Proyecto oficial intentará limitar grupos multimedios
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Cristina de Kirchner
Por lo tanto, si Cristina de Kirchner quiere garantizar la provisión de papel igualitariamente a todos los medios, como se pontifica desde el gobierno, deberá apelar a una expropiación o a convencer a los dos diarios que le vendan un porcentaje, lo que resultaría una imposible inocencia política. En cualquiera de los casos, deberá el Estado pagar unas reformas.
No es entonces un problema de los medios sino del Estado que multiplicó en su momento el poder concentrador de los medios. Distinto hubiera sido el problema si, como se propuso desde este diario hace años, el porcentaje adjudicado a «La Razón» se hubiera distribuido entre una suerte de «liga de diarios», excluyendo a los dos socios actuales, evitando en parte las peripecias que muchos medios deben pasar para hacerse del papel en un mercado donde hasta el sustituto Papel del Tucumán presenta problemas por su calidad hasta para el funcionamiento de las rotativas.
Pero nada se dijo hasta ahora de otros verdaderos perjuicios que producen en el país los monopolios de prensa, como la falta de control en las ofertas de publicidad en escala, que por abuso de la posición dominante, que el Tribunal de Defensa de la Competencia nunca se animó a condenar, castigan al resto de los medios al ofrecer engañosas promociones con el solo requisito de no publicitar en otros medios.
Mas complicada aun será la discusión del cambio madre en la Ley de Radiodifusión. El viejo artículo 45, que en la ley actual es en realidad el 43, fija qué clase y cuántos medios puede poseer una misma empresa. La puerta aquí la abrió un decreto de Carlos Menem el 18 de agosto de 1989 cuando autorizó con cierta amplitud, por lo menos la que el Grupo «Clarín» le pedía, la constitución de los multimedios. Por la Ley de Emergencia Administrativa no sólo se abrieron privatizaciones y flexibilización laboral, sino que también se vedó a empresas extranjeras tener el control accionario de concesionarios de licencias de radiodifusión y al mismo tiempo se liberaron las restricciones al cruce de medios en un mismo titular.
Así, se autorizó a que una misma empresa periodística fuera titular de una licencia de radiodifusión en cada una de las provincias del país y que pudiera poseer al mismo tiempo una licencia de radiodifusión sonora, una de televisión y una de servicios complementarios de radiodifusión.
En términos mas simples, desde ese momento un diario pudo ser propietario de un canal de televisión, de una radio AM y de una FM, mientras que por ingeniería societaria esas autorizaciones podían multiplicarse a cables y productoras de contenidos.
De allí en más ningún presidente tomó otro camino que no fuera flexibilizar esos principios, que ahora intentará cambiar Cristina de Kirchner pero para sostener su puja mediática. Deberá hacer un camino inverso al de su marido, quien en 2005 por decreto suspendió la prescripción de licencias por 10 años, lo que en la práctica operó como una extensión por ese lapso, intentando abuenar a los mismos medios contra los que hoy litiga su esposa.
El proyecto que en dos meses el gobierno quiere lanzar en Diputados tiene además otros ingredientes que serán delicia de los recintos. Por ejemplo, las empresas de medios no podrán mantener otros negocios paralelos a la explotación periodística dentro de sus estatutos, un principio que rige en todo el mundo avanzado donde, además, las leyes de radiodifusión son mucho más restrictivas en cuanto a la propiedad de medios que lo que sucede en la Argentina.



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