Presión a las empresas y mensaje a la interna. Fue la única elección que le quedó al Gobierno para arrancar el año en un conflicto que aún no muestra solución, como es el funcionamiento de los trenes. Pese a todo, Florencio Randazzo, que se hizo cargo del desastre después de la tragedia de Once, no tiene en sus planes avanzar con la estatización total del servicio. «Mientras cumplan, siguen», les suele decir a las líneas gerenciales del Mitre y el Sarmiento cada semana cuando se reúne con ellos en su despacho para recibir informes; encuentros que suelen incluir a los Roggio, por Metrovías, y Gabriel Romero, por Ferrovías. Para qué avanzar más en cambios si el ministro siempre tiene a mano la cláusula contractual que le permite cancelar la operación a esas empresas sólo con 90 días de anticipación. Además, siempre hace falta un responsable a mano por lo que pudiera suceder.
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Por ahora, entonces, el Gobierno está lejos de modificar ese ejercicio de seguimiento personal de Randazzo que se inauguró cuando desembarcaron los nuevos operadores con la Unidad de Gestión Operativa tras la salida de Cirigliano tres meses después de las muertes en la estación de Once. Más cuando alguno de los involucrados juega en la otra gran pelea del verano, el traspaso de los subtes a Mauricio Macri.
El menú del verano ferroviario arrancó así, entonces, por la fuerza de la necesidad. Poco sirve a la interna kirchnerista algún discurso más puntilloso sobre problemas de presupuesto que expliquen la demora del soterramiento del Sarmiento, la «obra del siglo» para los trenes argentinos, como fue anunciada, pero que tiene decretado un rotundo stand by en el Presupuesto 2013, donde no aparecen los fondos necesarios. La impresionante tuneladora, por lo tanto, sigue allí en veremos.
La militancia K exige otras cosas, y en materia de servicios públicos el único idioma que rinde por estos tiempos es la estatización; casi la antítesis del «ramal que para, ramal que cierra» de Carlos Menem. Nada que deba preocupar, entonces, a Julio De Vido.
Ese mensaje de Randazzo hacia los operadores de trenes no es nuevo. Ya se lo confió el ministro a los sindicalistas cuando visitó La Fraternidad a fin de diciembre para el saludo de Navidad. El Estado no se encuentra en condiciones de hacerse cargo de la administración de los trenes, fue el mensaje que escucharon los gremialistas junto con una derivación de responsabilidad sin anestesia hacia Juan Pablo Schiavi y Ricardo Jaime por las muertes en Once, ya procesados. Y hasta recibieron ese día una primicia: las nuevas adquisiciones chinas, que luego anunció Cristina de Kirchner.
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