Repentino fervor en el gobierno por Evita
El teorema oficial dice que el acercamiento a los símbolos del peronismo está en relación directa con la necesidad electoral de sus candidatos. Lo ilustra la manía evitista que ganó al matrimonio Kirchner ayer, en otro aniversario de la muerte de la esposa de Juan Perón. En un reportaje y en el acto de Berazategui, Cristina de Kirchner sobreactuó tras más de cuatro años el amor a Evita. Aunque le costase el abrazo con el intendente Juan José Mussi, a quien antes calificase de miembro de la «banda del padrino», quizá por su cercanía a Eduardo Duhalde o a la expertise de ese alcalde en el arte de curar.
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Cristina
Fernández
de Kirchner
ayer en un
acto en
Berazategui
donde la
candidata
oficialista y
su esposo
exageraron
hasta las
lágrimas un
homenaje a
Eva Perón, a
55 años de
su muerte.
Abajo, alineados, viejos enemigos y cófrades del kirchnerismo, compartían tumulto: Manuel Quindimil, José Pampuro, Alicia Kirchner, Graciela Giannettasio, Oscar Parrili, Emilio Pérsico, Alberto Descalzo, Juan Amondarain, José María Díaz Bancalari y, entre otros, Mario Oporto.
Todos, aun guerreando entre ellos, pueblan el peronismo surtido e híbrido. También, desde trincheras enfrentadas, se escudan bajo el mismo paraguas del pankirchnerismo. Es más: en octubre, muchos de ellos integrarán boletas diferentes aunque colgadas, ambas, de Cristina.
Con Evita como eje único de su discurso -poblado de polisílabos, típico de la senadora que se considera una especialista en la materia-la candidata recorrió tres Evitas diferentes. Antes, repasó el video con música Nac&Pop.
Por un lado, la Evita de los libros, «una Evita hada», que descubrió en la «casa de mi abuelo, un obrero peronista»; por otro, la Eva crispada que remixó en su juventud militante; por último, la Eva que es más que «los discursos y la liturgia», es «obra de gobierno».
«Evita se reconoce no en la repetición de su nombre, la liturgia y el discurso vacío de contenido, sino en la obra de gobierno, honrarla y hacer memoria», pegó. A más de uno de los presentes le debe haber dolido la referencia.
Entretenida, la candidata rematóla operación de extirpar a la «abanderada de los humildes» como propiedad exclusiva del peronismo: «Eva de la victoria, de una vez y para siempre nos va a acompañar a la victoria final, pero no es de un partido sino de los argentinos».
Fue, además, el pie para desparramar elogios sobre la gestión de su esposo que calificó de «gesta». «Convoco a todos, desde sus historias, sus proyectos, sus ideas, para que se incorporen a este proyecto, que es el proyecto de la dirección de la patria», aseguró.
Unos minutos después, con lágrimas en los ojos, la candidata saludó a las 3.000 -parecían menos- personas que, según la organización, participaron del acto. Entre los ruidos de la retirada, Kirchner repitió que siente una «profunda admiración por Cristina».




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