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14 de agosto 2026 - 00:00

Milei, del arco al poder: personalidad, presiones y una relación singular con el error

Se formó como arquero en Chacarita y también pasó por San Lorenzo. Exjugadores, entrenadores y psicólogos deportivos analizan cuánto de aquel puesto sobrevive en el Presidente. La soledad, la resiliencia y la obligación de "bancársela". Maradona, Soriano y Villoro completan el retrato.

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Milei y sus días de juventud en el arco. 

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“¿Y… qué querés? Es arquero”, Diego Maradona, profético, se refería así a Peter Shilton, el arquero inglés que nunca superó el trauma de la Mano de Dios. Tuvo, en ocasiones, referencias similares respecto a otros guardametas. Inclusive, en su vieja redecilla con Juan Pablo II sumó a los cuestionamientos por el desborde de oro en el Vaticano la condición de arquero juvenil de ese Papa; una suerte de estigma de crucifixión.

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Acaso, Maradona, como maestro de los aforismos, logró condensar en aquella pregunta algo mucho más amplio y más complejo: el arquero es aquel que en algún momento de su vida —en general en la niñez— prefiere evitar los goles en lugar de hacerlos. Un deseo inverso y necesariamente contrapuesto al de la mayoría. El arquero, además, es el que se viste distinto y el único jugador que tiene permitido agarrar la pelota con la mano. Alguna vez lo consultaron a Carlos “Chiquito” Bossio, aquel arquero de Estudiantes de La Plata y de paso fugaz por la Selección, qué sentía cuando Maradona los definía de esa forma. “Por ahí te duele un poquito, pero tiene algo de cierto: el arquero es el boludo que la tiene que ir a buscar adentro”, dijo.

En un juego de imaginación, es previsible suponer qué hubiese contestado Maradona respecto a la presidencia de Javier Milei. La afición por el arco del actual jefe de Estado probablemente hubiese sido contemplada en la valoración del Rey del Fútbol. Y, quizás, algo de aquella formación bajo los tres palos se traslade a sus modos de administrar la cosa pública.

Milei no llegó a ser arquero profesional, pero tuvo un paso por las divisiones formativas de Chacarita y también por un equipo no federado de San Lorenzo, donde llegó a jugar algunos partidos en ligas paralelas. Algunos de sus excompañeros de la categoría 70, quienes le decían “El Loco” —años de Hugo Orlando Gatti en plenitud—, lo definieron como un arquero que no dudaba en tirarse de cabeza a cualquier pelota.

"Hay que estar medio loco"

“El martes no fue a entrenar y el miércoles tampoco. El jueves, cuando lo encontraron caminando por las vías del tren estaba hablando solo y lo seguía un perro con el rabo cortado”. Osvaldo Soriano, en su célebre cuento El penal más largo del mundo, retrata la figura del Gato Díaz, el arquero que tarda una semana en atajar un penal, motivado por una promesa amorosa finalmente incumplida.

Tenés que ser medio loco para ser arquero, y tener una personalidad especial”, señaló en diálogo con Ámbito Carlos Castagneto, actual diputado nacional y extitular de la AFIP. Castagneto tuvo una extensa trayectoria bajo los tres palos. Debutó en Gimnasia de La Plata, fue arquero de San Lorenzo en los años ochenta y defendió la valla de equipos de Colombia, Chile, Perú y Paraguay.

Si bien no lo considera un “par” a Milei por no haber sido arquero profesional, accedió a mencionar algunas de las cualidades que trasladó del área grande a la gestión política. “Desde el arco ves todo, fortaleza y debilidad de cada compañero. Si sos lento no te puedo tirar largo; si sos habilidoso… va al pie. En el arco sos un segundo DT”, explicó el dirigente peronista, referenciado en Kolina. “El arco te marca, tenés que medir los tiempos y no podés fallar, como el Presidente. Puede fallar el ministro, no el Presidente”, agregó. No obstante, no ve esas cualidades en Milei. “El arquero tiene que medir los tiempos, saber cuándo tiene que cortar un centro y quedarse en el piso o cuándo apurar. En eso Milei, nada. Parece más un marcador central”, añadió.

