La detención de Emir Yoma volvió a posicionar ayer a Carlos Menem y sus ex colaboradores con sus adversarios políticos tanto en la interna del PJ como en la oposición externa. El ex presidente aseguró que pondría las manos en el fuego por su ex asesor y ex cuñado. «Conociéndolo bien a Emir y a la familia, sí», respondió Menem. En cambio, para su principal contrincante interno, Carlos Ruckauf, su secretario general Esteban Caselli, quien anteriormente trabajó para Menem, debe contarle al juez «la orden que le dio el ex presidente y por qué no la cumplió». Enigmáticamente durante su habitual ronda radial, sugirió conocer ese secreto.
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En cambio, para Erman González habría que investigar a quien permitió el envío de armas no autorizadas por los decretos. El ex ministro de Defensa dijo anoche que los decretos que firmó sobre ventas de armas siguieron «estrictamente las normativas»; negó la posibilidad de que haya existido la planificación en la maniobra de desvío de armamento y en ese caso, habría que investigar a quien permitió que otro armamento llegara a otros destinos. Por su parte, el ex secretario general de la Presidencia, Alberto Kohan, dijo que «por ahora sólo hay sospechas y no pruebas sobre Emir Yoma». El ex secretario general de la Presidencia pidió prudencia y no sacar conclusiones apresuradas.
Desde la oposición más acérrima, la diputada radical disidente Elisa Carrió sostuvo que «nombrar a Emir Yoma es decir Carlos Menem», mientras que su compañera de ruta ideológica, Alicia Castro, ex Frepaso, sugirió la existencia de un «pacto de impunidad» entre el gobierno de la Alianza y el anterior de Carlos Menem.
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