Pacto Moyano-Telerman comenzó por Trabajo

Política

El pac-man Hugo Moyano sigue lanzado a su propensión irrefrenable de ocupar espacios en la administración pública. No se sacia con la de la Nación, donde ya tomó dos áreas: la de obras sociales, a través del abogado de su sindicato, Juan Rinaldi (administra los subsidios de la «caja» sindical), y la de Transporte, donde ocupa el segundo escalón de la secretaría con Jorge González, otro gremialista de Camioneros.

También repasó Moyano el organigrama municipal. Es otra de sus especialidades: a él le encanta juntar la basura, casi tanto como a su hijo Pablo desparramarla cuando se pone nervioso. Más aún, en algunos municipios del conurbano dicen que es el propio Moyano el que despunta el vicio. Por eso se enojó tanto cuando se habló de reestatizar el servicio en varios partidos bonaerenses: en cuestiones de basura el camionero es un privatista nato.

Una versión insistente afirma que durante su primer diálogo con Jorge Telerman le reclamó para sí el área de medio ambiente de la Ciudad, que es una de las que tiene bajo su competencia la recolección de residuos. El pedido quedó boyando entre tantas otras decisiones que tiene que tomar el nuevo alcalde. En cambio fue más veloz Telerman en ofrecerle a Moyano un cargo en el área con la que se lo identifica más rápidamente: las regulaciones del trabajo. Por eso el encargado de esas cuestiones en la comuna será Roberto Arias, otro de sus colaboradores en el sindicato de choferes de camiones.

El área está bajo el mando de Enrique Rodríguez, el ministro de la Producción del Gobierno porteño. Todo queda en casa: Rodríguez conoce a la perfección a Moyano, a tal punto que fue abogado de su sindicato durante bastante tiempo. Sus servicios políticos a veces se han vuelto esenciales: ¿o no fue este ministro quien reunió al abogado Rinaldi con Héctor Cappaccioli, el superintendente de Salud, para que hicieran las paces en la administraciónde los recursos sindicales?

Lo que parecía una dádiva intrascendente por parte de Telerman cobró una dimensión política imprevista: ahora Arias deberá, con la orientación de Rodríguez, encargarse del «trabajo esclavo» de la Ciudad, fenómeno tradicional que estalló a la luz pública con la muerte de 6 trabajadores de origen boliviano en un taller clandestino.

Moyano no se conformó, claro, con esta inspección y sigue esperando que le dejen participar en las áreas con competencia sobre el negocio de la basura. El no entiende de límites. Que los diga si no Antonio López, el secretario general de la Unión de Empleados de la Construcción de la República Argentina, que congrega al personal administrativo de esa especialidad. El jefe de la CGT le había pedido un lugar para uno de sus hijos, Facundo Moyano, que estaba desocupado en Mar del Plata.

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