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Lo que Alfonsín dice y hace en política debe ser descascado como si fuera una cebolla; cada capa significa una cosa distinta. Los baqueanos alfonsinólogos enseñan cómo todo lo que Alfonsín firma debe entenderse como aquellas frases que inscribía Leonardo Da Vinci para ser leídas a través de un espejo, porque quieren decir todo lo contrario de lo que expresan. Alfonsín anuncia que se va de la pelea política, con lo que hay que entender que la va a seguir en otro terreno. Saluda con afecto a Carlos Maestro; hay que entender que está enojado con el jefe del bloque del partido del Senado porque negocia desde hace un mes y medio con el gobierno sin hacerlo participar. Hace un brindis por el ingreso de la frepasista Diana Conti en su reemplazo, cuando todos conocen la poca fe que tuvo siempre en su compañera de fórmula como suplente para el Senado. El resto de la prosa de la despedida de Alfonsín retoma tópicos ya gastados: las acusaciones al «fundamentalismo de mercado», al «neoliberalismo» y a las «filosofías neoconservadoras» o el reconocimiento de que está perdiendo «la batalla cultural». En el remate de todas esas quejas les reprocha a los defensores de esas ideas haberlas contradicho cuando han sido gobierno en la Argentina y, por caso, aumentaron el gasto público y la deuda pública. Informate más
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