Piquetero y con $ 300 millones
Luis D'Elía logrará, finalmente, lo que buscaba: un cargo en el Ejecutivo y un presupuesto para ampliar su poder político. En los próximos días, el piquetero que se quedó sin banca -y sin sueldo y fueros- el 10 de diciembre pasado asumirá al frente de una subsecretaría que manejará fondos por alrededor de $ 300 millones. La designación de D'Elía supone un premio a los jefes piqueteros quizá con la intención, velada, de Néstor Kirchner de reforzar a estos grupos como contracara del peronismo oficial. Además, es un respaldo del gobierno al piquetero que todavía sigue complicado con la causa por la toma violenta de la Comisaría 24ª de La Boca y que había promocionado como un logro propio una visita del vicepresidente electo de Bolivia, para hablar hoy del tema gas, que finalmente se suspendió o que nunca iba a ocurrir.
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El piquetero Luis D’Elía se convertirá finalmente en funcionario de Néstor Kirchner al quedar
al frente de una subsecretaría, creada para él, con casi 300 millones de presupuesto.
Tendrá, para eso, un presupuesto jugoso: 286 millones de pesos y toda una estructura funcional. En algún momento se especuló que dependería directamente de Presidencia pero, finalmente, quedará bajo el paraguas de Julio De Vido, aunque con trato directo con Kirchner.
• Debut
Todavía no terminó de volcarse al papel ni nombre ni alcance de la nueva oficina, pero todo indica que absorbería el Plan Arraigo que actualmente depende de Desarrollo Social y comanda el anibalista Héctor Metón. De ser así, el score será: D'Elía 1; Aníbal F. 0. Ese plan lo maneja Claudia Bello a través del dirigente «Beto» Conca de la era Menem.
Además, el piquetero podría convertirse en un « canciller informal», con facultades para negociar con la Bolivia de Evo Morales la espinosa cuestión del gas. Ese tema conduce a De Vido, ministro que parece haber encontrado en el matancero a un compinche político.
Su debut en ese rubro fue accidentado: había gestionado la visita del vicepresidente electo de Bolivia, Alvaro García Linera, pero finalmente ese viaje se pospuso anoche.
Pero la expansión del jefe de la FTV no sería el único avance de los piqueteros K: se especula que Ceballos ampliará sus facultades (y su presupuesto) en Desarrollo Social y Depetri sumará más cargos, a los delegados que domina en Pensiones No Retributivas y el INAES.
A su vez, Pérsico -que «facturó» la lealtad a Solá con su designación como vicejefe del Gabinete- pergeña una mesa de políticas sociales para que las tribus pueden incidir directamente en los planes de asistencia.
En tanto, cada uno tiene un legislador provincial: Depetri a Hugo Gómez, D'Elía a Juan José Cantiello, Pérsico a Adela Cegarra y Ceballos a Laura Berardo. Incluso, el jefe del bloque de diputados del FpV, Fernando «Chino» Navarro, sintoniza con las tribus piqueteras.
Sobre ese capital, aun con tiempos y visiones diferentes, los piqueteros buscan recuperar el protagonismo que tuvieron en otras épocas para, desde allí, construir un poder paralelo al del peronismo oficial que ahora tributa casi íntegramente al Presidente.
«Peronistas somos todos, o la mayoría. Pero con la inclusión del ex duhaldismo, el Frente para la Victoria está perdiendo su identidad y las organizaciones sociales tenemos que recuperar presencia», explicó ayer uno de los caciques piqueteros.
De algún modo, la transversalidad de Kirchner para captar radicales, vecinalistas y sectores de centroizquierda habilita ese plan. Y que el Presidente los «premie» con cargos y «cajas» los hace fantasear con que son cruzados por la pureza del kirchnerismo.
Su hora de gloria fue en el amanecer de la gestión del patagónico cuando Kirchner, recelado por el PJ, convirtió a D'Elía en su coronel callejero, lo que empujó al piquetero a advertir que estaba dispuesto a defender al gobierno «con las armas».
• Misión
Era, por aquellos días, el único ejército que Kirchner tenía para confrontar con las tropas del PJ de Eduardo Duhalde. Con esa misión, D'Elía, Ceballos, Depetri y Pérsico montaron la primera estructura del kirchnerismo puro.
Hasta compitieron con las columnas aportadas por intendentes duhaldistas del conurbano cuando el patagónico asistió por primera vez al Congreso. Por entonces, todo era desconfianza entre la Casa Rosada y el grueso de los jefes del peronismo bonaerense.
Pero con el tiempo, Kirchner abrazó -o se dejó abrazar- a los caudillos del conurbano, y una sucesión de errores propios más la persistente mala fama terminó por relegar a los piqueteros oficialistas.
Luego, asesorados por Oscar Parrilli, ensayaron un «lifting» mediático: para distinguirlos de los «duros» que encapuchados cortan calles y puentes, rebautizaron a los piqueteros oficialistas como organizaciones sociales. Pero ahora, para los piqueteros, parece que comienza la temporada alta.




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