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4 de marzo 2008 - 00:00

PJ de Diputados también retoma viejas costumbres

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La convocatoria de Néstor Kirchner a reorganizar el Partido Justicialista parece haber contagiado al bloque oficialista de Diputados la pasión por volver a algunas clásicas costumbres del peronismo.

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Durante toda la era de Carlos Menem y Eduardo Duhalde, era común que esa bancada se concentrara en la sede partidaria de la calle Matheu para comer asados, algunos de confraternidad y otros de catarsis en los momentos de crisis del bloque.

  • Concentración

  • Desde que los Kirchner asumieron el poder hubo pocos de esos convites. El jueves, Agustín Rossi apeló a las viejas y mejores costumbres para asegurarse no tener que sufrir un papelón presidencial cuando Cristina de Kirchner ingresara al recinto de Diputados para brindar su mensaje sobre el estado de la Nación ante la Asamblea Legislativa.

    Eligió «concentrar» a todos sus diputados el jueves por la noche para evitar que alguno se le escapara a las provincias y no correr el riesgo de tener lugares vacíos en el recinto el sábado.

    Pero tanto fervor peronista generó otros excesos. La reunión se complicó al final cuando casi la totalidad de los convidados se dio cuenta de que había bebido demasiado. Según el relato de algunos asistentes, varios diputados se pasaron en la cantidad de San Telmo Malbec que democráticamente se sirvió en las mesas. Tanto fue el efecto que hasta el propio Felipe Solá se quejó no sólo del mareo sino de «este vino que me trajo dolor de cabeza».

    Pero a pesar de eso no se aguó el festejo: no sólo se volvía a utilizar la sede de Matheu, que nadie cree que pueda sustituir a las oficinas de Puerto Madero o las que utilice Kirchner en el futuro como presidente del PJ, sino que también fue el primer acto de confraternidad con el bloque reunificado: codo a codo se pudo ver a José María Díaz Bancalari y Ramón Ruiz junto a Carlos Kunkel como si fueran lo mismo.

  • Consigna

    No pudieron ser de la partida otros aliados al kirchnerismo como Vilma Ibarra o los radicales K a quienes no se les reconoció pedigrí para ocupar lugares en la mesa. «La cuestión es mantener la secta unida», fue la consigna.

    Así, los peronistas retomaron esa costumbre del asado, helado de postre y brindis con champán, como hacía tiempo no tenían.
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