Se lo sugirió a Diputados, pero es de esperar que no caigan en el proyecto de Roberto Lavagna que logró que el gobierno enviara al Congreso una «ley de defensa de la competencia». En definitiva debería ser lo mismo. Pero el proyecto en el Congreso tiene algo grave: le da el supremo poder al ministro de Economía (que hoy significaría dárselo al Presidente) para aceptar o no por sí solo fusiones de empresas. Desde ya que las fusiones y la compra de empresas decisivas deben ser aprobadas por el Estado, aquí o en Estados Unidos. Sin embargo, debería ser con resguardo contra el poder de decisión oficial concentrado y con facilidad de apelación judicial. Además que permita desbaratar monopolios de prensa, tipo «Clarín», que son los más perversos de todos porque traban por conveniencia denunciar, precisamente, otros monopolios de un país.
Néstor Kirchner, ayer, escoltado por Felipe Solá, saluda a Patricia Vaca Narvaja, subsecretaria de Defensa del Consumidor, durante el acto en el que se anunció la firma de un convenio para que los municipios controlen precios.
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