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15 de noviembre 2007 - 00:00

Música para camaleones

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Carlos Chacho Alvarez
El gobierno resolvió en la noche del lunes precipitar la publicidad del nuevo gabinete cuando se dio cuenta de que guardar como un secreto lo que ya se sabía le quitaba realce a la coronación de la nueva presidente. En las 48 horas anteriores varios voceros (todos del propio gobierno) aprovechaban los flancos débiles del método de para armarle a la señora un equipo de gobierno.

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La decisión de ese día fue adelantar nombres adoptando el método de otros mandatarios electos, como Daniel Scioli o Mauricio Macri, que pusieron a debate en los medios los elencos que designarán el 10 de diciembre en Buenos Aires y Capital Federal. Se los discutieron, les bajaron algunos, reforzaron a otros, en un juego que les saldrá gratis que también pudo inspirarles otras decisiones. Les permitió conocer, además, quiénes son amigos y quiénes enemigos, pero lo más importante es que achicaron las presiones sobre su decisión.

Ese modelo inspiró a Cristina de Kirchner cuando se quejó en la noche del lunes, junto a su marido y el jefe de Gabinete, de que era traicionada por su gente de confianza antes de asumir. Si el debate público continuaba hasta el 10 de diciembre, llegaría descuartizada a la jura y con los fastos de su coronación mezclados con el anuncio del nuevo equipo.

El gobierno era víctima a esa hora de la vieja manía de sorprender al público con novedades, una costumbre tercermundista; en democracias que funcionan, la gente deposita el voto sabiendo con qué gabinete y con qué programa gobernará su candidato. Nadie les paga el sueldo a los políticos para que lo sorprenda.

La designación de Cristina de Kirchner como sucesora, además, hacía previsible que no hubiera muchos cambios. Si los Kirchner hubieran querido algún cambio, habrían buscado otra forma de sucesión.

El dibujo que surgió de esas reuniones entre lunes y martes parieron un diseño previsible en donde Néstor Kirchner deja las huellas de su administración y prolonga a los ministros clave de su primer mandato.

JUVENTUD MARAVILLOSA

Alberto Fernández aparece como el proveedor de los cambios. Traduce la idea de Cristina de Kirchner de rodearse de jóvenes, que no sean jefes de banda ni territorio, que no sean santacruceños (o sea, que no hayan sido testigos de su pasado personal ni pueden aludir a la etnia pingüina ante los demás) y que les dan todo a los Kirchner. Eso significan los dos pases de la provincia de Buenos Aires, Florencio Randazzo (Interior) y Martín Lousteau.

El primero recibe una cartera de Interior vaciada de lo que la hace interesante, el manejo de la seguridad, que se lleva Aníbal Fernández a Justicia. Randazzo fue una de la estrellas del gabinete de Felipe Solá entre 2003 y 2005 como el armador de ese sueño que fue el felipismo. Movedizo, ocurrente y audaz como pocos, declinó cuando Kirchner señaló a los ex duhaldistas ( legisladores, intendentes) como sus referentes en Buenos Aires. La noche cuando Cristina de Kirchner ganó la senaduría, se preparaba junto a Solá a ocupar la sede del PJ provincial y desalojar al viejo peronismo. No lo autorizaron a hacerlo y recorrió desde entonces dos senderos. Primero, se internó en la Jefatura de Gabinete, donde cultivó la relación con Alberto Fernández. El otro fue el armado de lo único que deja Solá como armado político, la red de « organizaciones sociales» (es decir, ex piqueteros) que ha gerenciado Emilio Pérsico y que ahora busca nueva fortuna de la mano de Cristina Alvarez Rodríguez en el gabinete de Scioli.

Interior tendrá en lo formal las relaciones con las provincias y municipios, algo que en lo sustancial es responsabilidad de Julio De Vido y José López. A este ministerio vaciado le quedará el manejo de las elecciones. Randazzo puede llevar allí su experiencia en piqueterismo, sector que en Interior seguirá manejando Rafael Follonier, secretario de Provincias.

Entre los dos pueden aportar al armado del nuevo Partido del Gobierno, pero chocarán seguramente con lo que hará en el mismo sentido Alberto Balestrini, delegado de Kirchner para reorganizar el PJ.