Otro político con paso por el arco es el legislador porteño del PRO Waldo Wolff. Exdiputado nacional y con pasado reciente a cargo de la cartera de Seguridad de la Ciudad, defendió el arco de Atlanta, Deportivo Italiano e Ituzaingó y terminó su carrera futbolístiva en el exterior. De buen vínculo con Milei, Wolff hizo un análisis donde trastocó el orden causal: para el legislador, arquero se nace, y Milei no es que tiene ciertos rasgos emocionales por haber sido arquero, sino que fueron esos mismos rasgos los que lo llevaron a calzarse buzo y guantes.

“No tiene ciertas características porque es arquero. En realidad, porque tiene ciertas características, es arquero. Y yo identifico en Milei las características del puesto. Primero, mucha personalidad. Te la tenés que bancar porque estás solo, porque atrás no tenés a nadie. Te das vuelta y tenés la red”, expresó. Esa idea de soledad aparece en la carrera política de Milei: llegó al poder sin un partido que aporte cuadros, y con el sostén emocional de su hermana Karina, una suerte de entrenador personal. Sin hijos ni pareja estable, se trata de un Presidente que hace culto del personalismo, y que absorve el costo, positivo o negativo, por los resultados de una gestión. Fue elegido más por su carisma que por la estructura.

El hijo de Wolff, Marco, también es arquero profesional: juega en el Hapoel Beer Sheva de Israel, que al cierre de esta nota tenía por delante un partido decisivo para ingresar a la Champions League. Inclusive, durante una visita de Milei a ese país, el Presidente fue a verlo y le regaló una camiseta.

“Cuando atajaba, se convertía. Era ponerse la camiseta y hacer locuras adentro del arco, se tiraba de cabeza, cosas que decías ‘este tipo está completamente loco’”, mencionó un jugador de aquella categoría 70 de Chacarita a Infobae. Algunos lo recuerdan introvertido de la línea de cal para afuera. Otro jugador que compartió equipo con Milei en San Lorenzo, quien prefirió el anonimato por ser empleado público —desde hace varias gestiones—, lo recordó como “un arquero volador”, de condiciones medias y al que lo condicionaba la baja estatura. “Buen tipo, estaba en un grupo de WhatsApp, pero se fue cuando empezó la campaña”, mencionó a Ámbito.

Más allá de haber forzado al Cholo Simeone a que asintiera —por complacencia, quizás— en el recuerdo de un partido de juveniles Chacarita vs. Vélez, no quedan registros del Milei arquero. Excepto un partido de un torneo universitario en cancha reducida, en ese formato de los noventa con paredes al estilo hockey para que la pelota no se fuera al lateral. Al actual Presidente le hacen varios goles, aunque en rigor muestra cierta técnica y determinación para salir a romper. Es cierto, el delantero rival se la pisa, lo hace pasar de largo e inexorablemente la va a buscar adentro del arco. Varias veces en cuestión de segundos. Pero así es el puesto, vale decir.

La relación con el error

Si hay algo en lo que todos coinciden es en que el arquero tiene una relación singular con el error. Según Wolff, un aspecto clave es la resiliencia: “Hay que recuperarse rápido de un transpié”.

Agustín Lavagnino trabaja en Sarmiento de Junín desde 2015. Es el psicólogo de las divisiones inferiores y también de la Reserva. También dio cursos en escuelas de arqueros. Y sobre ese aspecto menciona una cuestión particular: “Es un puesto de exposición alta. Puede ser que no toquen la pelota y la primera sea gol. Tienen que trabajar la tolerancia a la frustración y a convivir con un error. A algunos les cuesta tener esa fortaleza mental”. Lavagnino prefiere evitar cualquier comparación con el Presidente, por una lógica responsabilidad profesional.

