Relación Alfonsín-Lavagna pasa hoy por su peor hora

Política

Roberto Lavagna debería haber tomado conciencia más temprano de que su candidatura está asentada sobre los segmentos más recesivos de la política argentina, el duhaldismo y el alfonsinismo (sin ocultar que él mismo es un sobreviviente de una era geológica ya vencida: José Gelbard era ministro de Economía y él ya negociaba precios como hoy lo hace Guillermo Moreno). El problema estalló como debía suceder y hoy Lavagna, que ya tuvo inconvenientes con el club peronista que encabeza Ramón Puerta, atraviesa un momento amargo en su relación con el radicalismo.

Es curioso, la tensión nació con aquellos que lo fueron a buscar a su casa, como suele suceder en la política. El primer episodio desagradable tuvo lugar en San Fernando, es decir, en la zona norte del Gran Buenos Aires. A los pocos días, se reprodujo en una visita a San Isidro, cerca del anterior foco de incendio. En ambos casos, el conflicto se refería a Leopoldo Moreau, uno de los defensores de su candidatura. Lavagna consideró que Moreau tiene una pésima imagen como para acompañarlo por barrios donde el ex diputado es muy conocido, como la villa La Cava. Moreau montó en cólera al enterarse del veto del fundador de Ecolatina y llamó enardecido a sus oficinas. No consiguió que lo atendiera el candidato. Pero lo hizo su sombra, Alejandro «Topo» Rodríguez, quien le explicó que «Roberto considera que no es oportuna la presencia de algunos de ustedes». Respuesta: «Entonces decile a Roberto que los convencionales para que lo designen candidato se los consiga él». Corte.

El episodio de San Fernando fue similar. Salvo que aquí los interlocutores fueron el propio Lavagna y un cuñado de Federico Storani, Rodolfo Campero. «El Flaco»

Campero escuchó el mismo razonamiento de parte del viejo librero, sólo que ahora se incluía en el índex al propio Alfonsín. Caminaba por las paredes el ex presidente al enterarse de la noticia, que le corrigieron después por vía de un intermediario porteño, lavagnista.

Al parecer, no se trata sólo de precauciones estéticas del candidato. Lavagna se habría propuesto usar su poder circunstancial para alentar una renovación interna en la UCR. Se reúne sólo con Ernesto Sanz, Fernando Chironi y Gerardo Morales y hasta deja correr la versión de que le gustaría tener como vice a Margarita Stolbizer, quien se opone a su candidatura más por enfurecer a Alfonsín que por objetar al ex ministro.

  • Candidatos

    En la misma línea se mueve el presidente del partido, Morales, un experto en supervivencia. Hace pocos días, mencionó que para la gobernación bonaerense podrían alistarse Stolbizer, Daniel Katz o Jaime Linares. «¿Cómo nombrás a éstos, que están en contra mío, hasta Katz, que está con Kirchner? Tenés que nombrar a Moreau, Storani o Ricardo Alfonsín», gritó por el teléfono el líder de Chascomús, pensando que los errores de Morales se debían al extravío bonaerense de un jujeño.

    La interna radical podría devorar a Lavagna. Por eso, el ex ministro decidió cortar cualquier compromiso previo. Igual que cuando le dijo a Puerta que busque otro lugar para estacionar sus ambiciones electorales, expulsándolo hacia las filas de Mauricio Macri (de allí la desesperación de Puerta porque el presidente de Boca se decida por el destino municipal). En el caso de los radicales, Lavagna anunció que no cumpliría con los pactos sellados en diciembre, cuando acordó que el partido integraría la fórmula con un vice. «Lo lamento, pero ahora debo decir que lo pondré yo; a ver si me traen cualquier cosa», repite el fundador de Ecolatina en estos días, sin mencionar el apellido Storani como ejemplo. «De todos modos, el vice será un radical», promete, tranquilizador.

    Malas experiencias de un peronista en arenas desconocidas, que ya le hicieron pasar algunos papelones. Como aquel que le infligió el ex jefe de la UCR Roberto Iglesias, quien tardó 34 días en concederle una entrevista, lo hizo de urgencia antes de un viaje y, ya con Lavagna en Francia, anunció que tenía severos reparos con su candidatura. Por suerte, el ex ministro no es egocéntrico y suele asimilar estas desconsideraciones como gajes del oficio, ajeno a todo rencor.
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