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2 de julio 2008 - 00:00

Parodia de la anarquía de 1820

¿La anarquía de 2008? Como en febrero de 1820, en plena «anarquía del año 20», ayer un grupo de jinetes del interior quiso atar sus fletes en la Plaza del Congreso como aquellos caudillos entrerrianos lo hicieron en la Pirámide de la Plaza de Mayo. Esta vez, se lo impidieron los policías. La queja de ayer, como en el siglo XIX, fue con denuncias al gobierno de ser unitario y en nombre de consignas federales.

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La Policía Federal impidió ayer una jineteada ante el Congreso organizada por un grupo de productores independientes provenientes del interior de la provincia de Buenos Aires, que quisieron acercarse a las carpas de la Plaza del Congreso con 25 caballos para reclamar la anulación de la polémica ley que estableció las retenciones móviles.

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Los jinetes partieron a caballo a las 15 de ayer desde Avellaneda y fueron interceptados en la avenida Juan de Garay y Entre Ríos, tras ser perseguidos durante más de 30 cuadras por autos policiales que los obligaron a suspender todo intento de ingresar a la zona de Congreso.

Con el objetivo de truncar la idea de los ruralistas independientes, la Comisaría 4ª de la Policía Federal montó un operativo de más de 100 policías, que trajeron hasta camiones hidrantes para contrarrestar la «numerosa» movilización de los jinetes.

Los productores habían llegado desde Chascomús, Udaondo, Brandsen, Cañuelas y otras localidades que abarcan la cuenca del Salado, en Buenos Aires.

Los productores transportaron los caballos en sus propios camiones y cuando llegaron a la zona sur del conurbano bonaerense decidieron emprenderla cabalgata hasta el Parlamento. «No habían pasado ni siete cuadras de recorrido, que los canas nos empezaron a cruzar los autos para que no siguiéramos», denunció uno de los jinetes, quienes luego de que los obligaran a parar recibieron el apoyo de la mayoría de los transeúntes del lugar. Incluso algunos salieron con las tan temidas cacerolas y con los sombreros de paja, que caracterizan a los paisanos de campo. «Cuando pasan los piqueteros la zona está totalmente liberada, pero cuando viene esta gente que pelea para que no le afanen más, hacen todo lo posible para que el reclamo no prospere», se quejó una señora mendocina que había llegado para sumarse a la marcha a caballo.

  • Negociación

    Entre mates, bizcochos, boinas de variados colores, bosta y algunos ponchos rojos, los campesinos, entre los que había una mujer y dos niños, cantaron el himno nacional y hasta recitaron la letra de «Zamba de mi esperanza» mientras gestionaban con el jefe del operativo policial, Guillermo Sodini, la ida al Parlamento.

    «Les ofrecimos dejar los caballos ahí mismo (Entre Ríos y Garay) y acompañarlos hasta el Congreso, pero no aceptaron. Tendrían que saber que el transporte de tracción a sangre está prohibidoen la Ciudad», explicó ante este diario el comisario Sodini. Sin embargo, los ruralistas se quejaron de «que cuando se ve a un cartonero a caballo por las calles, no se hace nada».

    Los ruralistas habían planteado primero la posibilidad de ir hasta el Congreso, escoltados por agentes policiales, aunque la negación del comisario fue rotunda.

  • Carne y leche

    «Somos tipos que tienen entre 30 y 50 hectáreas y 90% de los que estamos acá no tiene nada que ver con la soja. A nosotros nos salva la carne y la lechería», sostuvo ante este diario el productor de Udaondo Hernán Merchán, mientras los manifestantes dejaban pasar una ambulancia.

    No todos fueron apoyos para el campo. Hacia el final de la protesta, una señora salteña que pasaba por la manifestación comenzó a increpar a los jinetes.

    «¿Por qué vienen a joder a mi barrio? ¿De qué se quejan si están todos con sus 4x4, y a los que verdaderamente trabajan la tierra los tienen en negro?», criticó la provinciana entre lágrimas.

    A pesar de que los jinetes llamaron a no contestarle, se pudo escuchar recriminaciones contra la vecina anticampo.

    «¡Vaya a darle de comer a su hijo en Devoto!», disparó un acompañante de los jinetes.

    Durante la retirada de los productores acompañados por los policías, se escucharon aplausos, aunque también fueron destinados irónicamente a las autoridades policiales tras el «gran» operativo montado para contrarrestar el reclamo de un puñado de personas.
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