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13 de mayo 2004 - 00:00

Obvio: Duhalde quiere un sistema brasileño

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El sistema de «preferencias» que alentarán hoy duhaldistas, delasotistas, «lolistas» y «obeidistas» les reserva a los partidos políticos la facultad de presentar a los candidatos ante el electorado. Pero la decisión de cuáles de esos candidatos ingresarán al Congreso y en qué orden lo harán queda para este método en manos del electorado. El régimen tiene vigencia en Brasil (segunda patria de Eduardo Duhalde y del propio Alfredo Atanasof, impulsor de la reforma y presidente de la comisión parlamentaria del Mercosur) y es bastante controvertido.

Según esta reforma, los partidos tendrían el monopolio de la postulación de candidatos ante la Justicia Electoral. Pero lo que el elector encontraría a consideración sería un conjunto de nombres, sin orden de prelación alguno. En las urnas, cada ciudadano votaría un candidato en particular. El ingreso al Congreso se decide después, confeccionando un listadode postulantes según el orden descendente de votos obtenidos.

Las críticas que se lanzan contra este sistema son varias. Hay una principal: pulveriza la disciplina política en el Congreso y convierte a cada legislador en una especie de corsario. En efecto, se le reprocha a este método que induce a que cada candidato no sólo compita contra los de los demás partidos sino contra los de su misma lista. Y en esa competencia hace su propia campaña, con su propio financiamiento. Una vez que llega a la banca, concibe a ésta como un patrimonio personal conquistado por su esfuerzo individual. Esto le otorga una autonomía que se vuelve endiablada cada vez que el Ejecutivo quiere conseguir una ley: la debe negociar banca por banca, de maneras a veces vil.

Además, este método favorece lo que se conoce como «transfuguismo»: dueños de su banca, los diputados suelen fugar de un bloque a otro según lo que le ofrezcan desde la mayoría o desde la oposición. En Brasil es muy conocido este tipo de desviación ya que casi 80% de los legisladores cambió la bancada en la que se ubicó al ingresar a la Cámara una vez terminado su mandato.

Una última incógnita respecto del sistema que se promoverá y que difícilmente sea aceptado por los 2/3 de los legisladores: ¿qué sucedería si, por ejemplo, un jefe como Duhalde se postula como diputado y no consigue la mayor cantidad de votos de la lista que integra? Un interrogante atractivo para quienes quieren adoptar el método.

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