5 de abril 2005 - 00:00

Pesar entre musulmanes y judíos

Judíos y musulmanes argentinos manifestaron ayer su pesar por la muerte del papa Juan Pablo II. El Gran Rabino de la comunidad judía, Salomón Ben Hamu, y el titular de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), Abraham Kaul, concurrieron ayer a la Nunciatura Apostólica para presentar sus condolencias por la muerte de Juan Pablo II. El religioso y Kaul fueron recibidos por el Nuncio, monseñor Adriano Bernardini. Kaul consideró que Juan Pablo II fue «una persona dueña de una grandeza y una fortaleza inigualables», y definió al Pontífice como «un verdadero mensajero de la paz».

Por su parte, la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) manifestó ayer el « profundo pesar» de la comunidad judía argentina por la muerte de Juan Pablo II, a quien definió como «un auténtico pastor de su rebaño». «El Pontífice será siempre recordado y honrado por sus significativos esfuerzos en pos del diálogo fraterno con la comunidad judía», destacó la DAIA. A través de un comunicado de su titular, Jorge Kirszenbaum, el organismo de la comunidad judía en la Argentina recordó «su histórica visita a la Sinagoga de Roma, sus plegarias en el campo de exterminio de Auschwitz, su presencia en el Estado de Israel y, en especial, en el Museo del Holocausto y su denuncia del antisemitismo -de cualquier tiempo y lugar-'como un pecado contra Dios y el hombre'». Por su parte, la comunidad islámica de la Argentina manifestó su «profundo pesar» por la muerte de Juan Pablo II y afirmó que el mundo «pierde a un ser humano imprescindible». En un comunicado señaló que «la grey islámica de la República Argentina manifiesta su profundo pesar por la desaparición física de Su Santidad, Juan Pablo II». «Sin duda alguna, el mundo actual pierde a un ser humano imprescindible en virtud de su trabajo comprometido con la conciliación y la hermandad entre los hombres», agregó. El Centro Islámico sostuvo que «como en pocos casos de expresión de dolor, la idea de que sólo se trata de una desaparición física cobra vigencia en su sentido amplio: Juan Pablo II seguirá vivo a través de su ideal de paz y su mensaje constante de fraternidad».

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