Un poco en secreto, para darle el tono conspirador que les fascina, los jefes piqueteros más poderosos del kirchnerismo empezaron a negociar la reconstrucción de su vieja alianza.
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Tiene un objetivo preciso: pulsear en la interna K para quedarse con parte de las listas oficiales.
Edgardo Depetri del Frente Transversal, Emilio Pérsico del MTD Evita, Humberto Tumini de Libres del Sur y Luis D'Elía de la FTV se reunieron más de una vez en el último tiempo para tratar de adormecer celos y tensiones al menos hasta después de las elecciones de octubre.
En las charlas bosquejaron un pliego de demandas para hacerle llegar al Presidente. Es el siguiente: cuatro diputados nacionales, cuatro legisladores provinciales y entre 50 y 60 concejales. Alguno agrega, además, que haya guiños para sus candidatos a intendente.
En 2005, la cosecha legislativa de las «organizaciones sociales» -prefieren que no se los llame piqueteros-fue jugosa. Lograron dos senadores -Hugo Gómez y Adela Segarra-y dos diputados provinciales, Laura Berardo y Juan José Cantiello.
Por otra vía, luego se incorporó un quinto elemento: Fernando «Chino» Navarro, que entró en la lista del FpV por otra puerta, pero con el paso de los meses se convirtió en uno de los jerarcas del Movimiento Evita. Llegó, además, a ser jefe del bloque de diputados.
Pero Kirchner, se quejan, «fue injusto» en el reparto de los diputados nacionales. Sólo Depetri consiguió una banca en el Congreso. Hubo, al margen, butacas para algunas damas que con el tiempo terminaron ligadas a algunos de los espacios piqueteros K.
Compensación
Ahora, los cuatro grandes quieren que se compense aquel «olvido» de Kirchner y pretenden cuatro lugares en la lista del Frente para la Victoria -la que encabezará Felipe Solá-: uno para cada grupo, aunque dejarán que el Presidente elija cada caso.
Tampoco, aclaran, es una oferta cerrada. Muestran un atajo posible: Tumini se lanzó como candidato a diputado nacional por Capital Federal.
Lo mismo con los concejales. Hay varios postulantes piqueteros en los municipios: Navarro en Lomas de Zamora, Segarra en Mar del Plata, Ceballos y D'Elía en La Matanza. El M-E se mueve junto a Pablo Bruera en La Plata, donde postulará como senador a Santiago Martorelli. En los principios del kirchnerismo, ese cuarteto conformó un bloque que en el imaginario se interpretó como la tropa territorial del patagónico. Por entonces -¿sólo entonces?- el PJ era un ejército con jefatura difusa y comportamiento impreciso.
Fueron, de hecho, los que aportaron tumulto y multitudes cuando el peronismo le mezquinaba respaldo a Kirchner. En aquellos días, buen pagador, el Presidente premió con cargos y manejo de «cajas» a los grupos. Es más: hasta Oscar Parrilli armó un «gabinete piquetero» en la Secretaría General.
De orígenes diferentes, en poco tiempo la convivencia entre los cuatro se resquebrajó. La formación gremial de Depetri chocaba con el guevarismo de Tumini; D'Elía se toreaba en el territorio con Libres del Sur; peronista, Pérsico comenzó a fantasear con volver al partido.
No tardaron demasiado en comenzar a combatirse. ¿No apostó Kirchner también a quebrar ese frente? Preguntas para el confesionario del patagónico. Por lo pronto, Depetri, D'Elía, Pérsico y Tumini tratan de conformar una mesa única para, en bloque, recuperar la influencia perdida.
«Juntos movemos más de 70 mil personas. Eso no lo juntan ni los intendentes del conurbano», dice uno de los jefes piqueteros y desnuda al enemigo obvio: el PJ oficial, su rival de los primeros tiempos, el que lo sigue siendo en la actualidad.
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