19 de diciembre 2005 - 00:00

Moyano se rezagó en la carrera de halagos "K"

Gerardo Martínez, Néstor Kirchner, Alberto Fernández y Hugo Moyano durante el acto sindical realizado en  Obras. El gobierno se comprometió a destinar a los afiliados de la UOCRA 10% de las viviendas que se  construyan en el país.
Gerardo Martínez, Néstor Kirchner, Alberto Fernández y Hugo Moyano durante el acto sindical realizado en Obras. El gobierno se comprometió a destinar a los afiliados de la UOCRA 10% de las viviendas que se construyan en el país.
El pensador español Julián Marías, fallecido el viernes pasado, escribió que «el autoritarismo de un régimen político puede medirse por el nivel de obsecuencia que demanda». Si fuera por las declaraciones de algunos dirigentes del oficialismo actual, el de Néstor Kirchner sería el gobierno de Josef Stalin. Hay que mencionar en la primera posición a Aníbal Fernández, el ministro del Interior, quien dijo que el pago de la deuda con el Fondo Monetario Internacional es la medida de gobierno más importante que se tomó en 100 años. Frente a ese dato estadístico -que revela el desconocimiento de Fernández sobre lo que acaba de hacer su gobierno o sobre lo sucedido durante el último siglo-, cualquier otro elogio empalidece.

Es lo que le sucedió a Hugo Moyano el viernes, cuando se encontró con Néstor Kirchner en el acto que Gerardo Martínez, de la UOCRA (Construcción), realizó en Obras Sanitarias. Varios testigos registraron que el trato del Presidente con el sindicalista de la CGT no fue tan caluroso como de costumbre. Y eso que Kirchner está en estos días hecho una seda, como si el pago del Fondo hubiera tenido para él un efecto catártico.

Como suele suceder en la edad de oro de las presidencias, quienes rodean al poder miran los gestos de quien manda con lupa. Con el santacruceño pasa eso en estos días, como si su gestión atravesara el cenit. Martínez había montado un salón VIP para funcionarios y gobernadores, al lado de la cancha de hockey del club, en la que sus seguidores del sindicato agradecerían el gesto del Ejecutivo: 10% de las viviendas sociales que se realizarán durante el actual gobierno será para afiliados de su gremio. En esa sala VIP ingresó el Presidente minutos antes de presidir la fiesta de los albañiles. Casi no saludó a Moyano y se mantuvo lejos suyo durante el rato que duró esa reunión previa. Un trato distinto del que recibió José Luis Lingieri y, por supuesto, Martínez. El titular de la CGT casi no se acerca, distante. Curiosidades del humor «pingüino», tampoco Julio De Vido lucía cordial con el camionero esa mañana. Al llegar, directamente no lo saludó.

¿Cuál fue la razón de ese enfriamiento?, se preguntaron algunos de los presentes, entre quienes hubo gobernadores (Felipe Solá, Jorge Busti, Jorge Telerman, Julio Cobos, Gildo Insfrán, Angel Maza, Arturo Colombi, etc.), sindicalistas y empresarios. Al parecer, Kirchner no quedó conforme con que Moyano dijera que «el Presidente repitió lo que hizo el general Perón en los '50". Claro, esa comparación tiene sentidos distintos en los labios del sindicalista y en los oídos de Kirchner. Para Moyano se trata de un elogio mientras que para el santacruceño es una muestra de mal gusto: al Presidente actual no le gusta referenciarse en el fundador del PJ, es decir, en el antecesor que echó de la Plaza de Mayo a la «juventud maravillosa» de la que Kirchner formaba parte en 1974.

Sin embargo, no habría que buscar solamente en esta referencia histórica la molestia de Kirchner con Moyano. Tampoco cayeron bien en la Casa Rosada las expresiones del jefe de la CGT diciendo que «ahora hay que iniciar un período de redistribución de la riqueza», mientras alertaba sobre más conflictividad sindical el año próximo. El Presidente, igual que casi todo el gabinete, está inquieto con la inflación y ha comenzado a ver a Moyano como un factor que incrementa ese flagelo. La etapa según la cual al camionero se le permitía todo menos la presión sobre los sueldos del sector público parece agotada. Por eso causó malestar también ayer, en Olivos, el pronunciamiento según el cual con el pago al Fondo «se avanzó en la soberanía política y la independencia económica pero todavía falta la justicia social». «Esperamos que en 2006 comiencen a pagar también la deuda social que tienen con el pueblo y por eso seguirá habiendo presión para que suban los salarios, que es para lo que se crearon las paritarias», insistió Moyano.

• Improvisación

El líder de la CGT, dijeron a este diario allegados muy directos al Presidente, molestó con estas declaraciones. Pero también hubo hechos enojosos. ¿Qué necesidad tenía de que sus «custodios» se pelearan con movileros y camarógrafos de TV a la salida del Salón Blanco de la Casa Rosada el jueves, minutos después del anuncio de Kirchner? Hasta el propio camionero se irritó y atribuyó el problema a la improvisación con la que debió dejar al gobernador Solá, a quien visitó en La Plata, para concurrir a la Casa Rosada convocado de urgencia por el ceremonial de Presidencia. Intentó corregir el secretario general de la CGT el aspecto de su protocolo y el viernes, en Obras, apareció rodeado de « pecetos» (así se llamó siempre en los gremios a los «culatas») vestidos con saco azul y pantalón gris. Sin embargo, no consiguió modificar el temperamento presidencial: hubo que rogarle a Kirchner para que se saque una foto con su supuesto amigo.

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