Lousteau, otro joven con quien tratan de imprimirle a este gabinete Kirchner alguna señal de novedad, es otro felipista que se internó hace rato en la oficina de Alberto Fernández. Rápido, se impuso fácilmente en esos ambientes grises de la Casa de Gobierno. Representa el ideal del funcionario Kirchner: deslegitimado en origen, les prueba a los demás todo lo que puede ganarse entregándose al poder. Se formó en la Universidad de San Andrés para muy otra cosa que esta administración paleo-chavista y keynesiana. Viene de la vereda de enfrente (el estudio de Pedro Lacoste, fue asesor en el Central de Alfonso Prat-Gay, antes joven estridente en la fundación que compartían Francisco de Narváez y Mauricio Macri) intentará validar ante el mercado lo que haga Kirchner.

QUIEN TOMA LA PRESION

Otra designación de alguien sometido a la deslegitimación es Graciela Ocaña, que va a Salud. Se demora la fusión con Acción Social y se la premia por la dudosa gestión en el PAMI, apreciada por Kirchner porque bajó la conflictividad de esa institución en el pasado. No es seguro que los jubilados reciban hoy una mejor atención y es una de esas cajas con un oprobioso superávit, que en todo caso debería gastarse en mejorar la situación de los jubilados.

Así como Lousteau viene del mercado, adversario del gobierno, Ocaña viene del ARI de Elisa Carrió, que salió segunda en las elecciones presidenciales. Toda una aventura esto de que haya en Salud alguien que no es médico; hasta ahora, los ministros de esa área por lo menos le podían tomar a uno la presión. De paso, ¿perderá autonomía el PAMI con este pase de Ocaña? Nada más ingrato para los Kirchner que los entes autárquicos que están lejos de su lapicera.

NACE OTRO SUPERMINISTERIO

El pase de Aníbal Fernández es toda una novedad, porque con él nace un superministerio político de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos. Esta acumulación de policías, cárceles, jueces y fiscales y derechos humanos la soñó para sí Juan José Alvarez cuando fue ministro de Eduardo Duhalde. Se ocupará ahora Kirchner de rebajarle el bigote al ministro, seguramente acercando a Vilma Ibarra o María Laura Leguizamón a la Secretaría de Justicia, manteniendo a Eduardo Luis Duhalde en Derechos Humanos. Kirchner cree que Aníbal F. maneja bien a las fuerzas de seguridad en ese entendimiento de que gobernar es manejar a los empleados públicos (gendarmes, prefectos, federales, aeroportuarios). «Maneja bien a la Policía, que siempre es un problema», es el principal elogio que ha merecido, cuando en realidad debería ocuparse, antes que nada, de la seguridad de los ciudadanos.

LOS QUE SIGUEN

El mismo valor de contención de una corporación se le reconoce a Nilda Garré, que mantiene a los militares a raya, nunca admitiría que se acerquen al gobierno y dedica sus horas a mortificarlos con reformas y recuerdos. Se ocupa más de los militares que de la Defensa del país, cercado cada día más por una región que se arma ante hipótesis de conflicto también regionales (Venezuela-Brasil, Uruguay que moviliza tropas para proteger papeleras, etcétera).

Que siga Julio De Vido en Infraestructura no es novedad, salvo para quienes creían en el lema de que venía algún cambio. Kirchner lo considera la única persona en condiciones de manejar la maraña de negocios, subsidios y proyectos que están bajo su ministerio. Hay que atender con cuidado a los reproches de Cristina de Kirchner a la prensa por haber demonizado a su familia en Santa Cruz, algo por lo cual, ha dicho, los periodistas deberían rectificar. De Vido y su leyenda están en el centro de esas coberturas periodísticas que, dijo la senadora, fueron derrotadas en las urnas. Casi como decir que la elección del 28 de octubre echó por tierra las acusaciones que se le han hecho al ministro, que por ahora sigue conservando su inmenso poder, que es en realidad de los Kirchner.

Carlos Tomada confirmado en Trabajo prueba que en esta materia no tiene tampoco que ofrecer Cristina de Kirchner en su relación con los gremios. Encabezó la lista de diputados nacionales que armó Alberto Fernández para la Capital Federal creyendo que este abogado cegetista podría atraer votos. Reemplazarlo por Héctor Capaccioli era entregar demasiado poder al jefe de Gabinete, descartado que fuera antes un pase a este ministerio de Aníbal Fernández. De todos modos, la relación con el poderoso moyanismo la seguirán atendiendo, de acuerdo con la gravedad de los casos, Néstor Kirchner y Julio De Vido.

