Un comunicado de la DAIA pidió «mesura y racionalidad» al gobierno del presidente Néstor Kirchner a raíz del confuso episodio con la presunta aparición de 46 casetes desaparecidos hace 10 años, de grabaciones de escuchas policiales en relación con el atentado a la AMIA. El titular de esta entidad, Abraham Kaul, anunció en conferencia de prensa luego de una entrevista con el presidente Néstor Kirchner -donde estuvo acompañado de 35 miembros de la colectividad- que se habían encontrado esos casetes. Tardíamente, 21 horas después, lo desmintió el Presidente que -según el gobierno- habría dicho: «Detectamos la ruta de los casetes», lo que derivó en que se dijera que lo que informó el mandatario sólo era sobre el recibo de quienes los habían llevado y nunca los restituyeron. Se informa (en página 18) que uno de los comisarios de ese retiro y posterior pérdida, Carlos Castañeda, va a ir a juicio oral en octubre por el episodio. Otro comisario con recibo de retiro es Jorge Palacio, de activa gestión en la Policía Federal en el inicio de este gobierno, además de ser consultado, hasta que fue pasado a retiro, por la Sra. Cristina Kirchner.
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Se debió saber siempre qué pasó con esos casetes -al parecer se los despreció y usó para regrabar- como para que hubiera un anuncio presidencial.
¿Por qué tardó el gobierno 21 horas en desmentir a Kaul, que habló de tenencia de casetes cuando le habrían expresado tenencia de recibos? Probablemente porque leyeron el tema en los titulares de los diarios (también se reprodujo en mucha prensa del exterior).
Pero el episodio afecta la seriedad del gobierno y justifica que la DAIA, desde su vicepresidente, Jorge Kirszenbaum, le haya pedido públicamente «racionalidad».
Esto de la colectividad judía no es el primer caso. El 25 de mayo pasado, en la Catedral Metropolitana en su homilía frente al propio presidente de la Nación, el cardenal primado de la Argentina, monseñor Jorge Bergoglio, también pidió al gobierno «cesar con las actitudes adolescentes».
Es también lo que Elisa Carrió llama «la estudiantina», y se suma a la alarma creciente de que hay inmadurez en el gobierno, algo peligroso dado que el argentino es un régimen político «presidencialista» con mucho poder otorgado a quien ejerce la primera magistratura.
Hay otras actitudes que justifican el temor sobre el uso de tanto poder por parte de este gobierno. Cuando sucedían, el viernes pasado, las 4 horas de ataques violentos contra la Legislatura porteña -un hecho sin precedentes contra un edifico público, y además tan prolongado- el presidente Kirchner dijo desde el Sur: «Tengo temas más importantes que atender (?)». Allí agregó a los periodistas: «Pregúntenle a Ibarra (Aníbal)», cuando precisamente el jefe de Gobierno porteño pedía desesperadamente la intervención policial y el ministro Gustavo Béliz no se la daba por indicación del primer mandatario.
Hay más episodios que desconciertan a la gente sobre qué está pasando con los hombres de este gobierno. Un libro del psiquiatra norteamericano Jerrold M. Post, recientemente editado por la Universidad de Michigan, analiza las actitudes mentales de los presidentes y es aplicable para los últimos 14 años en la Argentina.
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