Planeta Cristina: los hombres satélite de la primera dama

Política

Aunque insisten con esa tontería conceptual, casi macrista, de que el próximo gabinete de Cristina de Kirchner -siempre que triunfe- debe tener sólo integrantes de hasta 40 años, lo cierto es que la primera decisión sobre nominaciones responde a largos cincuentones o sesentones. Ya se sabe que, con el beneplácito de su marido, ella dijo aceptar la posta presidencial siempre que la acompañen dos colaboradores de la actual administración: Alberto Fernández y Carlos Zannini. Una obviedad, si se quiere, ya que ambos son los únicos que acceden con frecuencia a la mesa familiar de los Kirchner, cuando éstos se resignan a comentar ciertos temas con sus subalternos. A partir de ese dúo del continuismo, hay que añadir un tercero para la próxima gestión: Jorge Taiana, el canciller. Este hombre goza -por su prudencia y disciplina- de cierta debilidad de la candidata, ganada en la compañía de diversos viajes por el exterior (a su vez, una debilidad de la señora). La demanda por Taiana significó que lo borren como segundo de Daniel Scioli en la fórmula para la gobernación bonaerense (será reemplazado por Alberto Balestrini, a quien anulan como titular de la Cámara de Diputados para que, luego, a ese cargo pueda acceder el gobernador con mandato cumplido Felipe Solá). La Cancillería, al parecer, es una cantera inagotable para las pretensiones de la primera dama: allí capturó un equipo específico de embajadores, favoritos, a quienes les reclama tareas y posiblemente responsabilidades. El cuarteto diplomático, que de diplomático tiene poco -ninguno de carrera, todos advenedizos en la profesión-, se forma con Carlos Bettini (España), Héctor Timmerman (cónsul en los Estados Unidos), Alicia Castro (Venezuela) y Eric Calcagno (Francia). Se imagina que Bettini bien podría ser el futuro secretario general de la Presidencia (Carlos Parrilli iría como posible senador), el hijo del periodista podría integrarse en la primera línea debajo del jefe de Gabinete Fernández y nada trascendió sobre los otros dos.

Si uno consulta Ambito Financiero del 15 de junio («Gran Hermano nominó a sus ministros; Kirchner planea oxigenar el gabinete»), ya advertirá entonces los movimientos y designaciones que ahora se confirman de la candidata. Otros dos nombres parecen clave en el nuevo equipo: ella misma ya entronizó, hace una semana, a un joven de la máxima confianza matrimonial, quizá la mano derecha de Julio De Vido en su ministerio, a quien reemplazaría en Planificación: el secretario de Obras Públicas José López (uno de los pocos que reúne la condición de los 40 años, ahora más consolidado en el éxito). Otro que pegaría el salto de un poder al otro es el senador Nicolás Fernández, posible sucesor de Aníbal Fernández (no vaya a ser que se pierda ese apellido en el Gabinete). Como se sabe, este delegado santacruceño reporta en la Cámara a la señora, es uno de sus dos pilares (el otro es Miguel Pichetto) y hace tiempo que lo imaginan para esa área, aunque tampoco lo descartan para Justicia (por su influencia en el Consejo de la Magistratura). Otro de la provincia, cercano a la familia, es el actual interventor en « Canal 7», Ricardo Palacio, quien no deslumbró por su gestión pero igual lo ascenderán a un cargo administrativo en la vecindad de la señora Presidenta. Otro con futuro, casi seguro en el Ministerio de Trabajo, será el bonaerense Sergio Massa, premio a su mérito en la corte patagónica como servir de partenaire en los partidos de fútbol (9 contra 9) que el Presidente juega casi siempre los sábados.

Hay más nombres, posibles enroques, finales obvios (Nilda Garré), dudas sobre la cartera de Economía (muchos todavía piensan en Mario Blejer por simpatías de Alberto Fernández), envíos al exterior (¿irá Aníbal Fernández a la embajada en EE.UU., donde pase lo que pase, no continuará José Octavio Bordón) y, sobre todo, otras decisiones de contenido político y económico que le desarmen a la esposa de Kirchner el minado que éste ha generado en los últimos tiempos. Felizmente, al parecer, el propio mandatario -en su gestión, luego de las elecciones en octubre- se dedicará a bajar el creciente gasto público, subirá las tarifas de transporte, luz y gas (dos y tres veces, en forma escalonada) y modificará el arbitrario sistema que hoy opera en el INDEC para medir precios, PBI o producción industrial. No sólo para salir del mamarracho, sino también para evitar futuros juicios. Medidas que parecen liberales y que, tal vez, le sientan más al esposo que se va que a la progresista mujer que viene. Igual, Lampedusa podría escribir un tomo sobre estos cambios que nada cambian, a pesar de la publicidad.

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