Peores superpoderes son de la política
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Estela de Carlotto
Verbitsky pone y saca miembros de la Corte Suprema de Justicia; sienta a su lado en comidas y es recibido en su despacho por el presidente del más alto tribunal del país, Enrique Petracchi. Se ha cebado al extremo, en estos días, de sacar en horas de su cargo a jueces, suspenderlos y hacerles juicio político porque también domina el Consejo de la Magistratura, que preside precisamente Petracchi. Ha implantado en la Argentina la vergüenza jurídica de que los magistrados ahora pueden ser juzgados y echados por sus fallos. Todo maquinado por este personaje que en su pasado apretó detonadores de explosivos que a distancia mataron civiles inocentes para satisfacer la «prueba de sangre» (de sangre derramada) que el grupo terrorista Montoneros exigía a sus miembros como resguardo de lealtad.
Titiritea la Justicia sin cargo público; frecuenta los más altos despachos del gobierno; maneja los expedientes para ascensos o descabezamientos de militares; tiene colocados hombres que le responden desde la Cancillería hasta el comando general de las Fuerzas Armadas, al extremo de que en el propio gobierno dicen que «Verbitsky tiene una SIDE paralela» por la cantidad de información que recibe de sus infiltrados en organismos públicos. Por si fuera poco, domina los dos principales medios de prensa del país, «Página/12» y «Clarín», con los cuales opera para sus fines. La impunidad judicial le llega por intimidar jueces. Nada menos que la presidenta de la agrupación Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, lo denunció públicamente por haber permitido Verbitsky que le falsificaran su firma en cheques, disponiendo de fondos públicos de la provincia de Buenos Aires destinados a un organismo oficial. Pese a la seriedad de la denunciante y lo fácil de probar una falsificación de firma en un cheque, el tema fue judicialmente silenciado aunque se trate de un hecho penal.
• Degradación
El libre accionar de alguien con estos poderes ilegales degrada a la democracia en cualquier país y oscurece al gobierno que se los facilita. Verbitsky quiere ahora -como hizo público este diario el jueves y viernes pasados- sumar más dominio al intentar colocar otro hombre en la Corte Suprema. Sería el camarista Marcos Grabivker, que responde desde hace años al monopolio «Clarín». De esta manera acentúa su dominio del alto cuerpo y hará depender de él por el favor más todavía a Héctor Magnetto, dueño de «Clarín» y «Página/ 12». Grabivker es columnista de «Clarín» desde que favoreció con fallos aberrantes a ese monopolio de prensa. Además, le concluyó 55 años de carrera periodística con prisión a Héctor Ricardo García, ex director de «Crónica», por cuestiones fiscales mínimas en relación con las que practicaron las familias Noble-Magnetto en «Clarín».
Está obnubilado Verbitsky con tanto poder: también quiere ubicar un allegado suyo entre el directorio de la UIF ( Unidad de Información Financiera) del Ministerio de Justicia que podrá disponer la apertura del secreto bancario de cualquier ciudadano en caso de sospechas de movimientos de narcodólares o financiamiento del terrorismo. Aquí estará el caso del fin justo pero el peligro de la cesación del secreto bancario si se pone en manos de personajes ideologizados que operan antidemocráticamente.
Esto no es imaginería sino algo real y próximo. Diputados ya aprobó y pasó al Senado el proyecto que da este poder sobre el secreto bancario a la UIF a la par de los jueces pero sin requerir autorización de éstos, algo que expone al ciudadano a perder su derecho a la intimidad para la política, aunque sea inocente de cualquier cargo. Una norma así es impulsada internacionalmente en distintos países por el organismo mundial GAFI. Claro, la propugnan países serios que no suponen que en naciones emergentes, como la Argentina, pueda ser usada con fines políticos ni que existan personajes con poder al margen de las instituciones.
En nuestros países con democracia al hombro rara es la figura que llegue a la cabeza del poder institucional a la que no le sugieran eternizarse, proponga ella misma refundar la República o no la entornen escaladores inescrupulosos o resentidos. Sobre éstos diferencia al gobernante que, al ser inevitables, los aliente o, en cambio, los esterilice, y no puede afirmarse con total certeza hoy, aunque se sospeche, cuál es la posición del matrimonio presidencial. La realidad es que la cepa Verbitsky, penosamente para la Nación, está implantada y tiene brotes.




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