Todos esperaban que hable de territorio, pero Felipe Solá habló de suelo: en lugar de montar un juego de seducción para atraer a leales, el gobernador se zambulló en un debate sobre la ley que regula el uso y destino de los terrenos donde se construirán viviendas financiadas por la Nación.
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Sólo al final, en espasmos, un puñado de invitados mechó capítulos políticos. El más relevante lo aportó Alberto Balestrini: «Felipe debe ser el presidente del PJ bonaerense», dijo, provocativo, el matancero, sabiendo que el duhaldismo puja para que ese sillón lo ocupe Eduardo Duhalde.
Es un dato cierto que, en sintonía casi total, los caciques del peronismo le pidieron a Duhalde que, como en diciembre de 1999, se postule para presidir el partido. Pero, rumiando, el ex presidente se resiste, o simula resistirse.
Balestrini aprovechó esa grieta para sugerir que sea Solá quien desembarque en ese mando, para el que el jefe del bloque de Diputados, José María Díaz Bancalari (computando el supuesto auspicio de Duhalde y de Néstor Kirchner) ya se está probando el traje.
De tan silenciosa, la oferta de Balestrini no fue registrada por el grueso de los 86 intendentes -de los nichos poderosos, sólo faltaron Juan José Mussi de Berazategui, Manuel Quindimil de Lanús y Sergio Villordo de Quilmes-que se había acercado a La Plata, algunos para festejar, otros para gruñir, por la idea de Solá de armar un espacio propio.
Habrá otra oportunidad de comentarla. Como ocurrió la semana pasada con legisladores, Solá diligenció al jefe de Gabinete, Florencio Randazzo; al ministro de Gobierno, Rafael Magnanini; y al secretario general, José María «Toco» González Fernández, que sigan alimentando el felipismo.
Ayer no fue el caso: quejosos del reparto de viviendas que hizo la Nación -le tocan 43 mil a toda la provincia, mientras que a San Juan, por caso, le corresponden 5.000-, los intendentes se embalaron discutiendo sobre cómo y dónde podrán construirlas.
A esa amansadora se dedicaron, entre otros intendentes, Hugo Curto (Tres de Febrero), Alberto Descalzo (Ituzaingó), Baldomero « Cacho» Alvarez (Avellaneda), Raúl Otacehé (Merlo), Julio Peryera (Florencio Varela), Julio Alak (La Plata) y Enrique Slezack (Berisso).
Más de un de cacique, sin embargo, se fue disconforme: varios habían llegado con la expectativa de escuchar a Solá anunciar un megafestival felipista en La Plata (como hizo en 2002 en la sede de UPCN), pero se fueron con las manos vacías. Otros volvieron a sus pueblos pataleando. «No era el momento, pero la idea sigue en pie», contó ayer uno de los armadores de la transversalidad felipista. Otro repasó números: 35 intendentes del interior y un puñado de jefes del conurbano, repartidos en la zona norte y oeste. El Sur, salvo Balestrini, parece un tierra vedada para Solá.
En aquel rincón del Gran Buenos Aires, el gobernador sintonizó con un grupo de intendentes, entre ellos Rául Othacehé (Merlo) y Jesús Cariglino (Malvinas Argentinas), mientras en el Sur se alió a Balestrini, y en La Plata, Julio Alak le prometió fidelidad.
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