SALUDO A LA IGLESIA

El anuncio del ascenso de Juan Carlos Tedesco al Ministerio de Educación es otra señal cargada de sentido. Este antiguo burócrata de los organismos internacionales es -como Adriana Puigross o Daniel Filmus-un historiador de la Educación.

Equivale a designar a un relator deportivo en la Secretaría de Deportes. Ha envejecido escribiendo libros sobre «la educación del futuro» desde cargos internacionales en entes como la UNESCO de los cuales nadie espera ya nada en beneficio de la educación.

Sacia con eso la fascinación de Cristina de Kirchner por los organismos de ese tipo, uno de cuyos ejemplos es la admiración que tiene por otro campeón de la burocracia global, el sociólogo Bernardo Kliensberg, a quien rinde homenaje cada vez que viene al país como si se tratase de una visita papal.

Hablando del Papa, un desaire a la Iglesia es designar a Tedesco el mismo día cuando recibían los Kirchner al secretario del Vaticano, Tarsicio Bertone. Tedesco era el candidato de Chacho Alvarez y Graciela Fernández Meijide a ministro de Educación de Fernando de la Rúa. Llegó a la final, pero lo voleó la Iglesia, que lo consideró en aquella oportunidad un postulante poco deseable.

Lo reemplazó, con esa sutileza delarruista para manejar gabinetes, Juan Llach, un hombre ligado al Opus Dei (lo negará, claro) y a lo más rancio de la ortodoxia católica.

Tedesco tiene pasado radical y actuó como asesor de todas las reformas educativas que hubo en el país desde la década de los años 80: Como otros colegas de su gremio (Filmus, Osvaldo Devries), cada diez años proponen un cambio de lo que ellos mismos propusieron antes.

Su tarea será llevarse bien con el gremio docente, capacidad sobre la cual construyó su biografía política el saliente Filmus.

PREMIO AL TOMATE CHERRY

Otra señal al público es la creación del Ministerio de Ciencia. Lino Barañao es un químico de la UBA que maneja la Agencia de Promoción Científica, un ente poco conocido por el gran público que administra dinero del BID para desarrollar proyectos de investigación. Funciona a través de fondos (Foncyt, Fontar) para prestarles dinero a universidades y pymes con resultado que van a sorprender el día que alguien se ponga a ver con cuidado a qué se aplican. Es la «caja» de los científicos. Barañao acompañó a Cristina de Kirchner en varios viajes al exterior, particularmente el último a los Estados Unidos. Fue junto con Héctor Timerman quien organizó la reunión con investigadores y la senadora en el consulado de Nueva York en donde la presiente electa discurrió sobre la biogenética del tomate cherry (su menú habitual en ensaladas) y la sexualidad de las aves silvestres.

Es un mensaje al público sobre el país que ella quiere, exportador de alta tecnología (ya no dice que le gustaría que fuese como Alemania, frase que irritó a algunos sectores). Debería decírselo a los gerentes principales del sistema científico, que son el secretario de Ciencia y Técnica, Tulio Del Bono, ex rector de San Juan y delegado de los Gioja en el gobierno nacional. Otro es Hugo De Vido, un técnico del Conicet (es decir, auxiliar de los científicos de carrera), cuyo vínculo fraternal con el ministro de Infraestructura lo ha llevado a la Secretaría del Consejo Federal de Ciencia, que es desde donde se reparten, también merced a un De Vido, los fondos de investigación para las provincias y universidades del interior. Que siga Jorge Taiana en la Cancillería es menos importante que los cambios en los embajadores políticos que cesan el 10 de diciembre, más de una veintena. A ese lote se sumará el año que viene el retiro por jubilación de una vieja guardia diplomática en la que figuran jefe de las diversas líneas de la Cancillería. Entre ellos, Juan Archibaldo Lanús, Raúl Estrada Oyuela, Federico Mirré o Fernando Petrella. Taiana es uno de los predilectos de Cristina de Kirchner para mostrarlo como el más eficiente de los setentistas del gabinete.

Sin palabras sobre la confirmación de los secretarios Carlos Zannini y Oscar Parrilli, aunque sobran las especulaciones sobre otras secretarías presidenciales en las que puede haber cambios antes del 10 de diciembre.

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