Dio señales de aprender a convivir, entre sí y no a los codazos, el triunvirato de la CGT unificada: encontró, por ahora, un recurso para que todos usen la oficina de secretario general que ocupó el saliente Rodolfo Daer, escritorio del que el día de la asunción Hugo Moyano quiso apropiarse pero Susana Rueda se lo impidió. En su primer encuentro tripartito, el jueves luego de la jura, Moyano, Rueda y José Luis Lingeri se abocaron a resolver ese desajuste logístico, producto de que en el Piso 4 de la sede de la CGT en Azopardo hay una sola oficina con las dimensiones para un secretario general pero no para tres secretarios generales. Primó entonces el criterio que explicitó Rueda el jueves cuando frenó a Moyano, en el momento que intentaba sentarse en el escritorio que desocupó Daer. «O todos o ninguno.» Y así será: desde hoy, esa oficina queda como sala de reuniones, y los miembros del triunvirato tendrán, cada uno, una pequeña oficina.
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