También coincide Hernán Erario, entrenador de arqueros, actualmente en Tigre, pero formador de profesionales que eligen perfeccionar su técnica de forma individual. Por caso, fue el entrenador personal de Orlando Gill antes de su participación con Paraguay en el Mundial 2026. “La resiliencia es un factor clave, como la capacidad de adaptación positiva ante la adversidad o ante situaciones de estrés, como por ejemplo un gol o una lesión o una noticia no esperada”, dijo a este medio.

En la praxis política, Milei no suele ser autocrítico. Al menos ante la opinión pública. Prefiere mirar hacia los costados cuando las cosas no salen como esperaba y señalar a quienes marcan diferencias. Los kukas, las ratas del Congreso, los degenerados fiscales, la casta —ya poco utilizada—, los periodistas ensobrados, los empresarios prebendarios, entre otros, aparecen en el menú de culpables ante una derrota política o incluso ante un problema económico. La relación de Milei con el error aparece más como negación que como aprendizaje, y La Libertad Avanza, en ese sentido, es una fuerza política capaz de hacerse goles en contra en partidos tranquilos. Pero, a su vez, el Presidente suele ponerse al frente y no le escapa a la responsabilidad de tomar la iniciativa ni a las decisiones arriesgadas.

Por su parte, Castagneto agregó: “No te perdonás equivocarte. Yo no me perdonaba en la gestión errarle a una coma, siempre busqué el perfeccionismo. Y el olfato para ver quién te quiere cagar; porque al rival lo estudiás”, dijo, con una mueca de sonrisa.

Carlos Castagneto, en sus tiempos de arquero de San Lorenzo. Después llegó la gestión pública.

En la literatura, el mexicano Juan Villoro ahondó en esos detalles en el texto ensayístico El último hombre muere primero, que parte del suicidio del arquero alemán Robert Enke en noviembre de 2009. Analiza la particularidad de los arqueros alemanes, a quienes se les asigna un peso mayor en los designios deportivos, al tiempo que, por naturaleza, no se permiten la excentricidad para escapar de las presiones. “El número 1 de Alemania suele ejercer un inflexible liderazgo. Sepp Maier, Harald Schumacher, Oliver Kahn y Jens Lehmann se han ubicado entre los tres palos con seguridad de decanos de la custodia. Los porteros alemanes envejecen como si la jubilación no existiera y los años brindaran energías”, escribió el mexicano, sin conocer en ese entonces a Manuel Neuer, acaso el mejor de la historia en el puesto.

El hombre de los guantes no puede distraerse. Su puesto se define por el error posible. ‘Quisiera ser una máquina’, dice Schumacher. ‘Me odio cuando cometo errores. ¿Cómo podría combatir si me importara un carajo el resultado? Vivimos en una enorme fábrica. Cuando no funcionas, el siguiente te reemplaza. Supongo que sólo la muerte cura las depresiones’”, retomó Villoro declaraciones del arquero alemán en México 86.

Milei no es alemán, pero el político electo vive bajo esa presión: si no funciona, el siguiente lo reemplaza.

Ver lo que todavía no pasó

Erario, que entrenó a arqueros como Carlos Lampe, Rodrigo Rey y Mauricio Arboleda, advierte que su análisis es subjetivo, pero identifica características comunes a quienes pasaron por las divisiones formativas de clubes de AFA. En ese sentido, destacó otras capacidades que pudo haber trasladado del arco a la gestión, además de la resiliencia. Mencionó el liderazgo, la confianza en sí mismo, la obsesión por el detalle —también mencionada por Castagneto—. “Es importante la visualización, hacer visible algo que no se ve a simple vista, a veces formando una imagen mental del proceso, a veces planteando escenarios posibles”, señaló Erario. Tal vez sea una de las características centrales para un político reformista como es Milei, más allá de si el horizonte imaginado termina coincidiendo con el real.

También destacó “la velocidad de reacción y la capacidad de concentración” como aptitudes de un arquero formado en clubes de AFA. “No le veo la frialdad ni la concentración”, sostuvo Castagneto sobre ese punto, quien insistió en la necesidad de "estudiar al rival", en el fútbol y en la política.

