Carlos Menem revivió los 90
junto con amigos, ex jueces
y ex funcionarios.
Con seis horas de retraso, a las 20.45 aterrizó en Aeroparque el vuelo que trajo a Carlos Menem de La Rioja. En Las Cañitas, en la parrilla La Lunera, 60 personas lo esperaban para agasajarlo. El retraso de los aviones, la congestión de los aeropuertos y las calles inundadas de Las Cañitas parecían ser un escenario preparado con intención para recordarles al ex presidente y a sus pocos amigos que «en los 90 se vivió mejor».
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«Estás desorientado y no sabés que trole hay que tomar.» Con la letra de un tango definió Menem al gobierno al empezar un improvisado discurso a los postres.
«Nacieron montoneros y populistas, y morirán montoneros y populistas.» Por eso «no saben que hacer con el poder. El poder hay que ejercerlo con autoridad, sin avasallar a las instituciones».
Jamás nombró a Néstor Kirchner ni a ningún funcionario de este gobierno.
Habló del «eje del mal»: Ecuador, Bolivia y Venezuela. «Mientras Bush visitaba Brasil, que hoy es la décima potencia del mundo, y firmaba acuerdos para invertir dieciséis mil millones de dólares para fabricar etanol, en Buenos Aires hablaba Chávez».
Lo escuchaban dos ex ministros de la Corte Suprema, Rodolfo Barra y Adolfo Vázquez; sus ex edecanes: el coronel Jorge Igounet, que lo acompañó siete años; el comodoro Jorge Testa, y el almirante Jorge Kenny. Ramón Hernández abrazó a Luis Santos Casale y lo llamó por su apodo: «Senador», aunque Casale jamás estuvo en la Cámara alta. Estaban también el brigadier Andrés Antonietti y el almirante Juan Carlos Anchezar, que fue agregado militar en París y número dos de la SIDE.
Revuelo
Recordaron que una de las comidas durante este gobierno la hicieron en la cancha de polo. «Qué revuelo les armaron al Ejército y a los militares que asistieron.»
Sobre el conflicto de las papeleras, Menem dijo que «no han dictado una sola medida para cuidar el medioambiente, todo el Río de la Plata está contaminado y nos hicieron pelear con el Uruguay».
«¿Ustedes creen que los hermanos uruguayos iban a rechazar una inversión de dos mil millones de dólares que es la cuarta parte de su producto bruto? No sé si las plantas contaminan o no, habría que estudiarlo bien, pero no es la soluciónpelearnos con Uruguay», agregó. Habló de la manipulación del INDEC, cuando hizo mención al «salariazo». «Si midieran la inflación real, hoy ningún trabajador debería ganar menos de dos mil quinientos pesos.»
No faltó una alusión a los maestros. «Tienen huelgas en 11 provincias, porque La Rioja vale por dos», ironizó.
Mientras Menem hablaba, los mozos servían media copa de champagne para el brindis después de la parrillada y los helados.
Menem se levantó para brindar. Máquinas digitales y celulares, de mozos y comensales, lo apuntaron. Al ex presidente se lo vio tan austero como el evento. Su pelo canoso, como si no le interesara disimular su edad, saco color té y un discreta corbata. No dijo si iba a ser candidato a presidente, pero lo dio a entender. «Primero la patria, después el movimiento y por último los hombres. Yo fui dos veces preso y no me importa ir de nuevo si tengo que servir a mi país», dijo. Habló del partido intervenido. «Nos están proscribiendo», señaló.
Pero la sensación que quedó es de que todo el entusiasmo que le quisieron contagiar para que se presente como candidato presidencial en octubre no alcanzó.
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