Empezó con la amenaza del retiro. Luego, se rectificó. En rigor, esa inestabilidad anímica de Tabaré Vázquez sobre el Mercosur parecía obedecer a factores imprevistos más que a la contemplación real de los intereses de su país. Es que renunciar a ese exclusivo mercado regional, al margen de ciertas complicaciones -la Nación que se aparta debe continuar por dos años con todas las obligaciones y derechos, según reza el artículo 11 del tratado de Asunción-, para el Uruguay significa más dolor que premio. Y, sin duda, ningún daño para aquellos a los que él hubiera deseado sancionar con el exabrupto.
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Es que si uno considerara al Mercosur como un paquete de acciones, éste se constituye con 77% para Brasil, 20% para la Argentina, 2% para el Uruguay y 1% para el Paraguay. Por lo tanto, ese instituto más bien es un acuerdo entre dos Estados, como inicialmente se formó entre la Argentina y Brasil, al cual con empeño tanto Asunción como Montevideo insistieron en sumarse. Y del cual, claramente, se han beneficiado multiplicando su comercio.
Si uno toma la lista de clientes y de proveedores del Uruguay, además, observará con nitidez esa realidad: Estados Unidos es el principal cliente con 767 millones de dólares, le siguen Brasil con 469 y la Argentina con 259 (más atrás, Alemania, México, España y Chile), mientras que en el rubro de los proveedores de la Banda Oriental lo encabeza Brasil con 816 millones, la Argentina con 783 y Estados Unidos con 259. O sea que cambiar ese entramado comercial con gravitacióndecisiva de sus fuertes vecinos, como lo insinuó el mandatario uruguayo, podría tener consecuencias poco favorables para el Uruguay.
Coqueteo
Claro que el conflicto con la Argentina por las papeleras le hizo perder compostura a Vázquez, quien --inclusive hasta para irritación de sus socios de izquierda en el gubernamental Frente Amplio coqueteó con la idea de suscribir un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos (una gentileza, en todo caso de Washington, ya que el mercado uruguayo es de insignificante interés para esa potencia). Esa sola iniciativa pretendía irritar a los dos principales socios del Mercosur, pero en verdad ni les provocaría urticaria.
Pero lo de las papeleras no fue el único pleito: el Uruguay se integró a la sorpresiva reunión de Asunción en la que Paraguay, junto a Bolivia (y regenteados por el benemérito venezolano Hugo Chávez), trataron sus propios negocios como si fuera un «puscht» al Mercosur, molestos inclusive por la poca deferencia de la Argentina y Brasil con esos países y socios más pequeños. Allí Vázquez rumió su disgusto limítrofe con Néstor Kirchner temiendo que éste le negara energía, Evo Morales empezaba a ensayar el aumento del precio del gas que le aplicaría luego a los dos países y Nicanor Duarte Frutos reclamaba que el fluido eléctrico de Yacyretá y de Corpus -del cual los guaraníes son dueños en 50%- debería tener para su país una compensación mayor que la que hoy pagan sus dos vecinos socios.
En su lamento y queja, Uruguay y Paraguay suelen decir que naciones con menos compromiso en el Mercosur, Chile y Bolivia por ejemplo, disfrutan de ventajas -como el acuerdo de Santiago con Washington de libre comerciomientras que ellos, fieles socios menores, no pueden firmar esos entendimientos. Por lo tanto, lo que ahora demandan es un «waiver» de sus socios mayores para acordar tratados autónomos con otras naciones (como el que el Uruguay hizo con México dentro del marco de Aladi), una forma para incrementar sus relaciones comerciales. Son esas prerrogativas las que persiguen, no la ruptura como la que pregonó en un arranque indignado el uruguayo Vázquez.
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