Luis D'Elía y su Frente Piquetero Nacional no es el único sector que integra el piqueterismo kirchnerista. La base de apoyo al gobierno entre los movimientos de desocupados creció y parece parte de una estrategia para ampliar una base social leal en la provincia de Buenos Aires.
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Luego de obtener candidaturas en la lista del Frente para la Victoria, varios movimientos piqueteros admitieron que están pensando en «reformular» sus métodos de protesta. Grupos como Barrios de Pie, Movimiento Resistir y Vencer, la Juventud de Trabajadores Municipales y la MTD Evita fueron absorbidos por la estrategia de Néstor Kirchner de meterlos en las boletas antes de tenerlos en la calle generando malestar y descontento entre el electorado.
Casos ya consumados de esta absorción piquetera en el gobierno son el del director de Acción Comunitaria del Ministerio de Desarrollo Social -en manos de la hermana del primer mandatario-, Jorge «Huevo» Ceballos, quien era el coordinador nacional de Barrios de Pie. También Isaac «Yuyo» Rudnik, dirigente de esta misma agrupación es el actual asesor de la Subsecretaría de Política Latinoamericana de la Cancillería. Rudnik fue incluso el enviado de Kirchner a Bolivia para mediar en la crisis social que culminó con la caída del presidente Carlos Mesa. «Ya no queremos enfrentarnos con la mayoría de la sociedad. En este momento creo que se está agotando la metodología de las marchas y los cortes de calles y rutas», admite Gabriel Rodríguez de Resistir y Vencer.
La influencia del piqueterismo kirchnerista se apoya en la zona sur de la provincia de Buenos Aires. En Avellaneda -territorio duhaldista gobernado por Baldomero «Cacho» Alvarez-, Quilmes, Almirante Brown y Florencia Varela -este último bastión del oficialismo en el conurbano a través de la gestión del intendente Julio Pereyra-. En la zona oeste, los piqueteros leales al gobierno están en Moreno, Merlo y General Rodríguez. Y en el interior del país son más fuertes en Salta, Santiago del Estero y Corrientes a través de las agrupaciones Barrios de Pie, Movimiento Resistir y Vencer, y la Federación Tierra y Vivienda de D'Elía.
Para Guillermo Kane, integrante del antikirchnerista Polo Obrero, no se trata de verdaderos movimientos de reivindicación social sino de casos de clientelismo político. En ese sentido, el gobierno estaría ofreciendo cargos a cambio de apoyo a sus candidatos.
En Avellaneda, el líder piquetero Rubén Núñez es candidatoa concejal por el Frente para la Victoria. Ni a él ni a su agrupación les preocupa que Hilda Chiche Duhalde los use para pegarle al gobierno diciendo que los Kirchner son el partido piquetero. «Con ese discurso antipiquetero buscan implementar una política de derecha agazapada. Además, durante la presidencia de Duhalde se produjeron los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán en 2002», afirmó Rodríguez.
Logrando el apoyo de los grupos piqueteros que ven en Duhalde el símbolo de la represión policial y de la continuidad de las políticas de la década del '90, el gobierno buscaría asegurarse el respaldo de una masa social que está en sintonía con su discurso crítico del pasado político del país.
Avellaneda -territorio duhaldista- y Pilar son sólo dos casos en los que los actos de Cristina Fernández de Kirchner son el destino de cientos de micros con piqueteros «blandos» que se encargan de llenar los clubes o microestadios donde se presenta la primera dama.
• Logros
Más allá del clientelismo político generado por la distribución de planes sociales, los logros del gobierno que más se valoran desde el piqueterismo «light» son la reactivación industrial y la recuperación de fábricas cerradas por parte de los trabajadores. Rodríguez explicó que los piqueteros leales a Kirchner quieren constituirse en un movimiento políticamente organizado que le dé sustento al gobierno, que los hace sentirse protagonistas.
Sin embargo, este protagonismo que les da el oficialismo desaparece si los reclamos de estos movimientos no son funcionales a los intereses de la Casa Rosada. En la protesta contra Bush organizada a mediados de setiembre en Plaza de Mayo, el gobierno se había encargado de obstaculizar la llegada de movimientos de trabajadores desocupados, pero una semana después permitió una marcha multisectorial por el aniversario de La noche de los lápices, para reafirmar su política en materia de derechos humanos.
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