No consigue Kirchner revertir visitas tormentosas a su tierra
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Una vez más, la presencia de Kirchner en Santa Cruz fue enmarcada por los disturbios.
El jefe de Gendarmería de Santa Cruz, Roberto Caserotto, confirmó que sus subordinados actuaron para abrir paso a militantes kirchneristas, pero intentó justificar el accionar apuntando que los manifestantes fueron «muy agresivos» con los agentes e informó que «hay tres o cuatro gendarmes heridos, en particular, el jefe del móvil».
Por su parte, aseguró que «se actuó con conocimiento de la Fiscalía Federal y de la Justicia», dando una versión contrariaa la de la jueza federal Eva Parcio, quien afirmó no haber dado orden de reprimir o de detener a nadie.
Tras los disturbios, el ministro del Interior, Aníbal Fernández, ordenó al director de Gendarmería Nacional, Héctor Schennone, «detectar» y «dar de baja» al personal que disparó balas de goma contra los manifestantes. Finalmente, fueron separados de la fuerza el jefe del operativo, el comandante principal Raúl Mesa, y el agente que efectuó los disparos, cuyo nombre no trascendió.
Los disturbios de la mañana derivaron en el atardecer de la caliente capital provincial en una tensa movilización de repudio de la combativa Mesa de Unidad Sindical, que se convirtió en desprolija y poco conveniente antesala de la proclamación electoral.
Frente al delicado terreno, el crítico obispo de Río Gallegos, Juan Carlos Romanín, denunció -en un comunicado que se leyó en la concentración- que «la metodología de querer acallar al pueblo por la fuerza está instalada en Santa Cruz».
Las malas noticias emanadas desde el norte provincial amenazaron con hacer peligrar el viaje del Presidente a Santa Cruz (para su fortuna, Cristina Fernández culminaba su aséptica gira por Europa).
Sin embargo, apurado por los tiempos electorales (el sábado el candidato del PJ disidente a la presidencia, Alberto Rodríguez Saá, se lanzará en la tierra K), Kirchner se animó a desafiar el mal clima porteño y se subió al Tango 01 que lo depositó pasadas las 19 en la capital provincial.
Poco después de los disturbios, se apresuró Peralta a mostrar una inmediata reacción pública (ver aparte).
En sintonía, sugestivamente algunos de los militantes kirchneristas que viajaban en los micros interceptados por el piquete salieron a repudiar el operativo de Gendarmería y a aclarar que trataron de evitar el avance de los efectivos, en un intento de despegar al kirchnerismo de los incidentes.
En ambos casos, la estrategia oficial local apuntó a trasladar toda la responsabilidad a los gendarmes y a la Justicia.
En la otra vereda, desde el gremio de los docentes Adosac enfatizaron que pese a que la medida de fuerza en Caleta Olivia se desarrolla desde hace más de 25 días, el desalojo se produjo «curiosamente» ayer, «para lograr que un grupo de militantes del Frente para la Victoria pudiera pasar».
Parecen acumularse las « fatalidades» -como suele justificar el kirchnerismo- en la carrera del matrimonio presidencial.
La de anoche en Río Gallegos fue una postal riesgosamente parecida a la que se convirtió el pasado 17 de agosto en telón de fondo de la irracional embestida del ex ministro de Gobierno y ultra-K Daniel Varizat -al volante de una Grand Cherokee- sobre una veintena de manifestantes, que le deparó ya un procesamiento con prisión preventiva, por el cual permanece detenido. A pocas cuadras de allí, la pareja presidencial intentaba vanamente presentar a su candidato (quien reemplazó en mayo pasado al renunciado Carlos Sancho) en el mismo complejo deportivo.
No antojadizamante, por la tarde el crítico ex kirchnerista y hoy candidato a gobernador, Eduardo Arnold, pidió que se suspenda el acto de anoche, para evitar hechos más graves «que nos vuelvan a tener a un paso de tener víctimas fatales».
Signo de la profundización de la crisis social y política desde marzo pasado en tierra santacruceña, con los docentes como punta de lanza, los debuts formales de los candidatos kirchneristas parecen estar destinados a quedar opacados por el descontrol. Bien lo sabe la primera dama, quien pretendió estrenar su condición de flamante candidata presidencial en Santa Cruz el pasado 20 de julio. Pero ni siquiera pudo hablar en el acto en Puerto Santa Cruz, demudada por la horda de activistas que por esas horas quemaban plantas pesqueras en Puerto Deseado, en el marco de un conflicto salarial y una interna sindical.



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