Ante la proximidad de la sesión extraordinaria de febrero, el gobierno sigue presionado para asegurarse los 129 votos. Pero la comodidad con la que domina el Senado -donde tiene mayoría propia- le da margen hasta para ceder en la Cámara de Diputados a las modificaciones que le reclaman juecistas y duhaldistas ya que, de todos modos, el proyecto retocado debería volver a la Cámara alta, recinto en el cual el kirchnerismo podría insistir con el modelo original de reforma al Consejo y convertirlo en ley.
Es una estrategia que le calza perfecta al gobierno ya que daría una imagen conciliadora, evitaría pagar el costo político en la Cámara de Diputados y le bajaría el tono al debate trasladando la reforma a las apacibles y seguras aguas del Senado.
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