Rafael Bielsa no quiere dejar el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Rafael Bielsa defendió ayer su permanencia en la Cancillería en su doble rol de ministro y candidato a diputado nacional por la Capital en nombre del oficialismo. «Es un error decir que esta candidatura y el desempeño de la Cancillería vulnera la República porque la República consiste en la división de poderes, y la candidatura no incursiona en ningún otro poder que no sea el Ejecutivo», discurrió Bielsa desde Nueva York, adonde participó de una sesión del Comité de Descolonización de la ONU.
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Garantizó, sin embargo, que si él se da cuenta de que no puede «abarcar las dos cosas» será «el primero» en decírselo al Presidente, y en esa línea aseguró que, de igual forma, si el periodismo llegara a señalar que él no cumple «adecuadamente» con sus funciones, también será «el primero en reconocerlo». Singular percepción ésta de las atribuciones de un funcionario: hará lo que le parezca a él, más allá de lo que digan las leyes al respecto. Insistió con que cualquiera que «haga mal las cosas, si es un mal funcionario, se tiene que ir a su casa, aunque no sea candidato».
Alberto Fernández, por su lado, salió a defenderlo y dijo que Bielsa dejará la silla de ministro recién cuando asuma la banca de diputado nacional. El jefe de Gabinete, quien lanzó a Bielsa como postulante en un acto el sábado pasado, negó que existan motivos para que el funcionario deje el cargo ahora mismo. «El hecho de que sus contrincantes estén sin trabajo no quiere decir que él deba estarlo», bromeó. No indicó a quien se refería porque Elisa Carrió administra una fundación que hace cursos y seminarios, Mauricio Macri es empresario y presidente de un club de fútbol, Ricardo López Murphy es consultor económico y profesor y, entre otros postulantes, Vilma Ripoll está en el Hospital Italiano. La campaña -argumentó Fernández- «es una actividad de dos meses y no más que eso».
Bielsa también rechazó las presunciones de sus críticos que sugirieron la posibilidad de que utilice fondos públicos para la campaña y, en este sentido, reveló que en todos sus años de trayectoria «nunca» se llevó «ni un clip» a su casa. Además, aclaró que la Cancillería «no tiene gastos reservados» y sostuvo que, por ende, «es un error» la apreciación. Advirtió que el debate surgido en torno a si debe renunciar a su cargo constituye «un escarceo previo» a los comicios, dado que aún «faltan tres meses» para que empiece la campaña (según la ley debe comenzar 60 días antes de las elecciones). Aníbal Fernández fue el primer colega del gabinete de Bielsa que mencionó la posibilidad de la renuncia del canciller-candidato. El titular de Interior dejó entrever que, por el momento, el canciller debería continuar en la cartera al señalar que «en las democracias del mundo no se mira eso en tanto y en cuanto no sea utilizada la campaña para beneficios personales», algo que dijo no creer que ocurra con Bielsa. «Con respecto al comentario de Aníbal, no tengo nada que decir; respecto de las razones por las cuales permanezco traté de profundizar un poco en el análisis», se excusó Bielsa.
Aclaró de paso que su pronóstico sobre que Roberto Lavagna «sería un canciller excepcional» constituyó simplemente «una respuesta a una pregunta» periodística. «Me habían preguntado qué me parecía a mí Lavagna como canciller, y realmente me parece que si fuese canciller, sería uno excepcional como es un excepcional ministro de Economía. No siento más que respeto y admiración por Roberto y lo considero un activo estatal más que una disponibilidad gubernamental», remarcó.
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