11 de junio 2003 - 00:00

Reaccionan "gordos" vs. libertad sindical

La primavera setentista, que comenzó a florecer en la Casa Rosada, se expandió hacia otros rincones, no siempre con el mismo perfume. Era previsible, entonces, que los primeros en protestar fueran los metalúrgicos de la UOM: ayer se congregaron con otros gremios en la Asociación Obrera Textil (Pedro Goyeneche) y resolvieron ejercer presión sobre Rodolfo Daer para que convoque a una reunión del Consejo Directivo de la CGT con la aspiración de «tratar temas que tienen que ver con las urgencias de los trabajadores». Roberto «Tano» Monteverde, heredero de Lorenzo Miguel en la UOM, quedó a partir de ese plenario al frente de una comisión que integrarán los gremios del plástico, tabaco, garagistas y seguridad.

«Hace un año que no se convoca al Consejo Directivo» dijeron en la sede de los textiles los seguidores de Monteverde desde el interior de sus camperas negras. Hicieron notar, sin proponérselo, el grado de cooperación que el sindicalismo aportó a la gestión de Eduardo Duhalde y que ahora parece comenzar a resquebrajarse.

La primera señal poco amigable es que la comisión que encabezará Monteverde tiene el mandato de iniciar negociaciones con Hugo Moyano y Juan Manuel Palacios con el fin de unificar a la CGT oficial con la disidente, también llamada Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA). Moyano y Palacios, en cuyas manos está la capacidad de parar el transporte, están irritados con Kirchner por razones sectoriales: creen que habían hecho suficiente mérito delante del Presidente y su entorno durante el último tramo de la campaña electoral como para que los consultaran en la designación del Secretario de Transportes. Pero Kirchner no quiso tener ese gesto. El camionero lo hizo notar en el almuerzo al que lo invitó el mandatario gracias a los buenos oficios de Rubén Ledesma, el jefe del kirchnerismo de La Matanza.

Una de las preocupaciones principales del gremialismo se notó ayer en el plenario de los textiles, desde donde se produjo el primer desafío del sector al nuevo gobierno. En contra de lo que Ginés González García le había prometido a su jefe, estos gremialistas ratificaron a Domingo Petrecca y Reinaldo Hermoso como sus representantes en el directorio del PAMI, donde Kirchner se propone llevar adelante una reforma a través de Juan González Gaviola.

• Amenaza

La otra piedra en el zapato es la amenaza del Presidente de llevar adelante la desregulación del régimen de personería sindical, permitiendo que haya más de un sindicato por rama de actividad y, por esa vía, más de un convenio colectivo y más de una obra social. Sería una revolución respecto de la tradición inaugurada por Juan Perón en 1945.

Kirchner le prometió ese giro copernicano a su amigo Víctor De Gennaro, de la Central de Trabajadores Argentinos. Pero el propio Presidente tiene una limitación para llevar adelante esa propuesta: el Ministerio de Trabajo está hoy en manos de los «gordos» de la CGT oficial a través de Carlos Tomada, un abogado de la UOM, la Unión Ferroviaria, el sindicato del Seguro y otras organizaciones clásicas. Lo mismo que la otra técnica del área, Noemí Rial, el ministro Tomada estuvo siempre en contra del régimen de libertad sindical que pregona De Gennaro y que cuenta con la recomendación de la Organización Internacional del Trabajo. Precisamente Tomada está participando de la reunión anual de la OIT, junto con sus amigos y viejos empleadores, «los gordos», ajenos a los ruidos de conflicto que comenzaron a escucharse en Buenos Aires.

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