5 de abril 2005 - 00:00

Misa antes de partir

Persistiendo en su ausencia a todo acto vinculado a la muerte de Juan Pablo II -no irá a los funerales en el Vaticano, como sí lo harán Bush y Lula da Silva-, Kirchner tampoco asistió ayer a la misa exequial rezada en la Catedral por el cardenal Jorge Bergoglio -quien va a Roma para elegir o ser elegido Papa-. Asistieron, en cambio, el vicepresidente, Scioli; la senadora Cristina Fernández de Kirchner; y los ministros Lavagna y Aníbal Fernández. También lo hicieron Solá; el secretario de Culto, Oliveri; el ex presidente Raúl Alfonsín y el juez de la Corte Antonio Boggiano, entre otros.

La Catedral porteña se vio ayer debordada cuando el arzobispado de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Bergoglio, presidió la misa exequial por Juan Pablo II.
La Catedral porteña se vio ayer debordada cuando el arzobispado de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Bergoglio, presidió la misa exequial por Juan Pablo II.
Ante una multitud poco usual en ceremonias religiosas, que colmó la Catedral porteña y obligó a poner pantallas sobre la calle Rivadavia, que terminó cortada al tránsito, el cardenal primado y arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio -junto a obispos auxiliares y el clero regular porteño-, encabezó ayer en la Catedral metropolitana la celebración de una misa por el fallecido Juan Pablo II.

Fue particularmente significativo, durante la homilía, el cerrado y espontáneo aplauso que arrancó Bergoglio de los asistentes cuando, refiriéndose a «la coherencia» del trabajo y pensamiento del Santo Padre desaparecido, subrayó que «nunca mintió; nunca engañó». Los aplausos provocaron una pausa en el mensaje, después del cual el cardenal reiteró que Juan Pablo II «fue un hombre sin doblez».

Con gesto severo, Bergoglio recordó al fallecido Papa como «un gran coherente» y destacó que la coherencia «no se compra, no se estudia en ninguna carrera. La coherencia se va labrando en la adoración, con la rectitud y conducta». Agradeció que Juan Pablo II «haya terminado su vida siendo simplemente un testigo fiel».

Fueron muchos los que trataron de distinguir, entre quienes estaban en las primeras filas de los bancos, quiénes habían concurrido a llevar la representación del gobierno, imaginando destinatarios de los aplausos y de las palabras del cardenal.

De un costado de la Catedral se ubicó el vicepresidente de la Nación, Daniel Scioli; la esposa del Presidente y senadora nacional, Cristina Fernández de Kirchner; los ministros del Interior y de Economía, Aníbal Fernández y Roberto Lavagna respectivamente; y detrás, aunque sobresaliendo por su estatura, el ideólogo del kirchnerismo, el transversalista Carlos Kunkel; y el secretario de Culto, Guillermo Oliveri. A su lado estaba la vicegobernadora bonaerense, Graciela Giannettasio, visiblemente distante y separada del gobernador, Felipe Solá, que se ubicó en el otro lado del pasillo central. Junto a éste pudo verse al ex presidente Raúl Alfonsín, lo mismo que al vicepresidente de la Legislatura porteña, el macrista Santiago de Estrada.

• Masacre fratricida

La diputada nacional (PJ) Marina Cassese también logró entrar, lo mismo que los legisladores porteños Jorge Enríquez y Diego Santilli, el aún juez de la Corte Antonio Boggiano; el esposo de Giannettasio, Miguel Saiegh; y la empresaria María Teresa Fernández González, a la que se vio cruzar por debajo de un cordón que limitaba el paso. En cambio, el que no pudo ingresar por impedírselo la multitud fue el jefe de la Armada, almirante Jorge Godoy, que, resignado, se retiró.

Bergoglio
volvió a arrancar aplausos cuando recordó que fue el papa Wojtyla quien evitó, con una mediación prácticamente sobre la hora, una guerra con Chile,-a fines de 1978, cuando hacía poco que lo habían elegido Pontífice. «Nos salvó de una masacre fratricida», señaló el primado, recordando aquel hecho que ligó para siempre la gestión del Papa con la Argentina. Una Buenos Aires que Juan Pablo II visitó en 1982, en plena guerra con Gran Bretaña por las islas Malvinas y a la que volvió años después -aunque esta vez recorriendo el país-, ya restaurada la democracia y en el gobierno de Alfonsín.

No es un misterio que
Bergoglio aparece en las listas de «papables» que circulan en el Vaticano y es mencionado en comentarios de importantes diarios del mundo. Sin embargo, el primado argentino manifestó su malestar por esas consideraciones, a través de su vocero, el presbítero Guillermo Marcó. «No alentamos esas versiones. Es más, las hemos desalentado. Son todas conjeturas y al cardenal Bergoglio le molestan bastante. La Iglesia no hace futurismo», comentó Marcó.

Ante la pregunta respecto de cuándo viajará a Roma Bergoglio -que forma parte de los 117 cardenales que tendrán a su cargo la elección del sucesor de Juan Pablo II-,
Marcó señaló que el arzobispo de Buenos Aires recién lo hará después de presidir un encuentro por la educación, que se realizará mañana en la Catedral porteña. «No tiene una fecha resuelta para hacerlo», subrayó el flamante vicario para la educación universitaria.

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