Matías Tombolini: "Hay una búsqueda de achicamiento del déficit por un camino distinto del que probó Macri"

Política

El Vicepresidente del Banco Nación lanzó "La otra campana", su quinto libro, y con el que reflexiona sobre el fracaso de Mauricio Macri, explica la estrategia de Alberto Fernández y critica las formas de hacer política de Juntos por el Cambio. "La dirigencia tiene que estar casada con los valores y no con las herramientas", expresó en una entrevista conÁmbito.com.

Un relato personal que incluye un mensaje por WhatsApp a Alberto Fernández para decirle que “no”, la música elegida para el día de la asunción del nuevo Gobierno, la vestimenta de Cristina Fernández de Kirchner para esa ocasión así como también un análisis sobre el fracaso del plan económico de Mauricio Macri, la estrategia que lleva la gestión actual durante la pandemia y la forma de juego que tiene Juntos por el Cambio como opositores, son algunas de las claves que se encuentran en "La otra campana" (Galerna), el último libro de Matías Tombolini, vicepresidente del Banco Nación.

"Creo que desde el oficialismo faltaba una recopilación de qué país recibió Alberto (Fernández), qué empezó a hacer, qué hizo desde el 20 de marzo, que es distinto a lo que había empezado a hacer; qué estamos haciendo y qué se puede hacer para adelante", afirmó Tombolini en diálogo con Ámbito.com.

El economista mantuvo una entrevista con este medio y repasó distintas aristas de su libro que se conectan con la actualidad política y económica, y subrayó a los valores como primordiales para guiar un país.

Periodista: El título es llamativo ¿Qué proponés al decir "La otra campana"?

Matías Tombolini: La otra campana es una invitación al diálogo pero basada en los datos desde una posición que no es neutral para repasar qué aprendimos en todo este tiempo que pasó de la pandemia, qué podemos hacer en el presente y qué podemos hacer en el futuro. Creo que tenemos que aportar para que mejore la calidad del debate en la Argentina. Yo creo que lo que pasó con (Patricia) Bullrich esta semana fue, justamente, una expresión de algo que no le sirve a la democracia porque, independiente de que cada uno pueda tener una opinión formada sobre qué es lo mejor o qué es lo peor, si te alejás de los datos, no tenés un punto medianamente razonable. Después, claro, vos a los datos podés usarlos de un modo, de otro, pero creo que desde el oficialismo faltaba una recopilación de qué país recibió Alberto (Fernández), qué empezó a hacer, qué hizo desde el 20 de marzo, que es distinto a lo que había empezado a hacer; qué estamos haciendo y qué se puede hacer para adelante.

P: De acuerdo a lo que analizaste en el libro, la acusación de Bullrich en este contexto ¿Es sólo el reflejo de un partido político y su flaqueza o pertenece a una expresión de la política actual y sus flaquezas?

M.T.: Mirá, a mí me parece que tiene que ver con una manera de hacer política sumamente irresponsable, pero que, de alguna manera, es el reflejo de un estado de ánimo de parte de la sociedad que intenta, busca una síntesis, desde el punto de vista del discurso, a donde ya no interesan los argumentos. El mundo se divide en buenos y malos, en nosotros y ellos, en Trump y del otro lado, en Fox y CNN... se murió la verdad y un poco repaso este en mi libro porque me parece hay que intentar un camino levemente superador.

P: ¿Y cómo se puede llegar a encauzar todo en ese camino superador o llegar a ese punto en el que se logre superar este tipo de inconvenientes? ¿Se puede? Porque es una situación de carácter global, no sólo de Argentina.

