16 de marzo 2006 - 00:00

Postura riesgosa como hace 25 años

La conferencia de obispos católicos pidió ayer « arrepentimiento» y « reconciliación» de los argentinos al recordar en un documento el golpe del 24 de marzo de 1976. En un texto breve, la conferencia episcopal que preside el cardenal Jorge Bergoglio reivindicó la necesidad de reconciliación, según los términos del documento que se conoció en 1981 con el título «Iglesia y Comunidad Nacional». Con ello, rechazó las presiones políticas que arreciaron en los dos últimos años para que el episcopal adoptase alguna forma de identificación con los sectores que debaten el pasado reciente del país.

Hace 25 años, la Iglesia había provocado un largo debate al llamar a la «reconciliación» en un momento cuando aún gobernaban los militares y afirmar esa postura podía constituir un riesgo.

Más cerca de ahora, con la asunción del gobierno Kirchner, hubo nuevas presiones sobre los obispos para que manifestasen arrepentimiento por el presunto silencio frente a las atrocidades cometidas en la represión clandestina de las guerrillas por parte de los militares. Hubo hasta un libro sobre el cardenal Bergoglio que trató de envolver a su persona en una trama siniestra ligada al pasado más oscuro de esos años.

Con el documento de ayer, la Iglesia dio muestras de que sigue sosteniendo una posición que era arriesgada en 1982 y lo es hoy en el país que volvió a andar por el túnel del tiempo. Si no hay «reconciliación», insisten de nuevo los obispos, no hay verdad, y sin verdad no hay forma de construir nada.

También mostró al Iglesia que ella elige los símbolos con los cuales trasmitir sus mensajes. Habla de «memoria» y rechaza la posibilidad, pero dice que sólo puede aludirse a ella si va a buscar con amplitud todas las manifestaciones de un pasado.

La brevedad del texto parece haber querido eludir polémicas, pero esa insistencia en la reconciliación y el arrepentimiento está diciendo que nadie se arrepiente ni busca entendimiento con sus contradictores en la Argentina de hoy.

La recordación 30 años del golpe del 24 de marzo que el gobierno
busca alzar como una consigna de batalla que sirva electoralmente se recuesta, es cierto, en una reivindicación de posiciones violentas como no se había visto desde 1983. La Iglesia ha buscado, tras una larga reflexión de los obispos en los últimos días sobre tan breve texto, no sumarse a las barras que saldrán en los próximos días a las plazas gritonas, pero tampoco consentir una recordación parcial y que no saca al país de una manipulación que pocos quieren frenar.

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