¿O la tercera es la vencida? Marita Perceval fracasó en dos intentos de asumir como ministra kirchnerista, pero el 10 de diciembre, si gana su madrina Cristina de Kirchner, le tienen prometida la cartera de Defensa. Es una «mendocina prolija», algo que es toda una categoría de la política argentina (recordar a la ex diputada Ana Mosso o a Laura Montero, ministra de Economía de Julio Cobos, un nombre para retener porque tiene destino nacional). En 2003 repartió invitaciones y se compró ropa para jurar como ministra de Educación de Néstor Kirchner, quien la bajó para poner a Daniel Filmus. Esta profesora de Filosofía es hija del célebre músico belga Julio Perceval, que escribió junto a Leopoldo Marechal una cantata en homenaje a San Martín que se usó en 1950 para echarle incienso al otro general (Juan Perón). Fue la sombra de José Pampuro cuando éste era titular de Defensa y ella dominaba ya la comisión respectiva en el Senado después de aplicarse a estudiar algo que despreció toda su vida de militante peronista (los militares, los temas de defensa). No le ahorró disgustos al entonces ministro, que festejó cuando lo reemplazaron por Nilda Garré. Fue la segunda derrota de Perceval en el sueño de ser ministra. Rara la vocación de esta bordonista por estas dignidades formales (nada más formal que la existencia misma de un Ministerio de Defensa con este gobierno) cuando toda su biografía transitó por las alturas de la filosofía, la música (estuvo casada con un músico del Altiplano) y las utopías pastoriles (vive en la bucólica Chacras de Coria, en donde su industrioso marido tiene un coqueto videoclub). Igual parece preferir en esta edad las carpetas, la alfombra roja y los fusiles.
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