24 de abril 2008 - 00:00

No lean mis labios

Vuelve cansado Néstor Kirchner a la casita peronista, debuta como jefe partidario para cuestionar al campo hoy en Ezeiza.

Néstor Kirchner.
Néstor Kirchner.
Como en el tango, frustrado por otras exploraciones (transversalismo, concertación), Néstor Kirchner regresa hoy al peronismo que tanto le costó asumir durante su gobierno y gracias al cual su esposa pudo llegar a la Presidencia. Estreno como jefe partidario en Ezeiza, sobre la Ruta 205, y con la pompa y escenografía que más desprecia el progresismo que aún rodea al ex presidente: será anfitrión el intendente Alejandro Granados y su esposa Dulce, dueños de la estancia La Celia y del restorán El Mangrullo, quizá los mayores devotos de Carlos Menem en su momento y, luego, como corresponde, de Eduardo Duhalde. Pareja bonaerense que, inclusive, casi no llega a horario para incorporarse al último vagón del tren kirchnerista de hace cinco años. A regañadientes, los Kirchner los dejaron subir, hoy los Granados son principales figurasdel espectáculo oficial. «Estos son los míos», les dirá. Pero no lean sus labios.

No sólo por los antecedentes de carnicerodel intendente, Kirchner hablará hoy de carne, trigo, leche y soja, desempolvará el Perón de bolsillo para la oligarquía e insistirá en la lucha por la inclusión social, la distribución del ingreso y el apotegma de que los ricos les deben devolver algo a los pobres. También dirá que pelea las retenciones móviles como si fueran la recuperación de las Malvinas, cuando sólo es una simple cuestión de precios. Frases inolvidables, características, aunque debe recordarse que alguna vez sostuvo -en España- no lean mis labios. Defenderá, claro, la hasta ahora poco afortunada administración de su esposa y, no sería improbable, hasta puede insistir en un complot de multinacionales e idiotas útiles en contra de ella. Un estilo conocido, bordeando el riesgo, casi como el General cuando, unos cuantos años más tarde en su exilio madrileño, reconoció que se había dejado llevar por la furia en su arenga de cinco por uno (no va a quedar ninguno).

Público peronista (más de 2.000 almas, Granados alguna responsabilidad tiene sobre la hinchada de Tristán Suárez) para cantar victoria, y la nueva guardia de corps que lo asiste en Puerto Madero (un bisoño peronista Daniel Scioli, otro experimentado, Hugo Moyano, y un tercero que aprendió a amar al partido repartiendo subsidios en la provincia, Julio De Vido). De JP ni hablar, de Montoneros nada, no lean mis labios.

Quienes en el oficialismo piensan distinto deberán mirar la fiesta por TV.

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