La incorporación del Frepaso al gobierno irá por el lado de la demagogia social. Ese frente político, en digresión en estos días, tiene varios funcionarios de segunda línea todavía en el gobierno que son considerados los más obstruccionistas, por caso Eduardo Sguiglia, titular del ente del control de la privatización de aeropuertos, que tiene demorados los principales planes de obras de remodelación perjudicando al país. Ayer se conoció que frepasistas como "Juampi" Cafiero, Marcos Makón y Juan Moure encabezarían una "agencia social" donde convergería la totalidad de los planes sociales del gobierno. Aunque Makón representa cierta seguridad de no demagogia es peligrosa esta "incorporación" al gobierno en un sector delicado propicio a los usos políticos.
Sigue la danza de versiones sobre cambios ministeriales, integraciones y ampliaciones. Fernando de la Rúa, más impasible que nunca por el alejamiento del «default», ha decidido tomarse un tiempo para decidir. Jugar el juego que más le gusta.
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Sin embargo, entre la multitud de anuncios frustrados y la presión casi insoportable del Frepaso -expresada en varios medios amigos-que se ha quedado fuera del banquete, hay una decisión que parece inmediata: la creación de una agencia especial, un ministerio, que agrupe y se haga cargo de la casi totalidad de planes sociales del gobierno. Esto no tardará en hacerse realidad y seguramente será encomendado a un delegado del Frepaso para sacarlo a Carlos Chacho Alvarez del respirador artificial al que fue sometido. Al disponer de cargos, la tropa partidaria será menos rebelde. Para esa «agencia», el Presidente aspira a que la presida Juan Pablo («Juampi») Cafiero con la asistencia de dos secretarios: Juan Moure (radical de Avellaneda) y Marcos Makón, un hombre del Frepaso de estrecha relación con Domingo Cavallo. Al subsumir todos los planes, la «agencia» desplazaría en poder al Ministerio de Desarrollo Social, al que sólo le quedarían pensiones y jubilados. Como ya trascendió, ese lugar sería para Eduardo Santín, otro radical, de la línea de Leopoldo Moreau.
Pero este ministerio, como la creación de otros, como el de Turismo, al igual que hacer un gabinete con más carteras y menos responsabilidades, han ingresado como propuestas en una suerte de congeladora.
En rigor, son decisiones políticas (¿se integra a Acción para la República?, ¿se le concede más poder a Domingo Cavallo?, ¿se le entrega una nueva prebenda al Frepaso?). No pasan por la racionalidad administrativa a pesar de que así quieren disfrazarse. Y como tales deben ser mensuradas, sobre todo por De la Rúa.
Debe negociar con Raúl Alfonsín y Alvarez los porcentajes de la participación en la Alianza bajo el imperio de que no todo lo que piden obligatoriamente se concreta.
Debe resolverse la «litis» de Cavallo y su rol dentro de la Alianza: se lo acepta, como le gustaría al Presidente, o se lo rechaza, como predica Alfonsín. Mientras, habrá que soportar las presiones del titular de Economía: quiere el segundo puesto en la Cancillería (sigue la presión contra Horacio Chiquizola), mantiene a Adolfo Sturzenegger como eventual reemplazante de Pedro Pou en el Banco Central (no olvidar que Sturzenegger fue asesor de De la Rúa en el Senado) y persiste en catapultar a Armando Caro Figueroa a un ministerio.
No sabe el lugar, ya que Desarrollo Social iría para Santín y, por lo que se sabe, tampoco De la Rúa desearía remover a su jefe de Gabinete, Chrystian Colombo.
Pero tanto Frepaso como alfonsinistas y en alguna medida Cavallo conservan un hambre de espacios, títulos y cargos que al mandatario le cuesta saciar. Por ahora, los mantiene a dieta. Sólo sale la agencia.
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