11 de mayo 2005 - 00:00

Otra declaración de pobreza

Carlos Chacho Alvarez
Carlos Chacho Alvarez
Carlos Chacho Alvarez aclaró ayer que nunca cobró sobresueldos ni gastos de representación, que actualmente no cobra ninguna retribución estatal por su paso por la función pública y abogó por reconstruir la «cultura de la legalidad» en el país.

«Yo ganaba 3.600 pesos como vicepresidente. No tenía sobresueldos ni gastos de representación. Más aún, algo que parece de ciencia ficción en la Argentina, yo derogué casi 2 millones de dólares que el Senado tenía de gastos reservados»,
recordó Alvarez en diálogo con radio «Continental».

El ex vicepresidente del gobierno de la Alianza UCR-Frepaso señaló, además: «Actualmente no soy beneficiario de ninguna retribución estatal, la cual me podría corresponder en términos legales, ni siquiera como ex legislador», y afirmó que tampoco realiza gestiones para obtener «ese haber». «Yo no tengo penurias económicas pero tampoco he vivido con mucho dinero», contestó Alvarez cuando se lo consultó sobre los dichos de Fernando de la Rúa, quien reveló ayer que está en una situación de «ahogo económico» y que quiere enjuiciar al Estado porque no le pagan la pensión que le correspondería como ex presidente.

«Yo vivo de mi trabajo. Cuesta mucho si uno se dedicótoda su vida a la actividad política, cuando uno deja, insertarse en la vida laboral, pero hay que hacer el esfuerzo y volver a la profesión»,
se lamentó Alvarez, que tiene además un programa de TV por cable con auspicios empresariales y del gobierno.

Además, agregó: «Yo trabajodesde los 13 años y, cuando tenga la edad para jubilarme, tramitaré mi haber según los aportes que hice en mi trabajo».

En ese sentido, detalló que ahora colabora en el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, da clases en la Universidad de Quilmes, escribe para medios nacionales y extranjeros, ofrece conferencias en el país y en el exterior, y además tiene un centro de estudios de problemáticas institucionales, económicas y sociales.

Por otra parte, consideró: «Somos una Argentina un poco en negro», en la que «se armó un sistema, una cultura, muy proclive a esquivar la ley», pero que «no tiene que ver sólo con los comportamientos de la clase dirigente, sino con conductas que están muy instaladas en el país».

Por ello, llamó a «trabajar mucho en la cultura de la legalidad» y señaló que «nadie empieza porque dicen que esas son transformaciones que llevan muchísimos años».

En este sentido, propuso, en el corto plazo, «transparentar al máximo las conductas y comportamientos de la clase dirigente, ver cómo se consiguen los recursos, porque los recursos 'negros' ayudan a financiar oligarquías que son inamovibles en los partidos ya que se construyen aparatos con dinero ilegal».

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