Los principales gestores políticos de la campaña de Carlos Menem mantuvieron ayer una reunión en la que definieron las premisas principales de su próximo juego, en medio de la crisis sucesoria que se desató en el PJ. En las oficinas de Eduardo Bauzá se reunieron Antonio Cassia, Juan Carlos Romero, Javier Mouriño y otros menemistas de la primera hora de la segunda etapa. Allí se tomaron dos determinaciones a la luz de lo que se resolvió en el congreso del PJ de Lanús, el viernes pasado. Las dos fueron conversadas con Carlos Menem, con quien el grupo se reunió en el Aeroparque antes de que se marchara a La Rioja, ayer por la tarde.
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La primera de esas decisiones es no sostener otro discurso público que no sea el de exigir internas el 23 de febrero y, sobre todo, elecciones generales para el 27 de abril. «Ya sabemos que las dos cosas están en duda pero queremos que las modificaciones al calendario sean un costo político para el duhaldismo. De lo contrario terminamos enredados en problemas judiciales y perdemos lo más importante de la campaña, que es enviar un mensaje claro a la gente», explicó uno de los asistentes.
La otra decisión, más relevante por sus efectos prácticos, es no participar de ninguna elección interna hasta que no se realicen las internas nacionales. Mouriño fue el que más énfasis puso en este punto, poniendo el foco en la elección de Capital. Según el ex diputado, «lo que quiere el gobierno es hacer internas en todos los distritos antes del 27 de abril, para quedarse con las listas antes de que Menem gane la elección nacional. Eso es lo que pretendió (Miguel Angel) Toma en la Capital y lo que también quiere Felipe (Solá) en la provincia». Bauzá admitió y todos le plantearon a Menem la estrategia a seguir: «En cada distrito haremos lo que pide Duhalde para la elección nacional, es decir, hacer campaña por afuera».
• Propuesta
Cassia fue terminante con otro planteo, con el que convenció a Menem: «Ahora franeleamos nosotros, Carlos. Lo están llamando al 'Flaco' Bauzá los Pampuro para que lleguemos a un acuerdo que les emprolije el desastre que hicieron los duhaldistas en Lanús. Vayamos a todos lados pero no cerremos con nadie, como hacen ellos». Después el petrolero desarrolló otro argumento ante el ex presidente. «Estamos en la mejor situación para quedarnos en una primera etapa con el voto peronista», comenzó. «Lo que está haciendo Duhalde es dividir al movimiento e inventar una fórmula para ponerla al servicio de los gorilas en un ballottage. Eso es lo que quiere hacer con Kirchner, juntar detrás de él a los que ahora votarían a la Carrió y antes lo hacían por Chacho o De la Rúa. El adversario lo seguimos teniendo afuera y 'Lupín' es solamente un instrumento del gorilismo. Esa es la verdad», sentenció el sindicalista, mientras Menem asentía.
Más allá del desapego por las cuestiones técnico electorales, los menemistas están interesados en alguna ecuación que garantice que habrá elecciones el 27 de abril, es decir, que impida el naufragio de la fecha con la excusa de que ni el PJ ni los radicales tienen fórmula con la cual competir. Ayer les llegó la información de que Ramón Puerta está en tratativas con el radicalismo para aprobar una ley similar a la que proyectó Gerardo Conte Grand, por la cual habría una primera vuelta con varias fórmulas por partido y, si no hubiera ninguna fórmula que gana con las cifras que exige la Constitución, irían a segundo turno los candidatos más votados de los partidos más votados. Los contactos del misionero están orientados al ala antialfonsinista del partido, más proclive a acordar un nuevo sistema electoral que el ex mandatario. • Dificultad
Puerta le llama a este método «elección simultánea interna y nacional», que es lo que habría en primera vuelta. A la propuesta de Conte Grand le añadió una cláusula adicional: se permitiría bajar el número de firmas que los afiliados y no afiliados a un partido deberían recolectar para inscribir una candidatura.
Este proyecto de Puerta tiene una dificultad grave para su aprobación: de aprobarlo, los radicales serían acusados por Ricardo López Murphy o Elisa Carrió de otro pacto de Olivos, ya que la iniciativa está pensada para que se excluya cualquier tercera fuerza en el juego de los dos partidos tradicionales. En efecto, la «carnada» que se les ofrece a los radicales para que se sumen al proyecto en el Congreso es que con varias fórmulas podrían convertirse en el segundo partido más votado y así pasar al ballottage, por más que ninguna figura consiga demasiados votos. En otras palabras, podría suceder que la Carrió o López Murphy consiguiera más votos que cualquier candidato de la UCR considerado en términos individuales pero aun así quedarían fuera de la eventual segunda vuelta.
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