M.T.: Acá el desafío es, primero, de una enorme responsabilidad de parte de la dirigencia política. En Argentina tuviste varios momentos que los repaso en el libro en cinco partes: la primera son los sueños, que es el plan de Alberto con una agenda muy clara y que iba en una dirección muy diferente a la de Mauricio (Macri), pero que iba en una dirección (en esta parte yo me sumo al Gobierno); después, comandante en jefe, que es donde se cierra la grieta momentáneamente; luego, último día de la concordia. Hubo una época en la que vos todavía tenías anuncios que eran entre (Horacio Rodríguez) Larreta, (Axel) Kicillof y Alberto. Fueron trece anuncios ¡Un montón! Y fueron trece anuncios extendiendo la cuarentena.

P: Ahí se mostró una unión entre las partes

M.T.: Esta idea de la "cuarentena eterna" es como la ley que regula la adquisición de vacunas contra el coronavirus: son todas cosas que se dieron por consenso y en donde la oposición fue coprotagonista, un actor de reparto principal en esta historia, no es que no tiene nada que ver, no es que Larreta viene peleando por abrir desde el primer día, sino que tuviste hitos de diferenciación y para mí también con errores del Gobierno. Después comienza la competencia narrativa que arranca el 25 de mayo con los banderazos y después se termina profundizando en las diatribas de "cuarentena eterna", "se llevaron las vacunas"... todas cosas que se sostiene sobre reinterpretaciones de la realidad que pueden ser verosímiles pero que no son verdades. Ahí la política terminó en la peor solución, que es la gran diferencia al resto del mundo.

P: ¿En qué se diferencia Argentina?

M.T.: Argentina terminó por resolver las disputas políticas en el plano de la Justicia. La decisión de la Corte Suprema de aceptar el caso de la Ciudad con el tema de las clases y ese tipo de presentaciones son el fin de la política. Larreta yendo a la Corte antes de asistir al diálogo con el ministro Interior y de Economía sobre la coparticipación es la negación de una política como una herramienta de diálogo. El diálogo no es algo que hacés con quién piensa como vos, sino con quien piensa distinto. Ahora, ¿Cómo nuestra sociedad metaboliza las diferencias? Bueno, empezamos a recorrer un camino muy peligroso que es que la Justicia resuelva lo que la política no acuerda y ahí tenemos un problema.

P: Te escuché en varias entrevistas señalar a la bronca, al enojo social ¿Puede esta bronca y enojo que manifiesta la sociedad estar también impulsada por agentes como los medios masivos y tradicionales de comunicación, las redes sociales, periodistas, personalidades que no están en cuadros políticos pero que suman para llegar a esta situación?

M.T.: La bronca existe y tiene un fundamento. La gente tiene bronca y la realidad real es que la gente, en esta semana que pasó, no pudo ir a laburar. Esto es así. La política debería intentar administrar esa bronca mostrando los riesgos reales y no que cada uno haga la suya. Lo que pasa es que conducir eso no ha sido fácil. Yo creo que Alberto eligió el camino correcto antes que el camino conveniente. Y el camino correcto es donde se pagan más costos. Imaginate si Winston Churchill en el operativo Blitz hubiera elegido con el focus group en la mano. Probablemente hubiera terminado acordando con Hitler antes de eso. Él eligió el camino que era correcto. Después está el sistema de comunicación pública. Las redes sociales siempre han sido una herramienta pero que hoy se enmarca en algo mucho más grande: son una caja de resonancia que retroalimentan sesgos. Tenés que ponerte a discutir una democracia de un nuevo tipo en donde la pregunta es ¿Cuál es el límite de las compañías como Facebook, Twitter, Google que tienen una enorme influencia en la determinación de tu menú de elecciones?

P: ¿Y los medios?

