24 de octubre 2005 - 00:00

Nuevos candidatos para 2007, fruto del resultado

Si lo de ayer era una semifinal para la lucha por todos los títulos de 2007, la pugna presidencial, está claro que unos quedaron postergados (Ricardo López Murphy, Elisa Carrió) y otros siguen en carrera (Mauricio Macri, Hermes Binner). Por citar a dos sectores característicos de la sociedad política. Mientras a Eduardo Duhalde lo acompañaron hasta la entrada al cementerio y Néstor Kirchner se arrimó hasta las puertas del Paraíso con una escolta contratada.

Entonces, uno se retira de las grandes ligas, aunque cobrará como influyente en los próximos años y, el otro, venciendo pero sin poder arrasar ni plebiscitarse -salvo en dos distritos casi obvios, Santa Cruz y Buenos Aires- para aspirar al 2007 como primera minoría deberá ganar o comprar nuevas adhesiones.

Tiene hoy un capital insuficiente, una manta corta: difícil que insista ya con cederle la sucesión a familiares o delfines -jamás, aseguran sus íntimos, le asignaría responsabilidades ejecutivas a su hoy exultante esposa-, deberá él mismo encabezar y personalizar ese propósito de reelección dejando además la utopía del movimiento propio (recluta menos de lo que pierde) para volver por obligación al encierro de un peronismo robusto en todo el país, del cual seriamente nadie sabe si le valió la pena aislarse.

Tremendo esfuerzo el presidencial para los próximos dos años: con los números de ayer, en una segunda vuelta, frente a un rival presentable (no un Duhalde o un Braden), por sí mismo le costará renovar su mandato. Se refugiará por lo tanto en el PJ, naturalmente, ya que en la suma de varios distritos, ese llamador con rostros y rótulos diversos atesora 60% de los votos. Podrá Kirchner excluir a mínimos y devaluados peronistas, consentir la continuidad de otros, pero él mismo también revisará actos, declaraciones y actitudes de los últimos meses. Y, sobre todo, conductas. Es que, aun como jefe, deberá encuadrarse a los intereses del aparato que dice repudiar. Y unificarlo, ya que de ese núcleo se insinúan varias ofertas para la Casa Rosada: Adolfo Rodríguez Saá, Juan Carlos Romero, eventualmente José Manuel de la Sota.

• Alternativa victoriosa

Enfrente, un Macri que quizás ni se atrevía a imaginar un nuevo sueño presidencial, ya rechazado por él en 2003. El empujón de los resultados de la víspera, sin embargo, lo coloca en dificultades para eludir otra vez esa candidatura. Ha quedado como alternativa victoriosa de una franja tradicional del electorado, no sólo porteña, y sin resistencias en ciertas fracciones del justicialismo. ¿Urdirá enlaces con ese sentido o dejará que otras personalidades -como Jorge Sobisch, otro ganador en Neuquén y tal vez el único que amenazaría opacarlo- se perfilen por él, mientras se recluye al distrito porteño en espera de otra década? Tema de análisis para la múltiple variedad de asesores que lo rodean, hoy convencidos de que sus consejos le valieron al ingeniero la primacía en la Capital. Y para él mismo, más deseoso de luchar por una Libertadores que por una Copa del Mundo.

A su vez, la izquierda o el socialismo se quedó sin postulante femenina, aunque ella parecía irreemplazable y triunfadora. Se atascó Elisa Carrió en los aprontes, no puede argüir falta de publicidad en los últimos días (se la aportó, a la inversa, el propio gobierno, al denunciarla con la misma medicina que ella utilizaba en tiempos de las «cajas») ni de desprejuicio ideológico por ampliar su espectro de apoyo (al incorporar los Olivera o las Anchorena). Se hundió ella y, a cambio, surge nítido el santafesino Hermes Binner, quien además captura voluntades radicales: han ido asociados en la provincia y, como la UCR está sin liderazgos y con 5 provincias a cargo, ese acuerdo podría extenderse luego en todo el país. Los dos parecen necesitarse, uno la cabeza, el otro el cuerpo.

Así descripto parece el posible cuadro de aspirantes para la presidencial de 2007 después de las urnas de ayer: tres formaciones dominarían esa competencia. Como tantas veces en el país, inhibiendo quizás la consolidación de esa tendencia mundial que, políticamente, divide a las naciones en centroderecha y centroizquierda. Para que eso ocurra, quizás no debiera existir el justicialismo o que Kirchner fracase en su futuro operativo de reunirlo como partido. Aunque no es imaginable tamaña incompetencia, ya que la máxima -mandar porque lo aman o porque le temen, más la dádiva generosa- es lo que mejor le sienta al peronismo.

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