Luiz Inácio Lula Da Silva engordó más de 10 kilos desde que asumió la presidencia de Brasil el 1 de enero. Por eso lo acompaña siempre una corte de médicos dietistas que intentan que el jefe de Estado vuelva al peso razonable que tenía durante la campaña.
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Siguiendo la alimentación que le recomiendan sus asesores alimenticios, pidió ayer en medio de la reunión de ayer en el Planalto con Néstor Kirchner un «corderito patagónico», una de las carnes más magras y recomendadas para ciertas dietas. «Pero presidente, si ya le mandé uno hace poco cuando Eduardo Duhalde lo visitó en enero», contestó el santacruceño.
Sorprendido, se supone que tomando en broma la cuestión aunque siempre hablando con tono más que serio, Lula especuló con que en ese caso el corderito «se lo quedó y lo comió Duhalde».
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