M.T.: Los medios tienen un rol distinto al de las redes sociales. Los medios claro que juegan, claro que tienen intereses y hay periodistas con intereses pero no de un lado, sino de los dos lados. El Gobierno es de todos, pero lo que no pueden hacer es enojarse con el enojo de la gente y suponer que los otros son malos y los otros son buenos. Acá hay una disputa de intereses y hay que resolver privilegiando el bien común. Salvo agenda superpuntuales, los medios no pueden replicar debates que no hacen sentido en la sociedad. Eso no quiere decir que Nación y Clarín titulen de una manera fantasiosa, jodida. Pero lo hacen porque tienen a quién venderle. Hay una sociedad que los compra. Entonces, lo mejor que uno puede intentar hacer es entender que eso también forma parte de la Argentina y se gobierna eso también, no a pesar de eso. No se gobierna en contra del campo. Es con el campo y los medios la salida de la Argentina. Forman parte de la Argentina que hay que gobernar.

P: Dijiste que Alberto eligió un camino, que es el camino correcto ¿Cuáles son los pilares, los puntos fuertes de esa elección?

M.T.: Yo veo una estrategia de aislamiento que tiene un resultado más positivo que negativo todavía. Todavía no pero seguramente Argentina terminará entre los veinte países con más muertos por millón de habitantes, pero hoy no está acumulado. No queda claro cuál es el parámetro para medir porque tampoco están claros los parámetros. Brasil y la India ¿Cuentan perfecto la cantidad de decesos o les van a seguir entrando datos dentro de uno o dos años con los ajustes? Seguramente Estados Unidos sí los cuenta bien por eso tiene mucho más muertos por millón de habitantes que la Argentina. También hay que pensar en el invierno ¿Cuántos inviernos sin vacuna pasó el hemisferio norte? Uno. Nosotros dos porque el 20 de marzo fue con el arranque del otoño. Hubo dos otoños y dos inviernos. Es decir, empieza a vacunar fuerte en su invierno pero no repite. Es muy difícil comparar la gestión de la pandemia argentina. Yo tomaría países con un PBI per cápita parecido, de más de cinco millones de habitantes, que tengan un nivel que explique el margen de maniobra más o menos como el que tiene la Argentina. Aún así, Alberto eligió un camino correcto dentro de los caminos posibles. Elige cerrar para una economía que venía en recesión..

P: Esa recesión se profundizó...

M.T.: La recesión argentina todo 2020 termina como las más altas de la región pero si vos le descontás lo que ya iba a caer el país, el efecto neto del impacto de la pandemia no es el de los más altos de la región porque hay que tener en cuenta cómo estaba el partido cuando empezó la pandemia. Y Argentina ya estaba perdiendo el partido por 2 a 0. Alberto desplegó políticas de mitigación, que tenían una sola fuente de financiamiento, que era monetaria porque a diferencia de Chile, Brasil y hasta Ecuador, el país no tuvo ese margen y emitió una pelota de pesos que eso tiene algún efecto en la tasa de inflación de este año. Para lo cual, con las herramientas que se disponían, yo creo que sí, Alberto eligió el camino correcto. Ahora no se hizo todo bien. Obviamente que no.

P: ¿Qué se hizo mal?

M.T.: Los bancos tuvieron un viernes negro el año pasado, lo del vacunagate fue un golpe enorme al liderazgo de la ejemplaridad que se necesita para conducir una sociedad a la que le estás pidiendo todo el tiempo que se esfuerce con vos y eso lastimó enormemente, más allá de que le dio pasto a la oposición. También complicó la necesidad de explicar de que todos estemos unidos en este esfuerzo que hacemos todos para que se muera la menor cantidad de gente posible. Me parece que en materia de vacunación, la Argentina no se puede decir que haya tenido una performance ni regular, menos ni mala. Me parece que va de regular a más y a aprobado. Empezó llevándose la materia a final y ahora está promocionando la materia. Hoy hay un megapico de casos pero probablemente encuentre alguna luz al final de túnel en agosto, septiembre cuando avance la vacunación.

P: El Gobierno trazó un objetivo con la inflación pero los indicadores señalan que no se podrá cumplir. Esto genera bronca ¿Considerás que Cambiemos logra capitalizar ese enojo?

