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Otra ironía del activismo local. Dicen protestar contra el autoritarismo «de arriba», pero aplican métodos autoritarios, casi stalinistas, como trabar el funcionamiento administrativo de parte de la UBA.
Es más grave porque son no más de 20 (se van turnando) los activistas amotinados que juegan al ping pong en la mesa de sesiones, duermen -en el mejor de los casos- sobre la alfombra y hasta tiraron abajo una puerta para acceder a un baño.
En rigor, detrás del pedido de un nuevo edificio -que acompañan con lógica los estudiantes independientes-, se esconden varias tramas, cuyo botín deseado es el manejo de la Facultad de Ciencias Sociales y su presupuesto de 9 millones de pesos anuales.
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