Como el Gato Díaz, de aquel cuento de Soriano, cuando pensaba en el penal: “Constante Gauna los tira a la derecha (…), pero él sabe que yo sé”. “Entonces estamos jodidos”, le respondieron. “Sí, pero yo sé que él sabe —dijo el Gato—”. “Entonces tírate a la izquierda y listo —dijo uno de los que estaban en la mesa—”. “No. Él sabe que yo sé que él sabe —dijo el Gato Díaz y se levantó para ir a dormir—”.

“En el ‘Test de Toulouse’, de percepción visual y atención sostenida, a los arqueros les da un puntaje alto, a diferencia de los jugadores de campo. Lo mismo con la confianza y la concentración, que van de la mano. Una distracción termina afectando la confianza y la ejecución”, comentó Lavagnino.

“Tuve arqueros y los tengo, de Reserva a Novena. La mayoría son bastante intelectuales, comparten lecturas, les interesa hablar, tienen una escucha activa. Se interesan por mejorar, afuera del horario buscan continuar su entrenamiento agregando trabajos cognitivos, visión periférica. El nivel intelectual y cognitivo es alto, similar a un jugador de básquet”, aseguró el psicólogo de Sarmiento.

"Bancársela"

La cualidad de “bancársela” aparece como una constante. “Veo en él mucha personalidad, es seguro de sí mismo. Es de bancársela. Eso es lo que veo de común denominador a los arqueros. Y creo que Milei lo tiene, sin ponderar después cuestiones valorativas, si a uno le gusta más o menos. Igual para mí son virtudes”, aseveró Wolff.

Waldo Wolff y su pasado de arquero en Atlanta.

Castagneto también lo expresa: “La presión la bancaba solo, hacia abajo la absorbía yo. Ante la presión, yo estaba frío para resolver. Del fútbol y del arco me bancaba la presión y no la trasladaba al equipo. Son habilidades que tuve cada vez que ocupé un cargo: trabajar en equipo”, dijo. Y agregó: “El hecho de estar en un arco y tener 30 mil personas a favor o en contra atrás tuyo requiere concentración. Para eso hay que tomar decisiones, entrenar mucho, estudiar bien al rival -insistió-”.

Milei, en ese sentido, respaldó a miembros de su gabinete incluso cuando pagó costos políticos elevados, como ocurrió con Manuel Adorni. También elogia —¿sobrevalora?— a sus funcionarios. “Coloso”, “el mejor de la historia”, y un largo etcétera.

El psicólogo Lavagnino mencionó: “Por eso hay arqueros con mucha personalidad, como Navarro Montoya, Gatti, Chilavert o el Dibu. Igual ese estilo extrovertido, temperamental, en los juveniles no lo veo tanto. Eso hay que trabajarlo, para que logren con autenticidad, sin simular algo que no son”.

En ese aspecto, si Milei tuvo desde el comienzo un activo valorado por la sociedad fue la autenticidad, un eje que aparecía ya en las encuestas de 2023; encuestas que dan a la baja en 2026 pero por otros motivos.

Pero acaso haya algo anterior a la personalidad, la concentración, la resiliencia o la capacidad de soportar la presión. Algo más elemental para quien decide pararse bajo los tres palos: saber que todo puede reducirse a una pelota y que, cuando termine el partido, esa pelota puede ser lo único que los demás recuerden.

Soriano lo entendió antes y mejor. Después de una semana de espera, el Gato Díaz finalmente ataja el penal de Constante Gauna. Tiempo después, ya retirado y sin el amor correspondido, le hacen un gol de penal, en un baldío. “Bien, pibe —me dijo—. Algún día, cuando seas viejo, vas a andar contando por ahí que le hiciste un gol al Gato Díaz, pero para entonces ya nadie se va a acordar de mí”.

La literatura, como tantas veces, aporta algo de claridad conceptual, más no sea desde la ficción. No solo es miedo al error. También es miedo al olvido.

El bronce o el barro. Vaya uno a saber.

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