Daniel Scioli y Alberto Balestrini, durante el rápido y álgido congreso del PJ, el viernes
pasado en Tres de Febrero, donde los K ratificaron la junta electoral.
«Más tranquilo que un congreso socialista.» La humorada fue la mejor ilustración del congreso que, el viernes, a las apuradas, organizó el PJ bonaerense para ratificar una junta electoral floja de papeles, que careció de la mística que, a veces, incluye alaridos y empujones.
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Fue una referencia al encuentro del PS que, semanas atrás, se debió suspender en la costanera porque se enfrentaron dos sectores, uno pro Kirchner y el otro anti-K. Nada de eso ocurrió en Tres de Febrero, donde el PJ tuvo su cita de rigor, sin ruido ni pasiones.
Un trámite formal, de manos levantadas y pocas palabras, para prorrogar el mandato de la junta electoral que preside Hugo Curto y será la encargada de llevar adelante las internas del 30 de noviembre que convertirán a Alberto Balestrini en nuevo jefe del PJ bonaerense.
Si el congreso partidario del viernes debe interpretarse como anticipo de la rebeldía de los peronistas disidentes, la primaria de noviembre va a ser morosa y calma. Los delegados que prometían ir a gritar su posición a Tres de Febrero prefirieron quedarse en su casa.
Al final, Daniel Scioli pudo ir sin amenazas de quejas y seguir, junto a Balestrini, José María Díaz Bancalari y Jorge Landau los pormenores de un congreso que será rápidamente borrado por la memoria popular si es que, en algún momento, lo registró.
Hay, en cambio, un dato que Kirchner debe anotar. De los 906 congresales citados asistieron 464, apenas 10 votos por encima de la mitad más uno que reclama la carta orgánica del PJ para que sesione su máximo organismo.
Hubo, es cierto, bajas por falta de interés -se sesionó con una velocidad turbo, sin comentario ni discursos ni colores, apenas la Marcha Peronista para avisar que adentro del Polideportivo N° 1 de Tres de Febrero había un congreso del PJ-, pero también otras por malestar y rebeldía.
En esencia, la lista de congresales que sesionó el viernes es producto de la última lapicera de Eduardo Duhalde, en 2004, cuando el ex presidente encabezó la lista como jefe del PJ -que fue desde el 91 en adelante- pero luego le cedió el lugar a Díaz Bancalari.
Al final, la tertulia sirvió para que los dirigentes del PJ elogien uno a uno la posibilidad de una candidatura de Kirchner en Buenos Aires como si antes, primero con Carlos Ruckauf y luego con Daniel Scioli, no hubiesen pataleado con la aparición de «extranjeros».
Igual, la urgencia, por estas horas, es otra: el lunes 20 cierra el plazo para anotar las boletas de las internas del 20 de noviembre, y la única dedicación de muchos dirigentes es tratar de entrar en listas siempre cortas que se pactan en el territorio pero luego revisa -y si lo cree conveniente rehace- el propio Kirchner.
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