector agropecuario. Néstor Kirchner le había facturado al ex jefe de Gabinete la llegada de Lousteau al Ministerio de Economía.

  • Echados

  • Pero fue esta semana cuando la estampida kirchnerista se reavivó en el Poder Ejecutivo. El lunes, el subsecretario de Combustibles del Ministerio de Planificación y cuatro directores del área que también respondían a Julio Cobos fueron echados por Julio De Vido. La represalia por el voto desempate del vicepresidente en el Senado a favor del campo no tuvo sutilezas. «Cuatro horas después del voto de Cobos me llamó Roberto Baratta, subsecretario de Coordinación del Ministerio, para pedirnos la renuncia», se quejó el ex funcionario ante este diario.

    Junto a Rodríguez, abandonan sus cargos tres directores nacionales y dos directores simples del área: el director nacional de Refinación y Comercialización, Eduardo Moreno; el director de Exploración, Producción y Transportes, Miguel Hassekieff; el director de Economía de los Hidrocarburos, Carlos Fernández; el director de Gas Licuado de Petróleo, Daniel Sosa Medina; y la directora de Combustibles Líquidos, Laura Fagot.

    El día siguiente del pedido de renuncia a los radicales kirchneristas de Cobos, el Poder Ejecutivo sufrió una nueva baja con la renuncia del secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca, Javier de Urquiza, uno de los principales interlocutores del gobierno, junto a Fernández, con los dirigentes rurales Luciano Miguens (Sociedad Rural), Eduardo Buzzi (Federación Agraria), Mario Llambías (Confederaciones Rurales) y Eduardo Gioino (Coninagro).

    Mensajero de los Kirchner, De Urquiza también pagó el costo de la inflexibilidad matrimonial durante las huecas negociaciones con los capos rurales, antes del desembarco del conflicto en el Congreso.

    Junto a De Urquiza dejó ayer su cargo otro funcionario de la Secretaría, el director de Política Lechera. Juan Linari presentó también su renuncia indeclinable, desgastado por el conflicto rural, por los reclamos del gobierno pero también del sector lechero. Los tamberos producen el litro de leche a 80 centavos, pero los acusan de promover la inflación porque en la góndola el producto se vende a 3,50 pesos o más. El funcionario también comentó con sus colaboradores que Moreno no contribuyó en nada a superar el conflicto con el sector. A la salida de Linari se sumó la de los subsecretarios de Producción Agropecuaria, Desarrollo Rural y Agricultura Familiar, y Agroindustria y Mercados.

    Hasta allí las bajas dentro del Poder Ejecutivo: un ministro de Economía (Lousteau), un jefe de Gabinete (Fernández), un secretario de Estado (De Urquiza), cuatro subscretarios -entre radicales K y kirchneristas de la Secretaría de Agricultura- y seis directores, todas bajas del Ministerio de Economía y de Planificación Federal.

    Pero también en el Congreso la Casa Rosada sufrió la estampida de kirchneristas. Un total de 15 diputados del Frente para la Victoria, incluidos los bonaerenses Felipe Solá y Graciela Camaño, además de los legisladores que responden a los barones peronistas Jorge Busti (Entre Ríos) y al gobernador cordobés Juan Schiaretti, votaron contra el proyecto de retenciones móviles enviado por la Presidente al Parlamento. La santiagueña Marta Velarde ya formó el monobloque Justicialismo Nacional, y Solá amaga con armar también su propia bancada que dejaría al oficialista Frente para la Victoria sin quórum para leyes clave como la de Radiodifusión y la estatización de Aerolíneas Argentinas.

    En el Senado también hubo corrida de legisladores. El empresario cordobés Roberto Urquía, dueño de Aceitera General Deheza, debió abandonar la presidencia de la Comisión de Presupuesto y Hacienda. El santafesino Carlos Reutemann presentó proyecto propio avalado por toda la dirigencia rural y el salteño Juan Carlos Romero también se desmarcó del kirchnerismo junto a una docena de senadores del Frente para la Victoria. La pelea con el campo también generó bajas para el kirchnerismo en el plano sindical. Aunque ya estaba alejado del gobierno y de la CGT de Hugo Moyano, el diputado gastronómico Luis Barrionuevo aprovechó el conflicto para lanzar su central gremial disidente, marchar con el campo frente al Monumento de los Españoles y reforzar su lazo con Eduardo Duhalde.

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