M.T.: No veo a Cambiemos capitalizando el tema de la inflación ¿Qué puede contarte Macri de la inflación si dejó el país con la inflación más alta después de Alfonsín? No están para hablar de inflación los muchachos. Sí me parece que el Gobierno tiene un desafío. Está abordando con herramientas de carácter múltiple una meta, que va a ser claramente difícil de cumplir. Todo lo que esté debajo de 37, 38 o igual que el año pasado es un éxito porque a esta altura vemos que hay presiones que tienen que ver con el exceso de monetización del déficit que tuviste el año pasado. Pero tenés un Gobierno que está buscando equilibro fiscal, control del tipo de cambio. El dólar subió lo mismo que cuando asumió Alberto, lo que te dice que el dólar no está empujando los precios y que el dólar no se retrasó, como dicen muchos. Tenés un tipo de cambio al nivel que recibió Alberto. El dólar con Macri aumentó 542% y la inflación fue 286%. Claramente hubo con Macri un proceso de ajuste de tipo de cambio muy brusco. Y también está buscando precios regulados. En la primera parte de este año, los precios regulados fueron a la misma velocidad que la inflación, en los últimos meses no, fueron a la mitad. Esto quiere decir que si en junio se terminan de acomodar los precios regulados, se verá que en los últimos seis meses del año eso funcionará como meta inflacionaria. Después también tenés alineamiento de expectativa inflacionaria con gremios que respondieron muy bien y negociaron en torno al 30% y empresarios que todavía falta que se acomodan, y el Gobierno, para que se acomoden los empresarios, mete una ley de góndolas y desde el punto de vista fiscal no te ajusta bajando los gastos sino subiendo los ingresos como los derechos de exportación, bienes personales y te baja ganancias a los trabajadores. Hay una búsqueda de achicamiento del déficit por un camino distinto del que probó Macri.

P: ¿Hay un problema de valores en la política actual?

M.T.: Hay que empezar a entender que la dirigencia tiene que estar casada con los valores y no con las herramientas porque nosotros estamos del lado del salario antes que la renta. Nosotros estamos con una agenda que privilegia la vida humana, una agenda que busca la recuperación del salario real, la gran deuda que de entrada tenemos que intentar resolver. Tenemos una agenda que tiene que ver con lo que nos hace sentir bien políticamente hablando. La herramienta vos podés llamarla hoy cepo, mañana bimonetarismo, pero es una herramienta. Tiene que tener un conjunto de valores, sí, pero la pregunta es ¿Toda la política está ordenada por valores o quedó gobernada por las herramientas? Si vos te leés "¿Por qué?, de José Natanson, vas a encontrar que en la oposición no parece quedar claro cuál es el conjunto de valores que los organiza sino que parece que están ordenados solamente en función de las herramientas, de lo conveniente, de lo que dice en focus group que hay que hacer. La solidaridad y la igualdad son valores que no tienen que contradecirse con la libertad.

P: Uno de tus capítulos se llama "Té para tres". Tengo entendido que tuviste una relación con la familia de Gustavo Cerati.

M.T.: Mi viejo laburó en la Esso, la misma empresa donde laburó el papá de Cerati. Mi viejo es ingeniero químico y se encontraron en los ochenta. Yo uso ese disparador para acercarme a lo que pasa cuando Gustavo escribe esa canción, que fue la noche en la que le cuentan que su papá se está muriendo. La idea ahí para mí hace sentido en lo que nos pasa en la mala, que es ahí cuando te juntás con los tuyos y buscás la manera de salir. Bueno, la Argentina en la mala se juntó y después, producto de la mezquindad, terminamos ladrándonos. Pero los anuncios compartidos de Alberto, Larreta y Kicillof son una expresión de la mejor política, que no es otra cosa que la expresión de lo mejor de nuestra sociedad porque la política expresa la sociedad también. El tema es cómo administrás eso. Si lo administrás o te dejás llevar. Con valores claros lo tenés que liderar, sino te domina el focus group y te dejás llevar.

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