19 de abril 2006 - 00:00

Papeleras: Brasil elude ir al Mercosur

Todavía es una incógnita si la intervención de los obispos de la Argentina y de Uruguay en el conflicto por la instalación de dos papeleras en Fray Bentos tendrá un desenlace positivo. Ni siquiera se sabe la consistencia de ese intento, es decir, si no se trata de un pedido de Néstor Kirchner para ganar tiempo en la negociación con Tabaré Vázquez. Aun así, si hay interesados en que ese entredicho se resuelva -por la vía episcopal o por cualquier otra-, es en Itamaraty, la cancillería brasileña.

Tal como informó ayer este diario, reproduciendo una nota publicada en «Folha de Sao Paulo», el ministro de Relaciones Exteriores de Lula, Celso Amorim, viene siguiendo el problema de manera personal, intercambiando información con todos los actores. Inclusive con la cancillería de Finlandia. Sin embargo, esta preocupación está lejos de convertirse en un interés por mediar entre los vecinos. Más bien todo lo contrario: el gobierno de Brasil viene evitando que el tema se convierta en motivo de negociación en el seno del Mercosur.

  • Razones

  • Esta vocación de prescindencia se alimenta en muchas razones, pero especialmente en una: la presión que comenzaron a ejercer sobre Brasilia, todavía de manera sigilosa, los gobiernos de Rio Grande do Sul, Paraná y Santa Catarina. Es decir, el problema rioplatense podría convertirse (una vez más en la larga historia) en materia de política doméstica para Brasil. Si bien aún no se puede hablar de un efecto dañino, las consecuencias de los cortes de los puentes internacionales han comenzado a preocupar a quienes dependen del tráfico de personas y bienes por esas rutas. Y esos estados que limitan con la Argentina y Uruguay son los más inquietos.

    Un segundo motivo de preocupación es que la mesa de negociación del Mercosur con otros bloques, sobre todo con la Unión Europea, pueda encontrar dificultades para reunirse.

    Nunca como ahora se vio tan cerca, desde el mirador brasileño, la crisis final del bloque tal cual fue configurado en las dos décadas anteriores. Aun cuando no sea tan seguro que se precipite la suscripción de un Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Uruguay (más por desinterés de Washington que de Montevideo). El discurso del gobierno uruguayo tiene una orientación anti-Mercosur desde antes de que se desate el entredicho Gualeguaychú-Fray Bentos. El ministro José Mujica dijo que ese bloque «no sirve de un carajo» por despecho con la Argentina pero también con Brasil, cuando ambos países suscribieron una Cláusula de Adaptación Competitiva que se había negociado de manera bilateral.

    En la línea de lo que expresó Mujica, el temor del gobierno de Brasil es que la crisis con la Argentina termine acorralando a Tabaré Vázquez y obligándolo, en su debilidad, a huir hacia adelante en la ruptura del bloque regional. Sería, en la mirada de Lula y su canciller, el fracaso del mayor emprendimiento de política exterior que lleva adelante Brasil desde hace 20 años y en el que cimentan sus ensoñaciones de liderazgo internacional.

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