CGT muerde el anzuelo de Cristina y pide blindar a las obras sociales

Política

Una frase de la vicepresidenta bastó para suspender el receso veraniego de los sindicalistas que temen una injerencia estatal mayor en sus prestadoras de salud.

La CGT recogió el guante de Cristina de Kirchner y montó de urgencia una reunión para exhibir su preocupación por una supuesta avanzada en el oficialismo para reformular el sistema de salud, con el objetivo de poner a resguardo las obras sociales. Lo hizo en un encuentro de la “mesa chica” de su conducción que dejó como fruto un documento con datos sobre el rol de los gremios en el sistema sanitario y un pedido de fortalecimiento de las finanzas de sus prestadoras.

Semejante puesta en escena, infrecuente para los primeros días del año y del receso de verano, tuvo como disparador una referencia de la vicepresidenta acerca de la necesidad de “repensar todo el sistema de salud” para impulsar “un uso más eficiente de los recursos” y la circulación de un borrador con algunos planteos genéricos sobre las condiciones de la atención sanitaria en la Argentina que elaboraron sanitaristas cercanos al kirchnerismo. Desde entonces Alberto Fernández apenas desmintió una aparente intención del Ejecutivo de estatizar los recursos privados de la salud y sólo deslizó quejas hacia las prepagas.

Si bien los equipos técnicos del kirchnerismo trabajan desde la campaña electoral en los lineamientos de algunas reformas tendientes a fortalecer un esquema de atención primaria, dotar de más eficiencia el gasto y crear un mecanismo de compras concentrado para abaratar costos, entre otros puntos, tanto en el Ministerio de Salud como en La Cámpora descartan la puesta en práctica inminente de cualquier iniciativa y más aún, mientras subsista la amenaza de una segunda ola de coronavirus.

De todos modos ayer asistieron a la sede del gremio estatal UPCN uno de los secretarios generales de la CGT, Héctor Daer, el adjunto y dueño de casa, Andrés Rodríguez, José Luis Lingeri (Obras Sanitarias y principal experto en la materia dentro de la central obrera), Armando Cavalieri (Comercio), Antonio Caló (metalúrgicos) y Jorge Sola (seguros), entre otros. Por más de dos horas deliberaron acerca de la mejor forma de conjurar lo que perciben como una amenaza creciente desde la pata con más caudal de votos propios del Frente de Todos.

“El coronavirus demostró la solidez y nivel (de) cobertura de uno de los sistemas de salud más solidarios del mundo, al tiempo que resultó evidente la necesidad de dotarlo de fondos suficientes para garantizar la salud de todos”, señala un documento difundido al término del encuentro, y agrega: “tenemos que seguir consolidando y fortaleciendo nuestro sistema de salud para poder adecuarlo a los desafíos presentes y futuros y seguir sosteniendo con orgullo que los derechos inalienables como la salud deben ser defendidos sin banderías políticas para que cada ciudadano y ciudadana pueda seguir accediendo en tiempo y forma a un sistema que es modelo en el mundo”.

El esquema de obras sociales sindicales es un pilar fundamental del sistema de salud en la Argentina con una cobertura que supera las 15 millones de personas, y además explica buena parte del poderío de los gremios que lo sustentan. Se trata del refugio estructural del gremialismo tradicional en tiempos de recesión económica (y de retroceso de la negociación colectiva salarial) y de un espacio clave de discusión entre ese sector y los gobiernos de turno.

No es la primera vez que Cristina de Kirchner emite señales destinadas a irritar a la CGT. Lo hizo desde que arrancó la gestión del Frente de Todos mediante Máximo Kirchner, su hijo mayor y jefe del bloque oficialista en Diputados, quien aprovechó una sesión para quejarse del acuerdo que selló la central obrera con la Unión Industrial (UIA) para pautar suspensiones masivas durante la cuarentena, y también cuando cuestionó un documento compartido con la Asociación Empresaria Argentina (AEA). La vicepresidenta encadenó desaires a la principal central obrera desde su salida de la Presidencia, en 2015, cuando asignó candidaturas para dirigentes alejados de esa expresión (Hugo Yasky, de la CTA de los Trabajadores, y Vanesa Siley y Walter Correa, de la Corriente Federal), y más aún en plena campaña cuando se reconcilió públicamente con Hugo Moyano.

La CGT, en cambio, buscó resguardo en Alberto Fernández a partir de la relación de amistad entre el Presidente y Daer que data de la fundación del Frente Renovador de Sergio Massa. Ese vínculo se multiplicó en gestos y recepciones en la Casa Rosada y la quinta de Olivos durante la pandemia, pero no necesariamente en la gestión diaria: Ginés González García se caracteriza por desoír los reclamos de la cúpula sindical para apuntalar financieramente a las obras sociales.

Las versiones de un supuesto intento de reforma estructural del sistema de salud agigantaron todos los fantasmas en la CGT hasta la reunión de ayer. Ese borrador prevé, como postulados generales, una mejora de la atención primaria en salud, que implicaría la asignación de un médico de cabecera como paso previo a cualquier cobertura; abandonar el sistema de pagos por servicios o prestaciones para pasar a uno de “procesos” mediante “guías clínicas” que identifiquen los pasos a seguir para la atención de una dolencia en particular, y el emplazamiento de un mecanismo centralizado de compra de medicamentos. También contempla la fusión de obras sociales minúsculas con otras de mayor porte y un límite a la libre elección, dos ítems que de hecho benefician a los líderes de la CGT que a su vez encabezan las prestadoras más poderosas.

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