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13 de febrero 2003 - 00:00

Penosa expresión de Néstor Kirchner

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El de su lanzamiento fue un discurso lamentable para Kirchner y no sólo por la desafortunada frase. Se enardeció con un discurso de barricada ante unos cuantos miles de personas que no necesitaban convencimientos porque se sabían convocados o transportados para dar marco de masa a un acto político más y donde el convocante no era precisamente el santacruceño sino el caudillo local, el legendario intendente de Lanús, Manuel Quindimil.

En cambio Kirchner no percibió que desde un gobierno nacional, partícipe parcial de la campaña política no sólo de un partido sino de un sector de ese partido, se dispuso que lo televisara el oficial «Canal 7». La imagen en pantalla que mostró el candidato fue de lo más irritante para el ciudadano común hacia un político: desaforado, casi histérico, alargando el final de cada frase, sin una sonrisa, sin un gesto de humor (infaltable en toda oratoria de político norteamericano, por ejemplo, y en buenos oradores criollos). Brindó la peor imagen que hace que la mayoría de la sociedad rechace más a los políticos.

La línea duhaldista no deja de lamentar ese acto en Lanús. Por la mala impresión que dejó traslucir ante tanta gente el santacruceño, por sus frases «piantavotos» -en el vocabulario peronista- más un clima enrarecido en el acto el mismo día en que Chiche Duhalde había renunciado a ser candidata a vicegobernadora de Buenos Aires.

Néstor Kirchner es un hombre cuyo lanzamiento a la política grande nacional sólo se explica por el cansancio de ganar la elección local en su provincia. Gobernar 200.000 habitantes -un barrio de Buenos Aires- sobre un suelo rico en petróleo favorece por inercia su continuidad. En su provincia, Santa Cruz, está la ciudad de Río Gallegos, que es la primera del país en proporción de empleados públicos por habitante, como muestra de la forma de repartir abundantes fondos públicos producto de las regalías petroleras, pero sin desarrollo de producción competitiva como podría hacerlo con otros programas impulsados desde el gobierno que no sea la dádiva.

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