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15 de abril 2020 - 00:00

Superemos la amenaza de una crisis globalizada

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Foto: Pixabay

Estamos viviendo, no solamente nosotros, sino también el resto de las naciones una importante crisis económica asociada directamente con una causa estrictamente sanitaria. El gran avance en este siglo de la globalización, que implica no solamente una creciente interdependencia comercial entre las naciones, sino también un importante aumento en la movilidad territorial de las personas, particularmente por el gran aumento del turismo internacional de la última década, movilizado por vía aérea y marítima.

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Por primera vez en las últimas décadas estamos enfrentando una gran recesión mundial provocada por una pandemia (Covid-19), que no solo tiene un gran costo en términos de vidas humanas sino también disminuye los empleos. Son millones quienes están confinados en sus hogares, sin poder atender presencialmente sus tareas laborales, también son millones de personas que están viendo disminuir de una manera acelerada sus ingresos y en muchos casos incluso el empleo.

Esta pandemia esta afectando gravemente los intercambios comerciales entre las naciones, por esta razón la OMC (Organización Mundial de Comercio) informa que este año se esta caracterizando por una importante reducción de las exportaciones, estimando que el comercio mundial podría reducirse entre un 13 y un 32%, magnitudes que serían las más elevadas desde la Segunda Guerra Mundial y aún mayor a la caída registrada durante la última crisis mundial en la primer década de este siglo. La tendencia actual también apunta a una reducción global del PBI, que treparía este año como mínimo al 4%, o sea el doble de la registrada durante la crisis financiera del 2007-2009. Por todo esto, no sorprende saber que este año se está registrando una disminución global en las emisiones de CO2, pero se trata de un fenómeno meramente transitorio.

El FMI esta alertando con respecto a la grave caída del nivel de actividad y de empleo, por eso sostiene que será necesario un estímulo fiscal extraordinario para evitar un daño económico duradero. La prioridad la tienen las medidas fiscales que priorizan de forma inmediata el gasto en atención sanitaria y a aquellos que lo necesitan, ya que las medidas de contención integrales, combinadas con un monitoreo temprano, reducirán la tasa de infección y la propagación del virus. También el FMI sostiene que más allá de estas acciones positivas en países individuales, con la propagación del virus se hace cada vez más necesario un estímulo fiscal coordinado y sincronizado a escala mundial, recordando que durante la crisis financiera mundial en la década pasada, el estímulo fiscal del G-20 ascendió a alrededor del 2% del PIB, o más de u$s900.000 millones en dinero de hoy, solo en 2009. Así pues, todavía queda mucho por hacer. También se propone que en las economías avanzadas, los bancos centrales deben seguir respaldando la demanda e impulsando la confianza mediante la flexibilización de las condiciones financieras y asegurando el flujo de crédito hacia la economía real.

Esta caída en el nivel de actividad y de empleo esta causando en los últimos meses una inesperada reducción en las emisiones contaminantes, ya que son muchos los países donde se vieron obligados a adoptar medidas que impactaron negativamente sobre la actividad económica. Un ejemplo lo encontramos en China, donde las emisiones de gases de efecto invernadero disminuyeron un 25%. No solamente se están reduciendo significativamente, por primera vez en el mundo las emisiones globales de CO2 sino también las emisiones locales de gases asociados con los vehículos. Esto ocurriendo ahora, no solamente en las grandes ciudades del hemisferio norte sino también en ciudades latinoamericanas como la de Buenos Aires. Pero es previsible que la reducción en las contaminación, provocada por la recesión económica global generada por esta pandemia será transitoria. En este escenario abatir las emisiones de CO2 será un objetivo prioritario.

Recuperar los niveles productivos perdidos por la recesión productiva y también recuperar los empleos perdidos exigirá medidas macroeconómicas, tanto fiscales como monetarias, que apunten a estos objetivos. Estas medidas deberían incluir un tratamiento orientado a la expansión de las actividades que contribuyan a reducir las emisiones contaminantes; destaquemos las siguientes actividades: nuevas tecnologías industriales con menos consumo energético, energías limpias (solar, eólica y hidroeléctrica), transporte publico urbano e interurbano, modernización de la industria automotriz para reducir las emisiones, modernización del ferrocarril de cargas, construcción de edificios con nuevas normas capaces de apuntar a la reducción del consumo energético.

Tengamos presente que las emisiones contaminantes se están acumulando de una manera acelerada alrededor de nuestra Tierra, y lamentablemente no existen tecnologías viables para abatirlas y todo indica que permanecerán por siglos. El mundo ya tiene la tecnología y los recursos para abatir las emisiones. Es posible que este Covid-19 nos permita visualizar un mundo más sostenible y amigable con nuestra Casa Común.

(*) Academia Argentina de Ciencias del Ambiente.

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