ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

26 de febrero 2008 - 00:00

Más caro es arreglar el Irízar que comprar un rompehielos nuevo

ver más
El helicóptero ruso partiendo luego de terminar la misión antártica, esta vez luego de abastecer a los habitantes de la Base Marambio. Rusia anunció la reapertura de sus bases en la Antártida.
«Z3» una skúa (ave macho antártica) monitoreada por científicos de la base teniente Jubany remontó vuelo en un gesto casi humano de alivio por la finalización de la campaña antártica de verano. El mismo alivio que ganó los pasillos del Estado Mayor Conjunto (EMC), responsable operativo de la campaña y de los pisos inferiores del Ministerio de Defensa al completarse el abastecimiento de las bases antárticas.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

El viernes pasado se festejó el Día de la Antártida; coincidió con el repliegue de los buques de la Armada que participaron del sostén logístico -ahora se dedicarán sólo a la etapa de relevos de personal-y la navegación de regreso a Rusia del rompehielos Golovnin, que reemplazó al incendiado Almirante Irízar. Sólo permanecieron en la zona los helicópteros Bell 212 y un avión Hércules C-130 de la Fuerza Aérea que trasladó a la base vicecomodoro Marambio una comitiva variopinta para conmemorar los 104 años de presencia argentina en el Polo Sur: la gobernadora de Tierra del Fuego, Fabiana Ríos; Mariano Mémolli, director nacional del Antártico (DNA); Eugenio Zaffaroni, juez de la Corte Suprema; Roberto Godoy, diputado nacional (FPV), y varios colegas de la Comisión de Relaciones Exteriores, quienes realizaron una sesión simbólica, y Alberto D'Alloto, jefe de Gabinete de la Cancillería. El Ministerio de Defensa no envió ningún funcionario de nivel, claro; por esas horas todos estaban empeñados en la visita de Estado del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva.

Al término de las operaciones logísticas, se escuchó en las comunicaciones radiales de los marinos una señal de dos letras, «Bravo zulú» (BZ), cuya decodificación es: bien hecho. La campaña le costó al contribuyente unos 45 millones de pesos -se dice incluidos los 19 millones de costo del alquiler del rompehielos ruso Golovnin-, aunque el valor más preciado, opinan los especialistas del hielo de la DNA, fue que no hubo que cerrar ninguna base, pues reabrirlas en el verano de 2009 elevaría considerablemente el costo de la maniobra. Sin contar el demérito político que acumularía el país que lleva más de cien años de gestión en el continente helado y que es miembro permanente del Tratado del Antártico.

El Comando Operacional del EMC, a cargo del general Daniel Camponovo, había dirigido numerosos escritos a la jefa castrense advirtiendo sobre el riesgo latente de un cierre de bases, resultado de la ausencia del Irízar, buque capital para las operaciones logísticas en la Antártida. La salvación vino de la mano del alquiler del navío ruso Golovnin, que ya se proyecta arrendar nuevamente para las próximas campañas si es que progresa la iniciativa de reparar al Irízar en el país. Los ejecutivos de FESCO, la empresa rusa con base en Sudáfrica que maneja el alquiler del Golovnin y su intermediaria aquí, Trade Baires Internacional SA, descorchan champán por el negocio futuro. También otra sudafricana, Antartic Logistics Centre International Ltd. (ALCI), que alquiló su avión Turbo Blaster 67 para aprovisionar la base Belgrano II.

Tanta presencia de intereses económicos sudafricanos abrió interrogantes en la Cancillería sobre quién o quiénes ofician de sherpas a la ministra Garré en aquel sector.

Poner en servicio el Irízar costaría más que adquirir un rompehielos nuevo; la puja no es de precios, sino política. Este gobierno se empeña en el compre nacional y en dar oportunidades a la mano de obra local, aunque en ello vayan más recursos. El informe de daños confeccionado por el astillero finlandés Aker Yards (costó 290 mil euros) para determinar qué reparar y cómo hacerlo, dado a conocer al Estado Mayor Conjunto arrojó la friolera de 150 millones de euros y un plazo para la puesta en servicio de 4 años. Un navío similar (aunque de menos porte) al siniestrado Irízar rondaría los 150 millones de dólares (unos 100 millones de euros) con un plazo de entrega no mayor que un año.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias