18 de julio 2008 - 00:00

Otra derrota de Kirchner porque le faltó un voto

Al jefe de Gabinete, el recuerdo lo mortificó en la madrugada de ayer. Esa sensación de fracaso que lo dejó al filo del éxito por la imposibilidad, o inoperancia, para conseguir el último voto. Y no fue el único que rememoró que una situación similar, en puntaje, a la que se vivió en el recinto del Senado, pulverizó, hace poco más de dos años, otra apuesta del kirchnerismo: Aníbal Ibarra.

Otros que, como Alberto Fernández, también resignaron el sueño para llegar al desenlace de la sesión, agregaron más a las similitudes, y como consuelo tras el fracaso trazaban en el amanecer de ayer los datos que se asemejaron entre la destitución del ex jefe porteño y la anulación de las retenciones. Sólo, claro, en su contenido de estrategia de recinto.

Las movilizaciones a favor y en contra, tanto en la pelea nacional que llevó el gobierno de Cristina de Kirchner, como en la local, de los Ibarra con los padres de las víctimas de Cromañón. La indefinición del último voto, hasta el último minuto. Las presiones hacia los legisladores, quizá mayores en el caso Capital, donde hubo amenazas y fuertes escraches. Las versiones de compra de voluntades y la frustración final.

Ibarra supo que sería desalojado del Gobierno porteño apenas minutos antes de ingresar al recinto donde la sala juzgadora se iba a pronunciar. Hasta esa mañana -como Cristina de Kirchner con Cobos el miércoles- le había hecho creer que el voto fulminante, que le dio un ex kirchnerista, hoy funcionario de Mauricio Macri, se iba a comportar con obediencia debida.

Por eso algunos legisladores de la bancada Frente para la Victoria, que padecieron cada uno de aquellos movimientos, trazaban ayer el cruel paralelo, pero no sólo para mortificarse.

  • Presencia

    Creen unos que Julio Cobos, un extranjero en el kirchnerismo, no habría definido la votación en contra del gobierno sólo por considerar que faltaba consenso, que no podía, que hay que dialogar.

    La casualidad, quizás, hizo que en la noche del miércoles, una de aquellas personas que comandó el operativo no destitución estuviera nuevamente penando por el voto. El radical K, Gustavo López, no lo pudo olvidar. Era secretario de Cultura del jefe de Gobierno porteño y ofició de su operador político en esos trances. Es uno de los radicales que anima al kirchnerismo, además del funcionario que comanda el multimedio estatal, y participó de más de una tenida del grupo de aliados al gobierno que viene de la UCR, de la cual creyó que Cobos votaría a favor del proyecto. «Otra vez, por un voto», se resignó anoche, refutando el dicho sobre que « nadie se baña dos veces en el mismo río».
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